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Sucesos
domingo 11 de septiembre de 2016, 01:00

A 20 años del viernes de horror, con un niño muerto en la copa de un árbol

Dos décadas pasaron de aquel viernes de horror, cuando la ciudadanía quedó impactada por el hallazgo de un niño de solo 7 años, muerto en la copa de una planta de mango, en un baldío de Lambaré. Horas antes, habían matado en un tiroteo a un conocido ex procesado por autotráfico.

Ese 6 de setiembre de 1996, cerca del mediodía, una adolescente entró por casualidad al baldío. “De repente, miré hacia arriba y allí vi, como colgado, en una rama al mita’i”. Así describía cómo halló al pequeño Eric Rubén Astorga, desaparecido 9 días antes.

El hecho ya tenía en vilo a la población. La joven lo reconoció enseguida porque tenía el mismo buzo del día en que desapareció. De inmediato se dio aviso a los padres del niño. El momento fue desgarrador.

POLICÍAS. Tras la alerta, policías, bomberos, familiares, vecinos y curiosos se congregaron en la escena. No pasó mucho para que corriera la versión de que el pequeño fue víctima de “adoradores de satanás”.

Con bastante trabajo, los bomberos, ayudados por sus escaleras, lograron llegar a la copa del mango. Tras varios minutos bajaron el cuerpo sin vida del niño, que ya tenía entre 6 a 7 días de fallecido.

El cadáver yacía en una silla de plástico, colocada en una de las ramas más gruesas del mango. El cuello estaba atado con una soga.

DESAPARICIÓN. Aurelio Astorga Aquino y Dalia Benítez, padres del chico, habían denunciado ante la Policía que su hijo había desaparecido el 28 de agosto de 1996. Desde ese día era buscado por todos lados y no aparecía.

Sin embargo, a pesar de la búsqueda, la Policía no tenía pistas de lo que le había pasado al niño. Recién con el aviso de la menor es que se lo pudo hallar, aunque de la peor manera posible.

Al día siguiente, todo el vecindario acudió al sepelio. Los desconsolados padres clamaban justicia. Decían que lo habían matado salvajemente a su pequeño hijo. Acusaban a los satánicos.

INVESTIGACIÓN. La autopsia realizada por el Dr. José María Llano reveló que el niño murió desnucado. Tuvo un fuerte golpe con algún objeto.

Con las pesquisas, se llegó al autor. José Félix Quintana, de 20 años, la noche del lunes 9 de setiembre confesó haber matado al niño de forma accidental. Luego, tuvo el cadáver varios días en un congelador, para dejarlo finalmente en la copa del mango contigua al inquilinato donde vivían.

“Al principio, el caso se caratuló como homicidio doloso, pero luego se determinó que fue accidental. Le di una condena de 5 años”, dijo el juez Alcides Corbeta, quien juzgó el caso.

El niño se había subido a los hombros del muchacho, y este, con un golpe de artes marciales, le arrojó al suelo y sufrió un fuerte golpe en la cabeza. El fallo fue ratificado en Apelación y en la Corte. La pena fue cumplida.

VERSIONES. El caso había alimentado por días rumores y supuestas explicaciones. En principio se atribuyó el crimen a los adoradores de satán.

Se hablaba de la forma en que fue hallado, el lugar, la fecha 6-9-96. El niño muerto estaba sentado en una silla de plástico y tenía el cuello atado a una de las ramas.

La versión también se vio robustecida porque hacía poco un adolescente se había suicidado en San Lorenzo.

La investigación fue más efectiva. La contradicción entre los miembros de la familia Quintana hizo que, al final, confesaran. El juez Corbeta dijo que le contaron que el joven murió ahogado, pero la versión no se pudo confirmar.