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Política
domingo 2 de octubre de 2016, 01:00

Los glotones habitantes del planeta Bonificación

La Cámara de Diputados volvió a dar muestra de su escasa visión política, su irresponsabilidad absoluta y su total desconexión de la realidad al aprobar un tercer aguinaldo a sus funcionarios, desatando una ola de indignación ciudadana. Los funcionarios, que festejaron groseramente el beneficio, tuvieron una victoria pírrica porque ante la furia ciudadana, el Senado promete rechazar el proyecto.
Por Estela Ruíz Díaz

El presidente Horacio Cartes leyó el escenario y aprovechó la jugada de gol para posicionarse una vez más a costa del Poder Legislativo. Emitió un decreto suspendiendo el “pago de gratificaciones anuales o premios al personal en los organismos y entidades del Estado”. La rápida reacción presidencial fue totalmente política (y no por ello desacertada). Lo confirmó el mismo ministro de Hacienda, Santiago Peña: “En los últimos días el tema de las bonificaciones, premios o mal llamado tercer aguinaldo trajo una reacción ciudadana que hemos escuchado y se ha plasmado a través del decreto del Poder Ejecutivo”. Luego Cartes emitió un mensaje y anunció que el monto ahorrado con los recortes destinará al área social y embretó a los poderes Legislativo y Judicial a tomar el mismo camino. Por de pronto, el Senado ya replicó la tijera.

El tema, aparte de ratificar la pésima imagen de los diputados, que han venido moldeando su perfil gracias a desaciertos y sospechas de corrupción, puso nuevamente en el tapete el uso y abuso del dinero público que hacen los administradores de todos los organismos del Estado.

AGENDA POLÍTICA. Mucho se ha debatido sobre la decisión de los diputados y la incoherencia del bloque cartista que votó a favor del tercer aguinaldo, desde el presidente de la cámara, Hugo Velázquez, hasta el presidente de la ANR, Pedro Alliana. La versión que corre es que los diputados se prestaron a una genial estrategia aprobando un tema impopular para que Cartes salga con su capa de héroe a salvar al pueblo de los “monstruosos políticos”.

Las redes son el escenario perfecto para las febriles teorías conspiraticias. Siguiendo esta línea, y teniendo en cuenta que 69 diputados votaron (la ANR en su totalidad), hay que incluir en el rebaño al bloque izquierdista del PMAS (Rocío Casco y Aldo Vera) y al bloque liberal anticartista como Víctor Ríos, Pakova Ledesma, Enrique Buzarquis y otros. Vale destacar que solo dos diputados tuvieron el coraje de hacer frente a la presión de los funcionarios: Hugo Rubin (PEN) y Ramón Duarte (Frente Guasu). El resto se prestó supuestamente para la reelección presidencial. Un absurdo teniendo en cuenta que con esta decisión, Cartes acaba de perder la base histórica de la ANR como el funcionariado público.

El Congreso es un superpoder con agenda propia. Y esta es una de ellas. Tiene su propia clientela que saciar.

LA VERDAD DEL PRESUPUESTO. La suspensión de la bonificación desató una guerra entre los ministros y funcionarios. Si uno hiciera la lista de los beneficios/privilegios de esta casta, los funcionarios de Diputados quedarán cortos. Los salarios y beneficios en el BCP, Hacienda, etc. solo pueden justificarse si el Estado nada en oro puro. Por ello cayó como un chiste la advertencia del ministro Peña cuando dijo que sin estos pagos extras habría fuga masiva en Hacienda al sector privado. El ministro puede quedar tranquilo. Habrá una pequeña lista de tentados, pero el burócrata jamás dejará el Estado donde goza de privilegios que nunca encontrará en una empresa privada. Viven en una burbuja irreal y soberbia, mientras el país real debate si se aumenta el degradado salario mínimo o más del millón y medio de pobres no alcanzan a cubrir el costo de la canasta básica mensual y 700.000 pobres extremos, despojos humanos, apenas sobreviven con G. 10.000 al día. Que cada noche duermen con hambre.

LO QUE VIENE. Este escándalo debe aprovecharse para dar fin al festival de gratificaciones, que debió terminarse cuando se instauró la matriz salarial. Y para ello hay que sacarse las máscaras. El Poder Ejecutivo envió el Presupuesto General de la Nación 2017 donde aumenta 154% las bonificaciones. O sea de G. 5.343.125.012 de este año eleva a G. 13.591.450.910. Tras el oportuno decreto, Peña admitió la “equivocación” y pidió al Congreso que elimine el rubro. Hay un proyecto de ley que pretende lo mismo. Hay que dar el hachazo.

La madre de todas las batallas es el estudio de la ley de presupuesto. Hace falta sincerar y sanear las cuentas públicas, un paso que beneficiará a los verdaderos funcionarios públicos y no a ese ejército de zánganos que posan en la foto insultando con sus groseros privilegios.