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domingo 18 de diciembre de 2016, 01:00

Ángeles y demonios

Estela Ruiz Díaz
Por Estela Ruíz Díaz

La enmienda de la rechazada enmienda sigue siendo el centro de la retórica política y causa de fracturas partidarias y guerras en las redes sociales. Pero hasta hoy sigue siendo una expresión de deseos porque que el presidente Horacio Cartes no logró reunir aún los 23 votos necesarios en el Senado.

Si bien los tres actores principales: Horacio Cartes (ANR), Fernando Lugo (Frente Guasu) y Blas Llano (PLRA) necesitan imperiosamente de la reelección para seguir sobreviviendo en la política, la repentina alianza entre enemigos acérrimos está generando crispación entre sus seguidores. Las contradicciones políticas dejan atónitos a los ciudadanos que revelan su asombro en las distintas plataformas de expresión ciudadana. En medio de la confusión, los fanáticos buscan acomodar sus posiciones buscando justificar los giros repentinos de sus líderes, algunos muy a contramano de sus viejas consignas políticas.

LUGO, LA BISAGRA. Sin dudas, el centro de la escena la ocupa el Frente Guasu (FG), de férrea posición anticartista, que hoy está pegado al Gobierno por el común interés de la enmienda, una figura que siempre ha reivindicado como vía para la reelección, pero que en esta circunstancia lo ubica en una posición delicada y hasta vergonzante. Tanto que en agosto, el FG no se animó a apoyar en aquella famosa sesión del Senado. Lugo votó en contra enarbolando la bandera del frente disidente, una posición que está pagando porque no se anima (aún) a cambiar de bando. Como salida política, promete los 4 votos de su bancada. Cree que con esta dicotomía política y cinismo de alto nivel se despegará de esta histórica decisión que a todas luces viola el artículo 290 de la Constitución, que establece que cuando la enmienda es rechazada por una de las cámaras no puede tratarse hasta dentro de un año.

Otra contradicción que altera a los seguidores de Lugo es el acercamiento con el PLRA, (sector llanista) partido que lo llevó al poder, pero que también lo desalojó en el 2012 tras un juicio político donde los principales líderes liberales (Llano y Alegre) le bajaron el pulgar, tras negociar con Cartes, que entonces ya jugaba fuerte en el escenario.

La real politik en su máxima expresión muestra a un Lugo abrazado a sus verdugos conjugando nuevamente la palabra concertación. La foto ha provocado más de una indigestión en las bases de la izquierda y pone a prueba los límites de la tolerancia de sus seguidores. Mientras legisladores liberales que en ese tiempo se jugaron por el ex obispo desobedeciendo a su partido, como Luis Wagner, José Pakova Ledesma y Víctor Ríos hoy rechazan con virulencia la enmienda e incluso denuncian intento golpista.

Dicen que el tiempo cura las heridas. En este caso, el divorcio duró 4 años y todo parece indicar que el matrimonio se arreglará, aunque con mayores condicionamientos en el acta notarial.

Los que saben de estas lides y están acostumbrados a nadar en las espesas y a veces hediondas aguas de la política aconsejan evitar los dogmas y las posiciones extremas. "Nunca digas nunca", ni "de esta agua no he de beber", porque "el enemigo será mi amigo y a mi amigo lo traicionaré". Esta es la Biblia política.

SE PONEN COLORADOS. En la ANR se vive el mismo asombro, aunque en este partido comer sapos es un menú cotidiano. En el Senado, el Frente Guasu es uno de los soportes claves de Mario Abdo Benítez, el adversario colorado interno de Cartes. Entonces los cartistas decían que la disidencia es "tembiguái" de Lugo, el temido izquierdista y líder del EPP, según sentenciaban hasta hace poco los voceros del Gobierno. En la convención reciente, mostraron como "prueba" de infidelidad partidaria una foto de Marito con Lugo.

Hoy el cartismo negocia con el Frente Guasu los votos para la enmienda. Un trato al que solo le falta la firma en el Senado, más aún ahora que el TSJE resolvió que el ex obispo no puede ser candidato, embretándolos a apoyar la enmienda. De lo contrario, la candidatura de Lugo queda en manos de la Corte Suprema y allí su futuro entra en terreno de alto riesgo.

EN LAS GRADERíAS. En tanto, Marito Abdo y Efraín Alegre, cuyas candidaturas dependen de la no reelección, están como simples observadores, totalmente en segundo plano. Alegre, al ver que su sobreactuada política de mano dura no dio el mínimo efecto, intentó acercarse a Llano, que le ningunea porque está jugando de ganador en este momento.

En tanto se define este pleito en medio de villancicos y bombas de fin de año, las bases de todos los partidos deben deletrear el nuevo diccionario político, donde las definiciones nada tienen que ver con las convicciones.