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Opinión
sábado 1 de abril de 2017, 03:00

Inventario de pérdidas

Alfredo Boccia Paz - galiboc@tigo.com.py
Por Alfredo Boccia

Extraño los intentos anteriores de perforar alguna norma constitucional. Hubo varios, algunos exitosos y otros que pudieron ser detenidos. Los añoro, porque la vida de los comentaristas políticos era entonces más tranquila. Las antinomias eran fáciles de identificar. Los actores tenían diferentes colores, ideologías o vocación democrática. Uno tomaba partido por lo que consideraba una buena causa. A veces se ganaba, otras no, pero las opciones eran claras.

Ahora tengo un ataque de daltonismo político. Me confunde ver a antiguos amigos de las luchas del Hospital de Clínicas siendo acusados de violar la Constitución por oportunistas. Me confunde ver a Federico Franco en una manifestación en defensa de la Carta Magna. Me confunde ver a personas adultas sosteniendo hoy exactamente lo contrario que decían hace pocos meses. Que nostalgia de aquellas películas del Far West de mi infancia en las que uno no se confundía: el bueno era el sheriff y los malos los salteadores de diligencias o los desalmados pieles rojas.

Antes, cuando estaban en juego principios o valores, algún sector ganaba y se quedaba con el poder. Eso podía ser bueno o malo para el país, pero marcaba un rumbo para el futuro. Ahora, en este lodazal de meras ambiciones personales, nadie gana. Es un conflicto en el que todos perdemos pero sobre todo, los que se embarcaron en esta aventura. Intentaré clasificar esas pérdidas.

Será la izquierda, la que pagará el mayor costo. Sus intereses coinciden de modo fatídico con los de los cartistas. Pero a diferencia de estos, los sectores progresistas tienen necesidad de referencias éticas y un mínimo de coherencia. Por eso, algunos de sus líderes sienten de manera tan dolorosa este proceso de derretimiento de su credibilidad. Su legitimidad no está blindada por la coraza de historia, estructura y afectos familiares de los partidos tradicionales. Espere y verá cómo se arrepentirán de estas decisiones. Sobre todo si gracias a las mismas, Cartes resulta reelecto.

También pierde mucho el PLRA, que nunca supo manejar sus rencores internos con el mismo pragmatismo de los colorados. Por asuntos menores los liberales alimentan odios que cruzan generaciones. Son unos capos en dividirse y el 2018 está demasiado cerca como para que se reconcilien.

Por último, también pierden los cartistas. Los dos últimos años de su Gobierno estarán contaminados de crispación y discordia electoral. Se preocuparán cuando descubran el bajísimo nivel de popularidad del presidente al que pretenden reelegir.

Hay demasiada pobreza moral en esta confrontación en la que nadie gana. Por eso no hay tanta gente protestando en las plazas. Se siente como una pelea ajena, la de un puñado de ambiciosos a los que les calienta muy poco la institucionalidad de la República.