Hay historias que no buscan dar respuestas, sino incomodar lo suficiente como para abrir preguntas.
La película Narciso se inscribe en el territorio de las narrativas que interpelan al espectador desde un lugar íntimo, casi silencioso, donde lo que se ve importa tanto como aquello que se sugiere.
Dos días antes del estreno para todo público del filme Narciso, tuvo lugar un visionado para la prensa e invitados especiales, seguido de una ronda de entrevistas con parte del equipo, ocasión en la que quedó en evidencia que no se trata solo de una propuesta estética, sino de una construcción que dialoga con la identidad, la percepción del yo y las tensiones entre lo interno y lo expuesto.
El elenco coincidió en que Marcelo Martinessi refuerza en este segundo largometraje la línea autoral trazada en sus obras previas, permitiendo que los actores exploren sus propias emociones para dar profundidad a los personajes.
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En diálogo con figuras como Margarita Irún, Diro Romero, Natalia Cálcena, Manuel Cuenca y Belén Vierci, emergió un elemento común: la experiencia de habitar personajes con libertad a la hora de la creación personal, a partir de una consigna general del director.
Margarita Irún (Goya) recordó el desafío emocional. Confesó que “fue el papel más difícil de su carrera”, en el que utilizó técnicas de disociación para que la emoción no desborde, especialmente en la escena de la “lectura de la lista de 108 personas de dudosa conducta”, ya que vivió esa época y conocía a personas reales de esa lista.
Contó que salió de su zona de confort: “Salí totalmente de mi lugar cómodo”, y señaló que Marcelo Martinesi la sostuvo incluso físicamente, “por momentos me daba un apretón en el brazo para darme fuerzas durante las repeticiones”.
Apuntó que logró identificarse con el sufrimiento de su pueblo y con las mujeres paraguayas que, hasta hoy, siguen viviendo situaciones de opresión.
Al turno de conversar con el actor Diro Romero, quien debutó con esta cinta en pantalla grande dando vida a Narciso Arévalos, destacó el espíritu libre de su personaje.
A diferencia de los otros roles que cargan con la “pesadez” de la atmósfera, buscó que Narciso se centre en la libertad y el disfrute, sin mimetizarse con la opresión del entorno.
Identificó como su mayor reto situarse en 1959, una época sin referencias cercanas para él. Trabajó especialmente el lenguaje corporal y el ritmo del habla, más pausado que el actual.
También destacó los juegos de miradas y la seducción constante –mencionando la metáfora del micrófono como símbolo fálico– para construir la tensión en escena.
Natalia Cálcena, quien interpreta a Elvira, la esposa de Lulú (Manuel Cuenca), señaló que su personaje se siente como una “sombra”.
Su principal desafío en la cinta es existir desde ese lugar: una presencia contenida detrás de su marido. Se describió como una persona muy histriónica en la vida real, por lo que su reto técnico consistió en “no mostrar, encorsetarse y dejar que todo pase por dentro”.
La emoción de su personaje se condensa en la frase que menciona en el tráiler de la cinta, cuando le pregunta a Narciso: “Qué se siente que todo el mundo te quiera”, reflejando la soledad y el sentimiento de no ser querida.
El actor Manuel Cuenca, que encarna a Lulú, director de la radio, señaló que se sintió cómodo en ese universo por su trayectoria en medios, recordando su paso por el radioteatro desde los 16 años.
Comentó que el cine “te ve el alma” y potencia los gestos sutiles. Recordó que se sorprendió al descubrir en pantalla la intensidad de su mirada hacia Narciso en la escena inicial, algo de lo que no era plenamente consciente durante el rodaje.
Identificó como una de las escenas más difíciles la que comparte con Aníbal Ortiz (Tito). A pesar de la cercanía y el respeto entre ambos, aparece “una vergüenza real e incomodidad” que el director (Martinessi) aprovecha para potenciar el realismo de los personajes.
Visión colectiva y conexión con la actualidad
Más allá de las experiencias individuales, hay una percepción compartida que atraviesa al elenco.
Coinciden en que el tono de la película se construye a partir de un “contagio” de energía, ensayos grupales y el visionado de referentes cinematográficos de los años 50, como películas de Fassbinder o de los hermanos Coen.
“Durante la fase de preparación, complementamos las charlas y el material fotográfico con un análisis cinematográfico profundo. Esa inmersión fue fundamental para captar el tono y el estilo visual”, recordó Manuel Cuenca.
Al reflexionar sobre la sociedad paraguaya actual, el elenco comparte una lectura común: aunque hay una aparente libertad, el país sigue “aprisionado”.
Sostienen que aún falta libertad para expresarse, vestirse o hablar sin miedo al juicio o a la represión, concluyendo que “no somos libres todavía”.
Producción y actuación
Al conversar con Belén Vierci, quien asumió roles de actriz y productora en la película, señala a ÚH: “Mi decisión de involucrarme en esta película, tanto como actriz como en la producción, nació de la confianza plena”.
“Conozco a Sebastián Peña de toda la vida y a Marcelo Martinessi hace unos cuatro años. Confío ciegamente en su trabajo; tiene una forma poética y metafórica de contar historias donde nada es explícito, sino que va mostrando indicios para que el espectador entienda. Al leer el libro de Guido Rodríguez Alcalá, me cautivó ese misterio constante de ‘¿qué pasa después?’. Con el antecedente de Las herederas, sabía que estaba con los mejores”.
Como es su primera película, reconoció una presión doble: “Quería estar al nivel artístico de mis compañeros”.
Destacó la experiencia de trabajar con la “Troupe de Drácula” y con Arturo Fleitas, así como el acompañamiento de Alberto Sánchez Pastor, heredero del radioteatro en Paraguay, y de la familia Bochín.
Al terminar de conversar con los actores, se siente algo tajante: Narciso no se limita a reconstruir una época, la expone como un espejo incómodo que invita a la reflexión y descubre que en el presente algunas situaciones continúan vigentes.
Además, se percibe que lo que deja no es una historia cerrada, sino una pregunta que persiste: cuánto de esa falta de libertad sigue habitando, todavía, en lo cotidiano.