Imagen viva del buen pastor que fue llamado “Ángel de la paz, apóstol misionero, lucero del Paraguay, reconstructor moral de la nación”, señala el material difundido, que resalta los hitos más destacados en misión.
Rememora que el prelado anduvo 48.425 kilómetros en sus giras pastorales, bendijo 10.928 matrimonios, impartió 553.067 confirmaciones, pronunció 4.055 conferencias doctrinales y escribió 66 cartas pastorales, cifras que reflejan la magnitud de su entrega apostólica.
En tiempos de crisis política y social, condenó “la violencia, el sectarismo y la intolerancia” en años de profundas divisiones nacionales. Durante la Guerra del Chaco fue “el paño de lágrimas de tantas madres paraguayas”, respondiendo personalmente a quienes pedían noticias y protección para los prisioneros. Sus últimas exhortaciones tras la Guerra Civil de 1947, fueron en favor de “la paz, del desarme espiritual, de la honestidad, de trabajo honrado y del amor fraternal”.
Como defensor de la familia, “se opuso victoriosamente a un proyecto de ley sobre el divorcio, al que calificaba como desgracia de la sociedad, de la mujer y de los hijos”.
En sus visitas pastorales legalizó millares de uniones de hecho y exhortó a fortalecer el hogar cristiano ante iniciativas que consideraba atentatorias contra la institución familiar.
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Asimismo impulsó la formación del clero y promovió las vocaciones eclesiásticas, consolidando el Seminario Conciliar mediante la obra Pro Seminario y la posterior construcción del edificio que hoy se conoce como Ex Seminario Metropolitano. También fomentó asociaciones laicales como la Liga de Damas Católicas, la Juventud Católica y la Acción Católica del Paraguay.
Su legado institucional alcanzó un hito en 1928, cuando se creó la Provincia Eclesiástica del Paraguay y la sede de Asunción fue elevada a Arzobispado. El 15 de agosto de 1930 recibió el palio arzobispal, consolidando la independencia jerárquica de la Iglesia paraguaya.
En el ámbito cultural, se destaca que cultivó un profundo amor por la historia nacional, formando un museo con piezas de alto valor patrimonial. “Dios y patria” sintetizaban su espiritualidad y su compromiso con la memoria histórica del país.
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Juan Sinforiano Bogarín González nació el 21 de agosto de 1863, en el paraje de Ñanduruguá, cercano a la capilla de Mbuyapey.
“Apenas tenía tres años cuando perdió a su padre” y quedó huérfano también de madre en plena guerra, viviendo una infancia marcada por la adversidad.
En 1880 ingresó al Seminario recién creado, “a la edad de 17 años, a modo de alumno becado”. Fue ordenado sacerdote el 24 de febrero de 1886 en la Catedral de Asunción. El 21 de setiembre de 1894, el papa León XIII, lo eligió al cura de la catedral, presbítero Juan Sinforiano Bogarín, obispo diocesano de Asunción.
El obispo recibía la solemne consagración canónica, el día de la festividad del Santo Patrono de la República, San Blas, el 3 de febrero de 1895. Tenía entonces 31 años de edad y era el más joven de los obispos americanos.
Falleció el viernes 25 de febrero de 1949, a las 14:15. “La figura serena y armoniosa de monseñor Juan Sinforiano Bogarín aún entrega una peculiar brisa a la memoria histórica de toda la nación Paraguaya”, concluye el material nutrido con imágenes que forman parte del acervo del Archivo Arquidiocesano de Asunción.