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domingo 7 de mayo de 2017, 01:00

El Buen Pastor, amor al Papa

Hoy meditamos el Evangelio según San Juan 10, 1-10. Ha resucitado el buen pastor que dio la vida por sus ovejas, y se dignó a morir por su grey. Aleluya. Sobre el primado de Pedro –la roca– estará asentado, hasta el fin del mundo, el edificio de la Iglesia.

La figura de Pedro se agranda de modo inconmensurable, porque realmente el fundamento de la Iglesia es Cristo, y, desde ahora, en su lugar estará Pedro. De aquí que el nombre posterior que reciban sus sucesores será el de Vicario de Cristo, es decir, el que hace las veces de Cristo.

Debemos rezar mucho por el Papa, que lleva sobre sus hombros el grave peso de la Iglesia, y por sus intenciones. Quizá podemos hacerlo con las palabras de esta oración litúrgica: Que el Señor le guarde, y le dé vida, y le haga feliz en la tierra, y no le entregue en poder de sus enemigos.

Todos los días sube hacia Dios un clamor de la Iglesia entera rogando “con él y por él” en todas partes del mundo. No se celebra ninguna misa sin que se mencione su nombre y pidamos por su persona y por sus intenciones. El Señor verá también con mucho agrado que nos acordemos a lo largo del día de ofrecer oraciones, horas de trabajo o de estudio, y alguna mortificación por su Vicario aquí en la tierra.

El papa Francisco a propósito del Evangelio de hoy dijo: “Jesús dice que quien no entra en el corral de las ovejas por la puerta, no es el pastor. La única puerta para entrar en el Reino de Dios, para entrar en la Iglesia es Jesús mismo. Quien no entra en el corral de las ovejas por la puerta, sino por otra parte, es un ladrón o un asaltante. Es uno que quiere aprovecharse es uno que quiere treparse”.

También en las comunidades cristianas existen estos trepadores, ¿no?, que buscan lo suyo... y consciente o inconscientemente aparentan entrar pero son ladrones y asaltantes. ¿Por qué? Porque roban la gloria a Jesús, quieren la propia gloria y esto es lo que decía a los fariseos: «Ustedes se glorifican unos a otros...». Una religión un poco como negocio, ¿no? Yo te glorifico y tú me glorificas.

Pero estos no han entrado por la puerta verdadera. La puerta es Jesús y quien no entra por esta puerta se equivoca. Y ¿cómo sé que la puerta verdadera es Jesús? ¿Cómo sé que esa puerta es aquella de Jesús? Pero toma las Bienaventuranzas y haz aquello que dicen. Sé humilde, sé pobre, sé manso, sé justo...”

Jesús no solo es la puerta: es el camino, es la vía. Existen tantos senderos, quizás más convenientes para llegar, pero son engañosos, no son verdaderos: son falsos. El camino es solo Jesús. Pero alguno de ustedes dirá: «Padre, ¡usted es un fundamentalista!». No, simplemente Jesús ha dicho esto: «Yo soy la puerta, Yo soy el camino» para darnos la vida. Simplemente. Es una puerta bella, una puerta de amor, es una puerta que no nos engaña, no es falsa. Siempre dice la verdad. Pero con ternura, con amor. Pero nosotros siempre hemos hecho aquello que ha sido el origen del pecado original, ¿no? Tenemos ganas de tener la llave de interpretación de todo, la llave y el poder de tomar nuestro rumbo, cualquiera que sea, de encontrar nuestra puerta, cualquiera esa sea.

Esta es la tentación de buscar otras puertas u otras ventanas para entrar en el Reino de Dios. Solo se entra a través de aquella puerta que se llama Jesús. Solo se entra a través de aquella puerta que nos conduce por un camino que es un camino que se llama Jesús y nos conduce a la vida que se llama Jesús.

Pidamos la gracia de tocar siempre aquella puerta. A veces está cerrada: estamos tristes, estamos desconsolados, tenemos problemas en tocar, tocar aquella puerta. No vayan a buscar otras puertas que parecen más fáciles, más cómodas, más accesibles... Jesús no desilusiona jamás, Jesús no engaña, Jesús no es un ladrón, no es un asaltante”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal)