Economía

Un oso quizás no tan lejano

 

La imagen de un oso en el Ártico tratando de readaptarse a los cambios en los icebergs o capas de hielo y de encontrar alimento quizás nos ha parecido siempre muy lejana, como pueden serlo los daños a los corales en la costa australiana u otros ejemplos similares del deterioro del hábitat de muchos seres vivos. Sin embargo, la creciente inquietud de los jóvenes de todo el mundo manifestando su malestar contra las autoridades o contra nosotros, sus progenitores, ha hecho que el oso parezca más cercano.

Sin pretender llegar a la verdad sobre cuestiones científicas complejas o de conjeturar los motivos comerciales que desde hace décadas pueden tener unos u otros, es bastante obvio aún en la plácida Asunción que hay más enfermedades del sistema respiratorio, que cualquier ventana acumula hollín y que hay muchas aguas contaminadas (por nosotros mismos, desde luego). Todo esto tiene muchas consecuencias negativas, entre ellas una dolorosa y contundente: Muerte antes de tiempo en mayor proporción y a cualquier edad.

Hace un tiempo escribí una columna en la que pedía perdón a los jóvenes de esta generación porque les estábamos legando 1 de los 4 árboles que existían cuando nosotros nacimos. Pedir disculpas no ayuda mucho y tampoco acusar a Estados Unidos y China de contaminar muchísimo más que nosotros. Lo importante es actuar y la buena noticia es que gran parte de la solución está en nosotros mismos: Cambiar de actitud. Una vez más los jóvenes nos están marcando el camino.

Este cambio de actitud pasa por un consumo responsable, ensuciar menos, no contaminar e informarnos permanentemente de qué medidas contribuyen. Desde luego, reforestar es muy útil, o andar en bicicleta o exigir que haya más plazas y árboles, generar menos basura y no tirarla en el raudal y ahorrar energía como hábito constante (apagar la luz, no usar plancha, estufa o agua caliente sin necesidad, compartir vehículos, y muchas otras acciones conocidas).

Algunas de estas conductas nos cuestan mucho a todos, desde el industrial que arroja desechos contaminantes en un arroyo o río, a un ciudadano que recorre la ciudad en un vehículo humeante, una moto o un motocarro sin mantenimiento. Queremos respirar aire puro y no queremos que nos controlen los vehículos. Cierto: Algunas de estas suciedades solo se resuelven con dinero que seguramente no hay, entonces debemos buscar innovaciones que apliquemos entre todos para resolver el tema por otra vía. Cambiamos dejar de sacrificar animales en los carritos por contaminar todo el barrio con humo. En este caso ambos extremos son muy nocivos.

Que Dios nos ilumine para cuidar el universo que El nos regalo y repararlo pronto.

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