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Arte y Espectáculos
lunes 26 de septiembre de 2016, 14:37

Tras ganar el Festival de Venecia, Martinessi prepara su "Diario Guaraní"

ENTREVISTA. "Diario Guaraní" se llama el nuevo proyecto cinematográfico de Marcelo Martinessi, luego de que "La voz perdida" ganara el premio de mejor cortometraje en el Festival de Venecia, Italia. Recrea la experiencia del gran antropólogo Bartomeu Melià, cuando en 1969 fue a vivir con los indígenas Mbya Guaraní. De eso y otros temas habla en una entrevista desde Europa.

Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Tras regresar al Paraguay, luego de haber estudiado en Francia, en 1969, el antropólogo jesuita Bartomeú Melià tomó la decisión de irse al monte a vivir con una comunidad indígena Mbya Guaraní, que en ese momento aún permanecía distante del mundo de los blancos. Sus anotaciones personales, de entre 1969 y 1976, componen la historia que el cineasta compatriota Marcelo Martinessi rescata para componer su nueva película, Diario Guaraní, en la que actualmente está trabajando en fase de montaje, luego de haber ganado el premio al mejor cortometraje en el Festival de Venecia con su obra La voz perdida, sobre la masacre de Curuguaty.

Fundador y primer director de la Tevé Pública durante el gobierno de Fernando Lugo, realizador de premiados cortos como Karai Norte y Calle Última, Martinessi accede a una entrevista a la distancia, mientras sigue su gira por Europa, investigando en la Filmoteca de Madrid en busca de materiales de archivo sobre el Paraguay de los años 60 y 70.

"No creo que vuelva a Paraguay antes de noviembre. Pensamos que el estreno del corto (La voz perdida) será en diciembre en Asunción, alrededor del Día de los Derechos Humanos", comenta. Y anticipa que en 2017 empezará a producir su primera gran película en largometraje, que por ahora se llama Las Herederas, una historia de mujeres.

-¿Qué implica para el cine paraguayo y para tu carrera como realizador que La voz perdida haya sido premiada como mejor cortometraje en el Festival de Venecia?

-El proceso de narrar una historia en cine, como la mayoría de los procesos creativos, está lleno de incertidumbres. Y en este caso específico, donde hay tanto dolor y tanta muerte, tuve varias veces la sensación de estar caminando por un pasillo oscuro, donde de repente surgían algunos destellos de luz.

Entonces, finalmente, estar allí ante cientos de personas de todos lados, que se sienten emocionadas o conmovidas con el modo en que La voz perdida narra lo que nos pasó, me ha generado una sensación muy fuerte. Y me parece que es la mirada de los demás la que puede, a historias como esta, devolverle la luz. Todavía estoy impresionado con eso. Y creo que para mí, más allá del premio, que es un estímulo bien importante, hacer este tipo de procesos me ayuda mucho como ser humano para entender el cine y su fuerza.

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-¿Cuál fue tu principal motivación, al elegir contar una historia ambientada en los sucesos de la Masacre de Curuguaty?

-Al haber sido parte del equipo de Tv Pública en ese entonces, traté de seguir de cerca los discursos mediáticos... la forma en que estaba siendo narrada la masacre de Curuguaty. Recuerdo el desconcierto y el esfuerzo por distinguir entre lo sincero, lo fantasioso y lo deshonesto. Pero cuando de forma inmediata se impuso una agenda política, el debate pasó a otro lugar, sin darnos oportunidad de reflexionar.

Apenas pude, ya en el 2013, quise ir a Curuguaty a estar con la gente y a escucharla. Al decir "estar", me refiero a generar vínculos, a hacer un proceso sincero de acercamiento. Entiendo guaraní, pero no hablo, entonces le pedimos a Perla Álvarez que nos acompañara.

Ella estaba trabajando con familiares de las víctimas y su colaboración ha sido fundamental para que las mujeres con quienes estuvimos se sientan cómodas, para que se permitieran profundizar en lo que les estaba pasando. Por eso no usamos cámara, solo les pedimos permiso para colocarles un micrófono. Y les dejamos hablar con Perla durante todo el tiempo que necesitaran. Cada entrevista es de una o dos horas y a veces más, con sus prolongados silencios, que hablan tanto como las palabras.

Fue en ese proceso y en una de las entrevistas en particular, que nos dimos cuenta de que estábamos ante una experiencia humana sencilla pero enorme. A diferencia de los trabajos que surgen a partir de una idea o de una imagen, esta ha sido una historia que nació "sonora", con la fuerza de un grito, pero a media voz.

-Como cineasta que acompañó el proceso, ¿qué sentiste tras la condena judicial a los campesinos de Marina Kue?

-Sentí lo mismo que habrás sentido vos: rabia, impotencia. Me tocó estar al lado de Ña Élida, la mamá de los Castro, justo en el momento que se leía la condena a sus hijos. Se podía ver en su rostro y en sus lágrimas, como si fuese una película repetida, toda la larga historia de injusticia y desigualdades de Paraguay. Mucho dolor, demasiado.

-Mientras la realidad política paraguaya parece sumergirse cada vez más en una profunda crisis, el arte audiovisual emerge y se fortalece con propuestas que cosechan premios a nivel internacional, ¿Qué nos dice esta situación?

-No solo la realidad política, también la realidad económica, ecológica, social, educativa, sanitaria... Todo está sumergido en esa crisis. Entonces, el cine se convierte en un instrumento valioso, muy necesario. Y aquí no hablaría solo de un cine de denuncia social, que hoy puede parecer incluso demodé. Me refiero a un cine diverso, que aparte de hacernos reír o llorar o tener miedo, pueda estar cercano a la experiencia humana, un cine que sea capaz de hacernos pensar. Cada premio internacional es, al final de cuentas, la decisión de un jurado que aprecia o ve algo especial en el trabajo que uno presenta. Sin embargo, el desafío de construir una cinematografía honesta y propia es mucho más profundo que eso, y en una situación de crisis como la nuestra, es urgente.

-¿Cuándo vamos a poder ver La voz perdida en Paraguay?

-Es un material de 11 minutos, entonces tenemos que buscar la mejor forma de estrenarlo y distribuirlo teniendo eso en mente. Personalmente, me gustaría que se estrene en la carpa de resistencia, con los familiares de las víctimas de Marina Kue. Pienso que verse y escucharse en la pantalla puede ser un pequeño empujón para ellos, porque aún hay bastante lucha por delante.

Y después de eso iremos viendo modos de llegar a más gente. Ya tenemos invitación a una veintena de festivales internacionales, aun así el desafío más grande va a ser Paraguay.

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-Contanos en qué estás trabajando tras haber concluido este cortometraje.

-En este momento estoy sumergido en la cabeza del joven Bartomeu Melià, treintañero, que a su regreso de estudiar en Francia (1969) se fue a la selva, a vivir con los mbya. Esto va a llamarse Diario Guaraní, porque está basado en sus anotaciones personales entre 1969 y 1976. Y estamos tratando de construir -ahora ya en el montaje- una narración documental que pueda ser, como Melià mismo lo dice, "memoria de futuro".

Y para inicios del 2017 estamos preparando -junto con Sebastián Peña y Karen Fraenkel- el primer largometraje que voy a dirigir. De momento se llama Las Herederas y es una historia de mujeres, muchas mujeres.