25 abr. 2026

Una actitud serena

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Juan Luis Ferreira E., ADEC, past presidente.

Desde hace bastante tiempo se nos ha instado a actuar con rapidez, con “sentido de urgencia”. Regularmente, nos recuerdan “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”, “es mejor pedir perdón que permiso”; “hoy puede ser tu último día”; “aprovechá el día”; “al que madruga Dios le ayuda” y otras similares. Esto se acentuó con internet, los celulares, las comunicaciones y el auge y disponibilidad de la tecnología. Todas estas expresiones son válidas y frecuentemente convenientes si le agregamos algunos análisis:

–Claramente, hay decisiones que no pueden postergarse y hay acciones que deben ser inmediatas. Si alguien nos está robando; si vence una licitación; si está disponible un recurso importante; si es el momento de invertir o cerrar, son aspectos impostergables. Lo ideal es que haya un plan, y si no lo hay, o si existen imprevistos que modifiquen el plan, se evalúe muy bien si realmente la acción requiere inmediatez.

–Algunos proyectos o algunas acciones requieren tiempo. Apurarnos no ayuda en nada. Algunos procesos requieren educar, esperar, convencer, colaborar, corregir y perseverar. Es el equilibrio entre lo “urgente y lo importante” y también, convencernos que se requiere cuidar la semillita y confiar en que crezca y dé frutos.

–Además de un plan, es fundamental manejar los tiempos, o los “cuándos”. Solemos concentrarnos en el qué, por qué y cómo, y desvalorizamos el “cuándo”. La Biblia está llena de lecciones para el mundo empresarial y una de las más trascendentes es que Jesús elige el momento. Lo hace cuando decide entrar a Jerusalén, cuando pasa de largo un pueblo, cuando decide callar o alejarse.

–“Te arrepentirás más de lo que no hiciste, que de los errores que cometiste”. Puede ser, solo que nuestros errores pueden perjudicar a otros. Nuestras perdidas pueden ser irreparables. Lo que dañemos puede ser irreversible. Tenemos muchos empresarios ricos (o que viven como ricos) manejando empresas pobres, nuestro desorden y exceso de deudas arriesga los trabajos y vidas de colaboradores y proveedores. Como mínimo pongamos una “cota de pérdida” que nos permita manejar riesgos y situaciones negativas y detenernos cuando sea necesario. Quizás en otros climas empresariales se pueda caminar por la cuerda floja sin red, aquí no. Cerrar una empresa, o despedir colaboradores y proveedores, a veces en condiciones injustas o hasta ilegales, puede ser una herida mortal.

Busquemos tener buena junta, buenos socios. No temamos a la crítica, a pedir consejos. Trabajemos para ser humildes. Apliquemos la oración de la serenidad, y ya en clima navideño, evaluemos si estamos llevando la fe a nuestras familias y si estamos trabajando para ser ejemplos.

Que el Espíritu Santo nos conceda serenidad, humildad y discernimiento para elegir los momentos conformes al Plan de Dios.

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