Opinión

Teléfono para el Ministerio de Trabajo

Adrián Cáceres Por Adrián Cáceres

La semana pasada leí la siguiente noticia en la edición digital del diario Última Hora: Cajera atrapa a delincuente: “Corrí sin pensar dos veces”. En el primer párrafo se nos relata que “la trabajadora de un local que opera las 24 horas redujo a un delincuente que se llevó el dinero de una de las cajas”, y que el hombre detenido fue entregado a la Policía Nacional. Es una pena que los héroes de Marvel o DC Comics no puedan hacer el “trabajo” que hizo la trabajadora en este caso, quien, arriesgando literalmente la vida, atrapó al ladrón.

Sin embargo, unas líneas más abajo la información se enriquece con declaraciones de la feliz protagonista. Copio íntegramente el texto:

–“Estamos cansados de ellos. A nosotros se nos quita de nuestro sueldo el dinero. Nos deja mal. Cuando vi que me agarró, le seguí, le agarré de su remera, me subí sobre él y dos señores le agarraron de su espalda”.

En el párrafo precedente me llamó especialmente la atención la segunda oración. Si no estoy entendiendo mal, la mujer denuncia públicamente que ante robos de dinero la reposición corre por cuenta de los empleados. ¡Pero qué simpático! Entonces, también me voy a poner un negocio porque los empleados van a tener que pagar los robos. ¿Acaso no es el empleador quien tiene que garantizar –en lo posible– la seguridad en el área de trabajo?

Para ampliar las dudas, citaré un caso que me tocó de cerca. En una oportunidad, cuando fui a comprar en uno de estos locales que atiende las 24 horas, no encontré a todos los trabajadores, así que, como buen curioso y viendo que no eran suficientes para tantos clientes, pregunté qué ocurría. Uno me contó que se habían robado una notebook del lugar. Respondí que seguramente estarán acaso un poco tranquilos porque las cámaras habrán grabado quién fue el ladrón, y que en caso de no hallar al responsable del delito al menos pondrían su fotografía para que nunca vuelva a ingresar al comercio. Me respondió que todo estaba grabado y que algunos compañeros no estaban en el lugar precisamente porque fueron a realizar la denuncia del caso en la comisaría más cercana.

Sin embargo, el rostro de mi interlocutor reflejaba pesadumbre. Imaginé que aunque no fue un robo a mano armada sino más bien un hurto, porque no hubo violencia ni intimidación, la experiencia de soportarlo no resultaba agradable, pero antes de que le preguntara más, expresó:

–Terrible ko es, a nosotros se nos descuenta todo.

Quedé sorprendido y pensando unos segundos antes de preguntar:

–¿Cómo puede ser eso?

Y el trabajador contestó:

–A todos los que estábamos en el turno nos van a descontar por la notebook.

Preferí no seguir interrogando, pero comprendí perfectamente el motivo de su pesar. Pagué la cuenta y salí del local. Por cierto, en el lugar no había guardia alguno, y tampoco había personal de seguridad afuera. Me pregunto si eso es lo que establece la norma.

A propósito, sí me puse a releer el Código del Trabajo tras los episodios citados. Existen muchos puntos que hablan de la seguridad, pero prefiero citar uno distinto, el artículo 63, cuyo inciso a) establece que está prohibido a todo empleador “deducir, retener o compensar suma alguna del importe de los salarios y prestaciones en dinero que corresponda a los trabajadores, sino en la forma y dentro de los límites establecidos por la Ley”. Entonces, supongo que no pueden descontar a los trabajadores por hurtos que no fueron cometidos por los trabajadores.

Ojalá el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social investigue el asunto. Es sumamente grave. ¡Ah cierto!, la máxima autoridad de la cartera de Estado parece que está como precandidata a senadora y eso es mucho más importante que atender las violaciones al Código del Trabajo, o tal vez no existen violaciones, o me equivoco en ambos casos. Ndaikuaaveima.

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