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domingo 25 de junio de 2017, 01:00

Cuando ruge el poder real

Estela Ruiz Díaz
Por Estela Ruíz Díaz

Desde el 2004 se intenta gravar la exportación de soja. Si alguna vez pasó el Congreso, recibió el portazo del veto del Poder Ejecutivo.

Hasta ahora, ningún presidente de la República se animó a ponerle el cascabel al gato.

Todos admiten pública o secretamente que deben pagar más. En eso hay consenso.

Un pacto político de estos días volvió a poner en vidriera el tema. Y nuevamente fue entre el cartismo y el luguismo, de amores desde la enmienda constitucional, y que continúa en el Congreso con cargos administrativos y cupos políticos para manejar la Fiscalía y el Poder Judicial.

Lugo y Cartes se dan oxígeno mutuamente. Solo que el segundo acumula poder copando las instituciones, mientras sus aliados luguistas y llanistas se contentan con pequeñas victorias para sus banderas de cancha chica.

PODERES REALES. Hay temas que definen el verdadero poder en Paraguay. Uno de ellos es el narcotráfico y su ramificación, la narcopolítica, que ha infectado todos los poderes del Estado. El Congreso no puede articular leyes para combatir este delito por los tentáculos que tejieron a través del financiamiento de campañas electorales. Paraguay está bajo dominio de estas mafias y se dirige como destino inexorable hacia un Estado fallido, como México.

El otro tema que demuestra el poder real en Paraguay es cuando algún gobierno pretende elevar impuestos a sectores poderosos de la economía. Sin acuerdo político amplio es absolutamente imposible lograrlo.

Así fue con el Impuesto a la Renta Personal, que se aprobó diez años después. Luego las ensambladoras de motos o el IVA a las cooperativas, o la reducción de intereses de las tarjetas de crédito. Todas tumultuosas, pero al final se impusieron sin que provocaran el descalabro apocalíptico que preanunciaron.

Ahora nuevamente está en debate el polémico impuesto del 15% a la exportación de la soja en estado natural, planteado por el Frente Guasu.

¿ILUSIÓN O REALIDAD? El pacto en Senado incluyó encumbrar a Lugo como presidente de la cámara y por ende del Poder Legislativo a cambio de gobernabilidad. El luguismo planteó su propuesta legislativa más arriesgada como el impuesto a la soja como trueque político. La bancada oficialista le dijo que sí y el jueves la promesa se puso a prueba.

En este pleito, ambos bloques jugaron con el cuchillo bajo el poncho.

Días previos al tratamiento, Cartes ya bajó línea: no se aprobará el impuesto. Los senadores cartistas le buscaron la vuelta y por eso el mismo día del tratamiento se bajó el tono del proyecto: El Frente Guasu rebajó sus pretensiones del 15 a 10% y eliminaron al maíz y al trigo del paquete impositivo.

El proyecto se aprobó en general, es decir, el título, pero su estudio en particular para definir el fondo de la cuestión quedó para tratamiento posterior. Esa misma tarde, la nueva ministra de Hacienda, Lea Giménez, anunció el veto, sin dudas, por orden de Cartes.

El luguismo quedaba nuevamente en entredicho por prestarse a un juego de apariencias políticas.

DERROTA PARCIAL. Pero el Frente Guasu mantiene su optimismo y cree que esta vez el impuesto será aplicado. Hay señales del Gobierno en ese sentido. La ministra Giménez admitió que el sector "podría aportar más al fisco", pero no de esta manera. Y reveló el plan: "elevar del 5 al 10% el IVA para la soja y productos derivados; modificar el impuesto a la renta agropecuaria (Iragro) para equipararlo al impuesto a la renta de las actividades comerciales, industriales o de servicios (Iracis)".

Y no será el proyecto luguista. Los mismos senadores cartistas anuncian mesa de diálogo y nuevo proyecto, que será obviamente del oficialismo, lo cual revela que no será pronto. En delicados tiempos electorales la ANR no levantará el avispero.

Además a Lugo ya le dieron titulares para entretener a su tropa. No está mal para la campaña electoral haber tocado la oreja al poderoso sector productivo, que puso en su mira a la izquierda como su gran enemigo político.

Más allá del debate ideológico, hay un consenso social y político de que el sector que más gana aporte más al fisco. Porque tienen privilegios impositivos, porque buscan atajos para evadir el Iragro, porque son los mayores beneficiados de la infraestructura vial y los servicios públicos. Por justicia tributaria.

Se ha demostrado que la única manera que los poderosos paguen más es con la coerción de la ley. Nunca hasta hoy han mostrado un gesto de solidaridad y admitir que deben pagar más.

Por el poder acumulado que sigue sumando, porque tiene el control del Parlamento, Cartes es el único que le puede poner el cascabel al gato. La pregunta es: ¿se atreverá a hacerlo?

¿O, como todos los presidentes, su poder termina cuando rugen los tractores?