Después de 16 años de espera, Paraguay regresa a una Copa del Mundo y la expectativa en las calles es plena. Desde barrios de Asunción hasta el interior del país, la ciudadanía vive con emoción la cuenta regresiva para ver a la Albirroja nuevamente en la máxima cita del fútbol.
La ilusión se siente en cada esquina: bocinas, banderas en los balcones y camisetas albirrojas que ya se volvieron parte del paisaje diario.
En el Mercado 4 y en pleno microcentro de Asunción, los puestos se tiñeron de rojo y blanco. La venta de camisetas, banderas, gorros y cornetas se disparó en las últimas semanas.
“Desde que se confirmó la clasificación no paramos. La gente busca la camiseta para grandes y chicos, y lleva la bandera para el auto o la casa”, cuenta un comerciante del Mercado 4.
Los vendedores coinciden en que el Mundial no solo despierta pasión, también genera un movimiento económico clave para miles de familias que viven del comercio popular.
Los comerciantes aseguran que el fútbol, más allá de la cancha, mueve el movimiento de los copetines, supermercados, talleres de serigrafía y costureras del barrio que trabajan a doble turno para cumplir con los pedidos de remeras, decoraciones o banderas de la Albirroja.
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Niños y adultos comparten el mismo entusiasmo. En las escuelas se organizan jornadas con la camiseta puesta y en las casas ya se planifican las reuniones para ver los partidos.
“El Mundial une. Es la excusa para juntarnos con la familia, con los amigos, con los vecinos. Todos estamos felices por Paraguay”, dijo don Carlos Sanabria, fanático que no se pierde un partido desde hace más de 30 años.