La mitología griega vuelve a ser noticia. Nuestros políticos se comparan con Penélope, con Narciso y otros héroes míticos.
Penélope, como sabemos, fue la esposa de Ulises (también llamado Odiseo), quien pasó diez años dando vueltas por el mundo; sus aventuras son el tema de la Odisea, del gran poeta griego Homero. Durante todo ese tiempo, Penélope le fue muy fiel, y por eso no sé quién puede compararse con ella; nuestros políticos -según está más que comprobado- no esperan ni diez minutos para transar.
Ulises fue infiel a la fuerza. De los diez años, pasó siete con la ninfa Calipso, que se prendó de él; vulgo: se prendió por él, literalmente. Al final, los dioses le dijeron a Calipso que lo dejara irse y se fue, aunque ella le prometía darle la inmortalidad si se quedaba.
Obviamente, si uno de nuestros dirigentes hubiera llegado a la isla, otra hubiera sido la historia. Calipso hubiera hecho brotar de la nada una embarcación para mandarlo de vuelta cuanto antes.
Ulises tenía un sex appeal del que carece nuestra dirigencia. También perdió la cabeza por él la bella Circe. Ella tenía la costumbre de transformar a sus visitantes en animales, para tenerlos de mascotas.
Con Ulises no pudo, y al cabo de un año lo dejó seguir viaje como había llegado. Eso no quiere decir que hubiese transformado en gatos a nuestros políticos, sabiendo como sabía (era una diosa) que iban a transar con los ratones.
Otras experiencias del héroe fueron más peligrosas. Debió pasar con su embarcación entre Escila y Caribdis, dos monstruos apostados a los costados de un estrecho, que a veces se tragaban a una parte, y a veces a toda una tripulación. Llegó a la isla de los cíclopes, unos gigantes caníbales, que se comieron a unos cuantos compañeros de viaje.
Si una representación oficial hubiera navegado entre Escila y Caribdis, Escila le hubiera dicho al colega de enfrente, después de una atenta inspección ocular: “Caribdis, yo espero la próxima, te dejo a vos esta embarcación”.
El otro hubiera explicado altivamente: "¿Ha che piko monstruo de segunda?” Incólumes, nuestros representantes hubieran llegado a Ciclopelandia, donde el cíclope Polifemo hubiera dicho a sus paisanos: “Muchachos, vamos a esperar nomás que venga el churero para almorzar, porque a estos no los comen ni los monstruos”.
La odisea fue una especie de clásico Olimpia-Cerro, con gran hinchada entre los dioses del Olimpo, la mitad a favor y la mitad en contra. El evento no pasó desapercibido.
De haber existido el celular, no hubiera parado el mensajeo entre Ulises y el Olimpo. ¡Gran contraste con nuestros políticos, a quienes no les atienden el teléfono!
A nuestros dirigentes no los hubiesen comido los monstruos ni los hubiesen perseguido las ninfas ni los hubiesen mirado los dioses. En realidad, no puede haber una odisea paraguaya por faltar la primera parte, que en la odisea griega fue la guerra de Troya, comenzada porque el príncipe Paris raptó a la bella Helena, Miss Grecia 1200 a. C. (antes de Cristo).
Después de haber conocido nuestros poderes del Estado, Paris hubiera exclamado despectivamente: ¡Nambré!
Por si no está claro, hubiera vuelto solo a Troya, huyendo despavorido de ciertas dirigentas golpistas.