Opinión

Un acuerdo vital para el país

Alberto Acosta Garbarino - Presidente de DENDE

Todos los estudios que analizan el crecimiento de la economía paraguaya de los últimos 15 años coinciden en que fue el resultado de unas excelentes condiciones internacionales, que con grandes inversiones fueron aprovechadas por el sector privado en general y por el sector agropecuario en particular.

Pero este crecimiento económico dependiente solo del sector privado y solo del sector agropecuario ya no será viable en el futuro, debido a que las condiciones internacionales ya no serán tan favorables.

Por eso se escuchan voces reclamando reformas profundas de nuestro Estado para que gaste menos e invierta más, y también se escuchan voces sugiriendo una acelerada industrialización del país.

Recordemos que las materias primas son productos de bajo valor agregado y que –dependiendo del precio– todo el mundo quiere comprar. Sin embargo, ningún país quiere comprar productos industriales, sino fabricarlos internamente, para agregarles valor a las materias primas y dar trabajo a su gente.

Hoy el Paraguay es competitivo para atraer inversiones industriales: tiene energía abundante; tiene baja presión tributaria y un sistema impositivo simple; tiene las menores cargas laborales de la región y, finalmente, tiene una población joven y entrenable.

El problema es que nuestro mercado interno es demasiado pequeño para la radicación de industrias importantes, que solamente vendrían a nuestro país si tuvieran acceso a los mercados internacionales y regionales. Pero en este siglo XXI, si queremos acceder con productos industriales a dichos mercados, sí o sí debemos negociar acuerdos comerciales con esos países y sí o sí debemos integrarnos a las grandes cadenas industriales de fabricación.

Una gran cadena industrial es la del automóvil, en cuya fabricación participa la gran empresa que diseña y comercializa el producto y más de 200 industrias que producen sus diferentes componentes. Las grandes cadenas industriales del mundo se encuentran en América del Norte, en Europa y en Asia, pero en América del Sur este desarrollo aún es incipiente, porque los países grandes de la región –como Brasil y Argentina– son muy proteccionistas y porque existen problemas logísticos generados por la falta de infraestructura.

En los últimos años el Paraguay hizo un importante avance en su participación en la cadena industrial de fabricación de autopartes, con la instalación de unas cinco industrias de cableado para autos que se producen en el Brasil. Hoy estas industrias dan trabajo a más de 10.000 personas y exportaron el año pasado por un valor superior a los 300 millones de dólares.

Pero estas industrias tienen una espada de Damocles encima, porque el Paraguay no tiene firmado con el Brasil un acuerdo automotor –similar al que tienen Argentina y Uruguay– lo que podría hacer que estas industrias se vayan del Paraguay, por la imposibilidad de exportar su producción al Brasil libre de impuestos.

La firma de ese acuerdo –que es vital para la industrialización de nuestro país– se ha demorado porque una de las condiciones que pone Brasil para concretarlo es la eliminación de la importación de los autos usados.

Hoy las calles y las rutas del Paraguay están inundadas por la importación de cerca de 60.000 autos usados al año, muchos de ellos con más de 10 años de antigüedad, con los volantes cambiados de lado y sin ofrecer un mínimo de seguridad.

El lobby de los importadores de estos autos usados es muy fuerte y el gobierno de Cartes primero y el gobierno de Abdo Benítez ahora no han querido enfrentar el conflicto que significa prohibir su importación.

Pero esta demora en llegar a un “acuerdo automotor” con el país vecino está poniendo en riesgo la continuidad de las empresas fabricadoras de autopartes que emplean a miles de personas, pero por sobre todas las cosas… está poniendo en riesgo el inicio de un incipiente proceso de industrialización.

Por eso es vital que firmemos el acuerdo automotor cuanto antes… si queremos avanzar en el desarrollo de nuestro país.

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