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Un retorno a clases en medio de una crisis educativa no resuelta

Hoy deben reiniciarse oficialmente las clases en la mayoría de las escuelas públicas del país, pero un 80% de los locales no se encuentran en condiciones de recibir a los alumnos según el gremio docente, mientras el Ministerio de Educación sostiene que son 158 escuelas las que no están operativas. Más allá de las deficiencias de infraestructura, es el propio sistema educativo el que arrastra una grave crisis con un sistema de enseñanza de pésima calidad, muy baja inversión en recursos y la gestión del actual ministro, Eduardo Petta, aplazada por la comunidad educativa y por la ciudadanía. La responsabilidad principal es del presidente Mario Abdo Benítez, quien insiste en mantener en el cargo a un ineficiente político.

Como el escenario posterior a una guerra apocalíptica luce el patio de la Escuela República Oriental del Uruguay, en el barrio Trinidad de Asunción, con maderas viejas amontonadas, muchas de ellas con clavos puntiagudos, junto a hierros retorcidos y otros elementos peligrosos, según un reportaje publicado ayer en este diario. Es la misma escuela que debe recibir hoy a unos 1.000 alumnos, iniciando oficialmente las clases del año lectivo, como en la mayoría de las instituciones educativas del país.

En esta escuela se viene trabajando desde hace un año por realizar reformas, pero ningún aula ha sido concluida. La Organización de Trabajadores de la Educación (OTEP-Auténtica) sostiene que a partir de un estudio realizado por el gremio, el 80% de las escuelas públicas no están en condiciones de que se desarrollen las clases.

Ante esta versión, Raquel Ortellado, directora de Infraestructura del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) respondió ayer que “solo 158 de más de 6.000 escuelas no se encuentran en condiciones temporales para recibir a los alumnos ante el inicio de clases” y que se deberán impartir clases en aulas móviles, carpas y otros espacios alternativos.

Los informes de prensa sobre escuelas en ruinas o carencia de locales, que han enviado los corresponsales de prensa desde distintos puntos del país, son incontables. Paredes con enormes grietas, techos que se desploman ante la falta de mantenimiento, niños y niñas que deberán dar clases bajo la sombra de los árboles, padres de familia que deben realizar polladas, torneos de fútbol y otras actividades benéficas para recaudar fondos y contribuir a reparar las humildes escuelitas. Mientras tanto, una gran mayoría de intendentes y gobernadores son acusados de no rendir cuentas de sumas millonarias que se les han entregado del Fondo Nacional de Inversión Pública y Desarrollo (Fonacide) para invertir precisamente en mejorar la educación, que han ido a parar a otros rubros o a cuentas privadas, cometiendo evidentes delitos de malversación del dinero público, pero la Justicia los sigue dejando impunes.

Más allá de las deficiencias de infraestructura, es el propio sistema educativo el que arrastra una grave crisis, con un sistema de enseñanza de pésima calidad, considerada una de las más precarias en la región, y con una muy baja inversión en recursos, ya que el Paraguay, hasta ahora solo invierte en educación un 3,7% de su producto interno bruto (PIB), mientras la Unesco recomienda invertir entre un 7% y hasta 9,8%.

Las clases se inician hoy en el marco de severas críticas a la gestión del actual ministro de Educación, Eduardo Petta, por parte de la comunidad educativa y de la misma ciudadanía, con gremios de docentes y de alumnos movilizados exigiendo su renuncia, especialmente tras el escándalo de haber gastado millones de fondos donados por la Unión Europea en imprimir libros con graves errores, que han debido ser retirados de circulación.

La principal responsabilidad de este lamentable panorama es del presidente Mario Abdo Benítez, quien había prometido que la educación iba a ser una “causa nacional” para su gobierno, pero insiste en mantener en el cargo a un ineficiente político que ya ha sido reprobado por su pésima gestión.

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