Tras la sanción del acuerdo Mercosur–Unión Europea (UE) en Diputados, los gremios de la producción temen que las normativas de “salvaguardas unilaterales” sobre los productos sean una barrera para la aplicación del acuerdo comercial entre ambos países.
El proyecto de ley pasa ahora al Poder Ejecutivo para su promulgación correspondiente.
Entre las barreras se citan normativas “unilaterales”, como el Reglamento de la Unión Europea 2023/1115 sobre productos libres de deforestación; es decir, se prohíben productos que sean de zonas deforestadas, y el reglamento de la gestión de uso sostenible de la tierra; es decir, prevenir la degradación del suelo.
“La Unión Europea está sacando unilateralmente, sin consultar con el Mercosur, salvaguardas. Entonces, ¿a qué estamos jugando?”, se preguntó Héctor Cristaldo, titular de la Unión de Gremios de la Producción (UGP).
El representante de la UGP consideró que el país negoció adecuadamente lo relacionado a facilitar el comercio, pero estimó que el principal desafío será su implementación debido a las múltiples salvaguardas “unilaterales” que promueve la Unión Europea.
“El gran desafío va ser la implementación, a ver cómo funciona, o si van a llenarnos de nuevas trabas y se va volver inoperable el acuerdo. Solo el tiempo lo dirá. Pero nosotros, como gremio, tenemos la obligación de analizar todos los escenarios posibles y ese es uno que ya se está viendo que van a poner trabas no arancelarias para dificultar el comercio, eso es lo que se está sintiendo. ¿Hasta dónde se va a trabar el acuerdo o no?, es la gran pregunta”.
POSICIONAMIENTO. Por otra parte, lamentó que el aceite de soja con una “salvaguarda” ahora no sea considerado como biocombustible. “Lo que se escribe y se firma sobre la mesa con ellos, ellos por debajo de la mesa están empezando a borrar”.
Mencionó otras medidas como posibles impuestos al carbono, que podrían extenderse al sector agrícola y generar nuevas dificultades, pero especialmente dijo que el reglamento 1.115 es el que puede generar las trabas al sector agrícola.
Para Cristaldo hay desequilibrio en la balanza comercial desfavorable entre ambas regiones, debido a que el país compra a la Unión Europea por USD 1.100 millones al año, pero ellos solo por USD 492 millones. Al respecto, dijo que espera que el acuerdo sea positivo si contribuye a reducir esa brecha.
Consideró que el camino para destrabar las barreras comerciales será el diálogo que permitirá redefinir el rumbo de la relación comercial. “Son trabas unilaterales, y hay que hablar a ver si se puede revertir, tienen que definir si tienen ganas de ser aliados comerciales o quieren tener proveedores de servicios a su capricho”.
Con relación a la eventual fecha del inicio de la aplicación, espera que pueda aplicarse este año porque le “preocupa la actitud errática del europeo de decir una cosa y hacer otra una cosa”.
El acuerdo Mercosur– Unión Europea apunta a reducir aranceles y facilitar la comercialización de la producción agrícola y ganadera.