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Opinión
lunes 20 de agosto de 2007, 00:00

Rendición de cuentas de viáticos

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Por Rodrigo Campos Cervera
Ingenuo y frustrado ex legislador
Un ingenuo legislador creyó que la transición habilitaría raudamente el cambio de la mentalidad corrupta de la época anterior, y quiso mostrar con cierto ejemplo lo que se conoce en la ciencia política como “Conducta Seguimiento”, que denota el modelo de comportamiento que para bien pudiera seguirse.
Con ese propósito, imbuido de principios republicanos y convicciones ancestrales, devolvió al pueblo, su legítimo propietario, G. 43.074.041, que representaba el 67% del monto total de los viáticos recibidos, G. 68.179.520, con motivo de los 13 viajes realizados por cuenta del Senado, en cumplimiento de sus funciones como vicepresidente en el Parlamento Latinoamericano. El legislador protagonista, en esas oportunidades, se hospedó siempre en los mismos hoteles de primera categoría, en los que se alojaban el presidente del Parlatino y los vicepresidentes de los países miembros de la institución, porque así exigía la dignidad del país al que uno representaba, en función al cargo que ejercía de mayor jerarquía y responsabilidad en representación del Paraguay.
Desde el inicio de sus misiones al exterior, por cuenta del Senado en el año de 1996, hizo rendición de cuentas con los documentos originales y la devolución del dinero sobrante. En 1998, después de demostrar que la cantidad establecida como viático podía devolverse en su mayor parte, presentó un proyecto de ley tratando de convertir el “deber moral” en “obligación jurídica”, intención que no tuvo apoyo sino réplicas, donde peyorativamente se calificaba a su autor con apelativos de “estúpido”, “de rico que no necesitaba”, aclarando en este caso el aludido, que su riqueza venía antes que propiamente de bienes crematísticos, de valores éticos recibidos de herencia de sus ancestros.
En el tercer intento el Senado aprueba el proyecto de ley, gracias, justo es reconocerlo, a la constante y sostenida acción de todos los medios de comunicación social, que a través de la prensa, la radio y la televisión destacaban la necesidad de emplear el ahorro que podría proporcionar en esa época la devolución de los viáticos, valuada en más dos decenas de millones de dólares podrían cubrir las más perentorias necesidades de los hospitales públicos, carentes de los elementos más indispensables para la atención de los indigentes.
La Cámara de Diputados rechazó el proyecto de ley y, en la segunda vuelta, volvió hacerlo y para ello se postergó su tratamiento en cuatro oportunidades hasta conseguir los 53 votos de mayoría absoluta que exigía la Constitución paraguaya, para lo cual fue menester convencer a “9 patriotas” del PLRA del “despropósito y agraviante” proyecto de ley de rendición de cuentas, con esa “valiosa” ayuda se rechazó definitivamente el proyecto.
Vale la pena señalar que en Senado, en las dos ocasiones en las que se rechazó el proyecto, los argumentos fueron falaces, tales como que la documentación no podía ser aceptada por el Ministerio de Hacienda, sin admitir a sabiendas que cada una de las rendiciones de cuentas hechas desde 1996, a quien a la sazón ejercía la Presidencia del Senado, ingresaba al Ministerio de Hacienda, que emitía un documento donde constaba el concepto de la suma ingresada, su monto y el nombre de quien lo realizaba, tal como consta en el archivo del “agraviante” senador que lo hacía. También se argumentó que no podía exigirse comprobantes por los gastos mínimos de taxis, cafés, propinas, etcétera, olvidando, interesadamente, que el artículo 1 del proyecto de ley que regulaba el otorgamiento de viáticos exoneraba, hasta el 10% la obligación de presentar comprobantes justificativos de gastos. Varios años más tarde se presenta otro proyecto de ley de rendición de cuentas de viáticos, en el cual se eleva al 30% dicha exoneración, lo que constituye de por sí, como se ha demostrado reiterada y acabadamente una exageración a favor del bolsillo de los que recibían y en desmedro del destino social justo, legal y honesto.
El proyecto de ley, sancionado hace unos días por mayoría en ambas Cámaras, muestra el cinismo y la falacia en que incurren con los argumentos empleados, por los oponentes, que favorecen los intereses personales en desmedro y perjuicio de los generales del pueblo y se aduce que “cómo se va exigir a los Parlamentarios, al Ejecutivo y a los miembros de la Corte Suprema rendición de cuentas de sus gastos de viáticos”, como si en una república democrática subsistieran los hidalgos de privilegios” o “privilegios graciosos” naturales de ciertas monarquías o propios de dictaduras prebendarias, como se dio con la abominable y perversa Ley Nº 1.003/64, que establecía la exoneración de todo tributo para la importación de vehículos a varios estamentos de privilegiados de la época anterior superada. Parte de esta oprobiosa ley fue reeditada, curiosamente por el mismo legislador autor del proyecto de derogación de la ley de rendición de cuentas de viáticos, quien pretendió en diciembre del año 2003 la exoneración a parlamentarios y gobernadores el pago de todo tributos de importación de vehículos hasta 50 mil dólares por cada periodo legislativo, proyecto que afortunadamente fue rechazado.
Si estas muestras de inconducta, por no calificarlas de una forma más severa, no son enjuiciadas y repudiadas severamente, poco podrá esperarse de las atractivas promesas de cambios o de mejoramientos que se anuncian a los cuatros vientos, por tirios y troyanos en la lucha por el poder.
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