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domingo 9 de julio de 2017, 01:00

La decisión de Mario y la balcanización opositora

Estela Ruiz Díaz
Por Estela Ruíz Díaz

A diferencia del Partido Colorado, donde el panorama está claro con la puja oficialismo versus disidencia, en la oposición el panorama cada vez se complica más con la balcanización de la izquierda y una división liberal muy profunda, que aleja las posibilidades de una alianza electoral complicando sus chances para el 2018.

La ANR vive su rutina electoral, con los espasmos naturales de un proceso electoral intenso. Hay un delfín oficialista (convengamos que Santiago Peña es un candidato exótico), un candidato disidente, Mario Abdo Benítez, y un tercero, (Juan Afara), sin consolidación plena aún. Con matices distintos a periodos anteriores, la interna colorada se definirá en diciembre entre el cartismo y el anticartismo, como lo fue en ocasiones anteriores: nicanorismo versus antinicanorismo; wasmosismo versus argañismo; argañismo versus oviedismo.

La virulencia es una característica común en las primarias presidenciales republicanas. Una de ellas incluso provocó un cisma en el Partido Colorado: la salida de Lino Oviedo que fundó su propio partido político, el Unace.

A excepción del 2008, los colorados tienen una capacidad única de resarcir heridas muy rápidamente, la razón fundamental de su permanencia en el poder.

DURA REALIDAD: El PLRA, histórico rival de la ANR nunca pudo ganar las elecciones presidenciales per se en el periodo democrático que se inició en 1989, siquiera encabezando una alianza: Domingo Laíno, el histórico líder liberal tejió fórmula con Carlos Filizzola, pero fracasó electoralmente.

Lo que se demostró es que la oposición puede ganar al Partido Colorado solo con alianza electoral: Fernando Lugo en la presidencia, y las intendencias emblemáticas de Asunción (Mario Ferreiro) y Encarnación (Luis Yd).

Un dato llamativo y que exige un análisis profundo en el PLRA es que los éxitos electorales citados no estuvieron encabezados por un liberal, sino por candidatos de izquierda o socialistas moderados.

¿Significa eso que el PLRA ya no representa las aspiraciones de la mayoría ciudadana, o simplemente no logra encontrar un candidato que movilice, genere confianza, pasión y esperanza?

¿Terminará siendo el partido soporte de candidaturas exógenas gracias a su aparato, sus votos y su ejército disciplinado? Así lo demuestra una realidad indiscutible: la victoria de los mismos no hubiese sido posible sin el aparato liberal.

De hecho, en las encuestas, Lugo y Ferreiro aparecen como los mejor posicionados para enfrentar a un candidato colorado. Y ahora en el escenario posenmienda con el ex obispo fuera de juego, queda el intendente capitalino.

BALCANIZACIÓN. La destitución de Lugo en el 2012 no solamente quebró la alianza electoral sino un proceso de concertación a largo plazo. El perverso escenario de la enmienda terminó por profundizar las diferencias. La mitad de la izquierda y la mitad del PLRA estuvieron a favor, y la otra mitad de la izquierda y la otra mitad del PLRA estuvieron en contra.

En medio de este marco complejo, se habla de la posibilidad de una alianza para enfrentar a la ANR, pero a diferencia de otros tiempos, hoy parecen simples poses sin intención real de concretar acuerdos.

El Frente Guasu está haciendo rancho aparte. Su principal ficha, Lugo, repetirá candidatura al Senado y presentará candidatura presidencial simbólica.

El PLRA va camino a su interna, donde el presidente del partido, Efraín Alegre, se perfila como ganador. En la vereda de enfrente está Carlos Mateo Balmelli, con el apoyo de Blas Llano, que promete dar pelea.

El PMAS de Camilo Soares sufrió una fractura que lo pone al borde de la extinción: la diputada Rocío Casco junto a otros referentes del partido renunciaron masivamente sin dar explicaciones muy claras. Solo dijeron que hoy se necesitan liderazgos claros y que construirán una nueva organización política. En síntesis, estarán mucho más cerca aún de Mario Ferreiro, pero la cuestión de fondo, como en todos los partidos, sean de derecha o izquierda, son las listas parlamentarias o cupos de poder, más allá de los grandes proyectos.

Los legisladores, del sector que fuere, son capaces de sacrificar grandes proyectos por su reelección. No hay momento de mayor estrechez mental y mezquindad en la política que cuando se conforman las listas parlamentarias.

Mario Ferreiro dará su respuesta oficial mañana, pero días pasados dio señales de que seguirá como intendente porque no ve un escenario favorable a su candidatura. Sin el PLRA, es "un gladiador sin tropa", y los liberales, especialmente Efraín, tiene una hoja de ruta trazada de la cual no piensa salir.

Al igual que la enmienda, cuya definición reconfiguró el escenario político, la decisión de Mario tiene las mismas características.

Si dice que sí, o mantiene abierta su candidatura, significa que las conversaciones con el PLRA siguen y hay posibilidad cierta de un frente opositor.

Si dice que no, las fuerzas opositoras volverán a su cauce, cada quien en su propio espacio, en pequeños reinos balcanizados.

La oposición dividida es el mejor escenario para el triunfo colorado, más allá del ganador.