La pareja aguarda sentada. Ella luce un vestido negro estampado y lleva el pelo semirrecogido. Él viste una camisa a cuadros que deja ver sus brazos marcados por el ejercicio y un pantalón de vestir. Ambos emanan un aroma a jabón y perfume, y están de novios desde el 23 de setiembre del año pasado. Comparten su tiempo en la medida que el trabajo y otras actividades se lo permiten. Los dos trabajan en una cadena de restaurantes de comida rápida, pero en locales diferentes.
Juambi, como lo llaman sus amigos a Juan Bautista, también vive con sus padres. Es un apasionado de los deportes y confiesa que las computadoras no están en su sistema. “A mí me gustan otras cosas más interesantes, como hacer un florero con las botellas de gaseosas. Me gusta reciclar y vender, así puedo tener algo para mi futuro, para que no me falte cuando el día de mañana me case con ella”, planifica. La reacción de sorpresa de Vero no se hace esperar: "¡Falta mucho para eso!”. Enseguida él responde que lo sabe, que es solo un ejemplo. Ella le dirige la mirada más tierna de todas y revela: “Me encantaría casarme con él, porque me quiere”.
Tiempo compartido
Vero y Juambi se conocieron a través de actividades organizadas por la Fundación Saraki, de apoyo a los derechos y la inclusión de personas con discapacidad. Lentamente forjaron una amistad que se convirtió en amor. Como cualquier pareja, comparten actividades. Normalmente, él la visita. Tienen gustos en común, como el baile, por ejemplo. “Para mí, Juambi es alto y lindo, habla superbién conmigo y yo le quiero”, asegura ella. Entretanto, él admite: “Para mí, Vero es una linda chica que tiene una linda familia. Tiene todo para mí, por eso quise estar con ella”. El amor que sienten el uno por el otro, los sueños para el futuro y sus deseos de vivir con intensidad la vida no conocen límites.
Texto: Natalia Ferreira Barbosa / Foto: Fernando Franceschelli.
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