En su obra Síntesis histórica de la Guerra de la Triple Alianza, Juan Emiliano O’Leary presentó a los paraguayos el supuesto resultado de aquella reunión de Las Puntas del Rosario entre representantes del Partido Blanco en el Gobierno uruguayo (Lamas y Castellanos) y el Gral. Venancio Flores del Partido Colorado en rebeldía, promovida por los representantes argentino Rufino Elizalde, brasileño José A. Saraiva y el ministro inglés Thornton, también allí presentes.
En la reunión, del 18 de Junio de 1864, en una estancia del interior del Uruguay se llegó a un acuerdo para detener la guerra civil uruguaya y se lograba así pacificar a ese país oriental. Las condiciones pactadas luego de una rápida negociación de solo un día fueron aceptadas “ad referéndum” por los delegados del gobierno y a dichas condiciones le fue agregado un escrito por separado con carácter confidencial firmado por Venancio Flores y dirigido al presidente uruguayo Atanasio Aguirre.
La versión presentada por O’Leary sobre este asunto resumidamente dice que fue una maniobra montada por el Gobierno argentino para llevar a Flores al poder en detrimento del gobierno legítimamente constituido del presidente Aguirre y que las condiciones del pacto son aceptadas por este. O’Leary atribuye mala fe y un doble juego a los mediadores Saraiva, Thornton y Elizalde sin especificar los motivos, aduciendo solo que “responden a planes que se desenvolverían en el porvenir” (sic), y no dice cuales son, pero que se sospecha que se refiere a la Triple Alianza. No hay otra.
Por otro lado, O’Leary responsabiliza a los mediadores por traer escondido entre los papeles del pacto oficial a un escrito confidencial de Flores al Pdte. Aguirre y que dicho escrito contenía “insinuaciones deprimentes” (sic) que fueron rechazadas. O’Leary omite detallar dichas insinuaciones, solo se remite a calificarlas de “deprimentes”. Sigue diciendo que el acuerdo se echa a perder por culpa del escrito que se habría presentado ex profeso para sabotear el arreglo.
Tenemos pues así una versión que nos muestra a un Venancio Flores que se presta a una jugada de los tres mediadores que para O’Leary no mediaron, sencillamente empujaron las cosas para detonar una guerra, usando de títere a Flores.
Recordemos que es en esta reunión de Puntas del Rosario que la historiografía nacionalista paraguaya ubica la génesis de la Triple Alianza entre argentinos, brasileños y uruguayos, algo bastante improbable ya que en esta reunión apenas si hubo tiempo para tratar el asunto de la guerra civil uruguaya y Flores, futuro aliado, era recién un caudillo rebelde y con solo 50% de probabilidades de triunfar en ese conflicto interno charrúa.
LA VERSION DEL PROPIO VENANCIO FLORES
El escrito de Venancio Flores al presidente Aguirre es un documento que el paraguayo medio de 1920 no tenía la más mínima posibilidad de conocer, pero que hoy podemos saber de su contenido. En la obra Los orígenes de la guerra del Paraguay contra la Triple Alianza, de Pelham Horton Box (s.f., El Lector) podemos leer in extenso el escrito de Venancio Flores a Aguirre, y en él observamos que Flores no parece ser el que O’Leary nos pinta, ya que por todo concepto lo que le pide Flores a Aguirre es sentarse a hablar para lograr que lo pactado permanezca inalterado en el tiempo y sea una realidad tangible para el Uruguay y para ello, Flores entendía que se debía establecer una garantía que lo permita y ella debería plasmarse en la “organización de un Ministerio” (sic). Flores se refiere al gabinete ministerial.
Lo que Flores plantea en firme –entonces– no es quedarse con el poder ni pretende destituir a Aguirre. Lo que Flores plantea es la conformación de un Gabinete bipartidista, algo totalmente razonable por donde se le mire y además porque deja la presidencia en manos del partido blanco. Horton Box manifiesta que Flores habría pretendido constituirse en Ministro de Guerra y Marina a efectos de garantizarse a sí mismo que las tropas gubernativas del Gral. Moreno del partido blanco no vuelvan a tomar las armas contra él y su Partido Colorado ya que de accederse a su pedido de confirmación de un gabinete bicolor Flores desarmaría a sus tropas rebeldes en cumplimiento del pacto. Todo muy razonable de cara a dar por liquidada una guerra civil, pero no parece razonable para O’Leary quien no ve esa realidad como favorable a lo que quiere/necesita sembrar en la cabeza del paraguayo medio, esto es, que Flores y los mediadores eran sujetos impresentables para el Paraguay antes que se supiera siquiera que habría una guerra internacional.
La única verdad de O’Leary aquí resultante es la que dice que a Flores le escribieron la nota –según Box se la escribió el argentino Rufino de Elizalde– y ello tiene una explicación y es que los mediadores entendieron que una de las condiciones de Flores que se presentan en la reunión –la del gabinete bipartidista– no podía ser incluida entre las demás cláusulas del pacto por la sencilla razón que los delegados gubernistas allí presentes, Lamas y Castellanos, no tenían entre sus facultades el ceder a esa condición por lo que los mediadores entendieron que lo correcto sería presentar esa cláusula en particular en un escrito por separado ya que sólo el presidente Aguirre debía atenderla y no su gabinete.
El propio Box nos relata cómo termina esto y es que Aguirre acepta las cláusulas del Pacto (tal como lo indica O’Leary), incluso el mismo presidente publica un decreto amnistiando a los rebeldes de inmediato, pero que la condición de Flores de constituirse en un ministro colorado de un gobierno blanco fue rotundamente rechazada por miembros del partido blanco y del gabinete vigente, de antaño acérrimos enemigos políticos de Flores a quien no querían en el gobierno. Se sabe también, y esto se puede ver en fuentes brasileñas, que los miembros del partido blanco que rechazaron el acuerdo de Puntas del Rosario estaban en la lista de uruguayos que habían cometido excesos con los brasileños residentes en el Uruguay y su castigo era solicitado por los reclamos brasileños.
En otro párrafo de Box vemos que cuando los mediadores insisten ante Aguirre en la necesidad de incorporar a Flores en el gabinete como precio de la paz, el presidente –presionado por su gabinete para echarse atrás en el acuerdo– declara que si lo hacía “estaba violando el principio de autoridad” (sic) (Box, 129) a lo que Saraiva contestó que dicho principio ya fue sacrificado por el propio Aguirre cuando envió a sus delegados a la reunión de Puntas del Rosario, en clara alusión a que Aguirre quería parar la guerra civil y que si ese era su deseo algún tipo de renunciamiento debió haber considerado en su momento. También Box nos acerca el hecho que Aguirre –de cara a salvar el pacto y la pacificación de su país que tanto anhelaba– presentó a los mediadores una nueva lista de ministros que conformarían el gabinete, pero –de nuevo– sin incluir a Flores. Los mediadores, al leer la nómina de los nuevos ministros que conformarían el futuro gabinete uruguayo se percataron que los incluidos pertenecían todos a la facción más radical del partido blanco y que incluso estos habían sostenido que era preferible continuar la guerra civil antes que claudicar a la condición de Flores. Con esta realidad, los mediadores retiraron sus buenos oficios en el entendimiento que sus gestiones ya no tendrían ningún resultado puesto que al quedar Flores fuera del gabinete del Presidente Aguirre el pacto fracasaba, y así Elizalde volvió a Buenos Aires, igual que Thornton, y Saraiva pasó a cumplir las instrucciones de su gobierno, cuando el 4 de agosto de ese mismo año presentó un ultimátum al gobierno uruguayo para el cumplimiento de sus reclamos. Y López reaccionó a ese ultimátum con otro.
Lo que nos cuenta Pelham Horton Box, un historiador extranjero imparcial, basado en una fuente primaria (la verdadera carta de Flores a Aguirre) no es lo que O’Leary le cuenta a los paraguayos de principios del siglo 20 que asumieron esto sin posibilidades de cotejarlo en otro lado.
Vemos pues que un personaje tan odiado en el Paraguay, el uruguayo Gral. Venancio Flores, no parece tener en esta oportunidad ninguna responsabilidad toda vez que la condición especial que presentó no suponía derrocar al presidente Aguirre como venía pretendiendo con su rebelión armada y si se mira el caso con imparcialidad era una manera por la que Flores reconocía que perdió la guerra civil toda vez que su objetivo principal –sacarlo a tiros a Aguirre y a los Blancos del poder– no se cumplía y no solo no se cumplía, sino que ahora solo pretendía estar en el gabinete blanco.
Pero O’Leary socavó esta realidad, la trastocó y la llevó a otros niveles presentándonos a los personajes aquí citados como metidos todos en un contubernio para traer una guerra al Paraguay, una ficticia realidad que enervó el sentimiento paraguayo que hasta hoy se denota en muchos compatriotas.