27 feb. 2024

Un agresor presenta indicadores que pueden alertar, antes que sea tarde

Si bien no se da en todos los casos, expertos coinciden en que hay parámetros que determinan la actitud violenta. Existen casos donde hay dependencia de la cual es difícil salir y se necesita ayuda.

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La fiscala María Segovia comentó cuáles son los parámetros que el Ministerio Público tiene en cuenta para saber si una es víctima de agresión.

Un día como hoy, 25 de noviembre, pero del 1960, las hermanas Minerva, María Teresa y Patria Mirabal fueron brutalmente asesinadas. El único crimen que ellas cometieron fue luchar por sus derechos durante la dictadura de Trujillo (1930-1961) en República Dominicana.

En homenaje a ellas, se conmemora en esta fecha el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Como parte de esa lucha, es bueno reconocer señales para saber si una es víctima; expertos dan un marco de referencia.

La fiscala María Segovia Cabrera, titular de la Unidad contra la Violencia a la Mujer, describe parámetros que el Ministerio Público tiene en cuenta para saber si una es víctima de agresión

Desde el 2014, la Fiscalía trabaja con un formulario de evaluación de riesgo, que es de uso obligatorio en casos de violencia familiar. Dentro de ese documento, figura el perfil del agresor.

“A través de eso vamos teniendo información y eso nos permite medir si hay riesgo de una nueva situación de agresión y un eventual feminicidio”, indicó la fiscala.

Los indicadores más usuales son tres, principalmente.

El primero: El trato desigual o asimetría de poder entre hombre y mujer.

https://twitter.com/UltimaHoracom/status/1596119956671717377

“Este es un indicador de menosprecio a la mujer, limita su libertad, cuándo y con quién va a relacionarse, cómo comportarse, cómo vestirse, qué actividades realizar; y de esa manera va ejerciendo una violencia enmascarada de manera a aislarla de su entorno”, explicó la profesional.

El segundo: La utilización de desinhibidores como el alcohol, mezclado con medicamentos controlados o sustancias estupefacientes. Si bien no llegan a la adicción –menciona–, estos agresores lo utilizan para justificar su conducta agresiva hacia su pareja.

El tercero: Se trata de una conducta repetitiva. Es decir, inicia la conducta agresora enmascarada, hasta lograr someter por completo a la víctima.

“Así tenemos casos del síndrome de la mujer maltratada, que es la otra cara de la moneda, donde le hace ver a la víctima que ella es la culpable de que él reaccione así; entonces, ella justifica que lo agredió porque estaba cansado, nervioso”, explica.

Segovia agrega que las otras características van saliendo de la evaluación sicológica y siquiátrica.

Acá se sabe si los agresores ya habían sido víctimas, porque hay tendencia a que un niño que vio violencia, vuelve a repetir eso. Lamentó que los agresores naturalizan la violencia. Hay una dependencia emocional de la víctima hacia el agresor. Muchas veces los agresores dicen: “No sos nada sin mí”; “Si me dejás no vas a ser nada”; “Vas a vivir en la calle con tus hijos”, relata.

Difícil de evaluar

El sicólogo clínico y jefe del Departamento de Salud Mental del Ministerio Público, Nicolás Garcete, afirma que el ser humano es difícil de ser evaluado, porque va cambiando permanentemente.

Explica que la violencia contra la pareja es el resultado de un estado emocional intenso, que es la ira y que acá el hombre interactúa con actitudes identificadas, como la hostilidad, estrés, consumo abusivo de alcohol, celos.

Menciona que la violencia ya inicia en el noviazgo. “Soluciona su problema a los golpes. Tenemos aspectos importantes, como la impulsividad, las circunstancias y la violencia sicopática”.

Sos víctima sí...

  • Tu pareja está siempre celoso, desconfía.
  • Te sentís insegura y tenés miedo de cómo puede reaccionar tu pareja.
  • Abusa con frecuencia de bebidas alcohólicas o sustancias.
  • Rechaza o no le da importancia a tus comentarios.
  • Controla tu celular, tu ropa, el dinero.
  • No te deja ver a tu familia o amistades.
  • Decide qué podés hacer y qué no.
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