01 jun. 2026

Un pesebre gigante une fe, solidaridad y tradición en Villarrica

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Richart Ferreira
GUAIRÁ

Cada diciembre, una familia villarriqueña, los Larramendi, convierten su hogar en un punto de encuentro de fe, memoria y generosidad a través de un pesebre gigante, que tradicionalmente preparan durante todo el año.
El pesebre gigante cobra vida cada diciembre, convocando a cientos de personas que llegan para celebrar el nacimiento del Niño Jesús en un ambiente profundamente paraguayo.

Marta Larramendi, de 56 años, es una de las principales encargadas de esta obra familiar que, según explicó a Última Hora, representa una forma de agradecimiento por un año de abundancia, salud y bendiciones. “Es un pesebre tradicional y es gigante porque hay mucho para compartir con los vecinos”, expresó, al destacar que el armado se realiza en familia y con un fuerte sentido espiritual.

El pesebre cuenta con todas las piezas clásicas de la representación navideña, cuidadosamente dispuestas, y está construido principalmente con yvyra rovi, un árbol nativo del Paraguay que puede alcanzar hasta 20 metros de altura y cuyo aroma envuelve toda la cuadra, convirtiéndose en parte esencial de la experiencia sensorial del lugar.

Jepo’o. Uno de los momentos más esperados es el tradicional pesebre jepo’o, para el cual la familia prepara miles de obsequios. Entre ellos hay dulces, comidas saladas, juguetes, bolsos con sorpresas y hasta productos básicos para la canasta familiar, como arroz, yerba, fideos y artículos de limpieza. “Siempre hay para compartir. Dios provee y su misericordia no faltará”, afirmó Gladys, citando una frase de San Benito.

La idea de organizar y clasificar gran parte de los productos fue de Graciela, integrante de la familia, quien se encargó de preparar los regalos en frascos reciclados.

Cada detalle refleja el esmero y la dedicación colectiva. “Cada uno aporta algo”, comentó Gladys entre risas, al relatar que incluso hay detergente para llevar y que la iluminación corre por cuenta del tío Neco.

La tradición familiar se remonta a casi 100 años atrás. Marta recordó que su madre ya armaba el pesebre, aunque en dimensiones más pequeñas, y que ella continuó con esa costumbre aprendida desde niña. “Empecé con mi mamá y hoy seguimos manteniendo viva esta tradición”, señaló, con visible emoción.

El armado completo del pesebre lleva aproximadamente dos días de trabajo intenso, desde la colocación de las figuras hasta la preparación de los obsequios. Cada año, entre 500 y 600 personas, entre bebés, niños y adultos, visitan el lugar para participar de la celebración navideña, consolidando al pesebre como un símbolo de unión comunitaria.

Ubicado sobre el Boulevard Yegros casi ruta PY08, en la ciudad de Villarrica, el pesebre gigante de la familia Larramendi ya trascendió lo familiar para convertirse en un verdadero patrimonio cultural y espiritual.

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