Por Clara Patricia Gómez Alvarenga | clgomez@uhora.com.py | @claragomezpy
[PARTE 2]
Apenas llegamos a la residencia franciscana, todos nos pusimos a gusto y en una ronda de tereré, cada uno de ellos fue desempolvando su historia, en algunos casos vinculada a la delincuencia y a la falta de amor.
“A los 16 años empecé con el crac y me arruinó la vida, perdí cosas materiales y perdí a mi familia, tengo una hija de tres años”, relata Oscar, de 22 años, quien es del Bañado Sur, un barrio asunceno dominado por el microtráfico y donde el control policial es insignificante.
“En mi barrio la venta del crac es como en el Mercado 4 cuando te vas a comprar una ropa.
Te vas por los pasillos y te dicen che areko (yo tengo), yo tengo más grande, yo tengo más lindo, y fulano tiene más mesturado. Se codean todo los que trafican”, revela.
Oscar era integrante de una barra brava del Club Cerro Porteño, robó, pisó la cárcel de Tacumbú, pero hoy confía que su vida tomará otro rumbo, a 7 años de haber iniciado su pesadilla. “Ahora somos ricos. La palabra de Dios nos alimenta mucho. Antes ese vacío que sentíamos no podía sustituirlo nadie”, manifiesta.
Del grupo, Manuel, de 30 años, es quien lleva más años metido en esto, tiene 16 años de consumo. Es oriundo de San Lorenzo, pasó por más de cinco sitios de rehabilitación, incluyendo al Centro Nacional de Control de Adicciones. Fue policía y tiene tres hijas.
“Realmente empecé con la cocaína, marihuana, pastilla , y a los 15 años probé el crac en un centro de rehabilitación en Ciudad del Este”, hace correr la cortina Manuel, al agregar que también estuvo en otros lugares donde dijo ver que “hasta le pegan” a los pacientes, revelando así datos estremecedores.
“Las drogas no solo marcaron mi vida, detrás vienen muchas cosas, viene la delincuencia, vienen los maltratos”, ilustra.
“Usted me preguntó si me siento protegido por el Estado y realmente no”, concluye.
Luis, tiene 19 años, es de Itauguá, y esta es su primera rehabilitación. “Comencé a probar el alcohol, del alcohol empecé a fumar y de ahí a la marihuana. Fumaba, tomaba, me hacía el loco, era agresivo, violento, buscaba ser mayor. Yo me sentía grande con mi adicción”, comenta el joven al recordar que esa etapa se dio después del viaje de su padre a España.
“Yo también consumí cocaína, no me envició, pero fue más o menos el puente para pasar al crac. Empecé a los 16 años, tengo dos años de crac, pero para qué voy a mentir, no paraba un día sin que consumiera droga”
, confiesa.El programa de rehabilitación implementado por los franciscanos contempla 12 pasos, y se puede desarrollar en 9 meses. Luis lo finalizó en noviembre pasado. Cuando cumplía los 7 meses de tratamiento nos dijo sentirse con esperanzas de salir adelante. “No digo que me recuperé todavía porque eso yo voy a decir afuera, pero me siento con esperanza, me estoy sintiendo fuerte”, relata.
Luis prefiere dejar a un lado al Gobierno. “Te juro que no sé por qué le metés al Gobierno acá, las autoridades ni se preocupan”, nos encara, al argumentar que “el problema de un adicto va más allá de todo, es más profundo, uno tiene que tratar a fondo esto, pero lo principal de todo es querer, hay que modificar varias cosas”.
Juan Carlos acaba de cumplir 24 años y es procedente de Pedro Juan Caballero. Tiene 12 años de consumo y es la segunda vez que se rehabilita en el hogar franciscano. Afuera le espera su hijo recién nacido, a quien aún no conoce, pero eso lo mantiene entusiasta, feliz.
“La mitad de mi vida desperdicié en la droga. Empecé con el alcohol, luego fue el cigarrillo, la marihuana, la cocaína y finalmente el crac, que es lo que me fundió”, refiere Juan, cuyo padre falleció en el tramo de su primer tratamiento pero afortunadamente lo vio dando sus primeros pasos de recuperación. “Tuve ese regalo de Dios”, añade.
“Ahora mi mayor fuerza y fortaleza es mi hijo, a quien todavía no conozco”, dice con una mirada ansiosa movida por las ganas que tiene de verlo.
Fernando es el más joven de los cinco y es el que más callado y atento se encontraba mientras escuchaba el relato de los demás. Tiene 17 años y es oriundo de Ciudad del Este, lleva 4 años de consumo, siendo esta vez la primera que acepta tratarse.
“Yo estoy en esto desde los 13 años, empecé directamente con el crac. Fumaba crac y también consumía cocaína”
, se delata.
“Hay muchos resultados, pero todavía hay mucho por qué luchar, hay muchos caracteres con los que tengo que combatir, que uno trae de la calle y de la sociedad misma”, indica.
Fernando es tildado por sus compañeros como el futuro sacerdote, de hecho su familia está muy vinculada a la vida religiosa. “Tal vez sí, Dios sabrá, él pone en cada uno una vocación”, expresa al respecto.
* Las entrevistas se realizaron en setiembre del año pasado, cuando algunos de ellos estaban iniciando el tratamiento espiritual, y otros estaban cerca de culminar.