Opinión

Anhelo seco

Una de las postales que muestran la desidia sanitaria en el Chaco, y la que más recuerdo, es la de Cristino Miranda sentado bajo un árbol a orillas del río Paraguay con las manos juntas y con un rostro que solo mostraba desolación.

Irma Oviedo Por Irma Oviedo

A solo pasos de él yacía el cajón con el cuerpo de su madre María Juana Roy de Miranda, quien falleció por neumonía, en plena pandemia de febrero del 2021. La triste escena fue captada por los chaqueños, cuya fotografía se viralizó en redes.

Días antes, los indígenas del pueblo ishir emprendieron una odisea por tierra y agua desde Bahía Negra, Alto Paraguay, pasando por Fuerte Olimpo hasta Concepción en busca de un hospital especializado para su madre. La historia se cuenta sola. El retorno con el ataúd fue uno de los viajes más largos que tuvo que emprender Cristino en su vida. Es imposible no indignarse ante este hecho, que acontece frecuentemente en el Chaco, una de las zonas más olvidadas por las autoridades nacionales.

Otra de las caras de la desigualdad ocurrió a principios de junio de este año, cuando una adolescente indígena de solo 17 años, con un embarazo de 34 semanas, sufrió una pérdida. Ella tuvo que ser evacuada en avión desde Fuerte Olimpo hasta Asunción en busca de un centro especializado para su caso. Con el feto muerto en su vientre durante varias horas hizo el viaje desde el Chaco hasta el Hospital San Pablo, en la capital del país.

Las tribulaciones de los chaqueños para acceder a la salud representan una odisea constante. A veces, se paga con la vida; a veces, cuesta 20 millones de guaraníes, como el caso reciente de dos familias que tuvieron que alquilar por ese monto un avión para trasladar a dos niños, de uno y cinco años, accidentados en Fuerte Olimpo.

El accidente de tránsito ocurrió la semana pasada, a las 16:30, en el camino entre Toro Pampa y Fuerte Olimpo. Este hecho volvió a demostrar las falencias del sistema de salud en la capital departamental de Fuerte Olimpo. Una historia que se repite, con demasiada frecuencia.

Los niños, en grave estado, tuvieron que ser trasladados hasta un hospital de alta complejidad en Asunción, debido a que en Fuerte Olimpo no contaban con las herramientas para dar atención a los pacientes pediátricos. Debido a que el avión militar tenía disponibilidad de vuelo recién para el día siguiente, en su desesperación, ambas familias lograron hacer una vaquita para juntar la mitad del monto, el otro 50% lo financió una autoridad local.

La odisea no terminó ahí. Al arribar el avión hasta Fuerte Olimpo, una de las llantas explotó, por lo que urgentemente, a altas horas de la noche, tuvieron que buscar un gomero por la zona. Encontraron a uno que hizo la reparación y sin ningún costo. Tras horas de desesperación, ambas familias lograron llegar hasta el Hospital de Trauma en Asunción. Pero ¿a qué costo?

Estas historias —que son solo algunas de las que ocurren diariamente en el Chaco paraguayo— demuestran la desigualdad en el acceso a una salud integral. Demuestran que solo la solidaridad y las vaquitas salvan vidas en este territorio olvidado por las autoridades nacionales.

Es inaceptable que el Chaco continúe sin contar con un hospital de alta complejidad, en donde se pueda dar atención a los casos sin necesidad de migrar hasta la capital. Es inadmisible que los chaqueños tengan que vivir una odisea y viajar horas por tierra, agua y aire para llegar hasta Asunción, y acceder a una atención médica. Es inaceptable que los chaqueños sigan recibiendo solo migajas en hospitales públicos y deban mendigar por salud.

¿Cuánto cuesta salvar vidas? ¿Qué costo requiere la construcción y equipamiento de un hospital de alta complejidad en el Chaco? ¿Cuál es el presupuesto que se requiere para contratar personal de salud especializado? Estas preguntas rondan desde hace años en suelo chaqueño y solo las autoridades tienen las respuestas a este anhelo seco.

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