Editorial

También debemos combatir los virus del miedo y de la ignorancia

La revelación de que el Gobierno tuvo que abortar al menos veinte operativos de retorno de compatriotas varados en el exterior por la pandemia del Covid-19, debido a que grupos de pobladores se oponían a que sean alojados para cumplir la cuarentena en los albergues habilitados, constituye una situación preocupante sobre la cual se debe trabajar para intentar revertirla. La ignorancia y el miedo son también virus que debemos combatir con más y mejor información. Si los ingresos de ciudadanos paraguayos que desean regresar con todo derecho al país se hacen en forma controlada y cumpliendo todos los requisitos, no deberían existir temores de contagio.

Ha resultado sorprendente el dato brindado por el embajador y ministro asesor en Relaciones Internacionales, Federico González, en una entrevista publicada por este diario, revelando que al menos veinte operativos de retorno de paraguayos varados en el exterior por la pandemia del Covid-19 han tenido que ser abortados por el Gobierno, debido a que grupos de pobladores, vecinos de los albergues habilitados, se oponían a que sean alojados en dichos lugares para cumplir la cuarentena sanitaria.

Uno de los casos citados fue el de una pareja que pidió ingresar desde el Brasil, a través del Puente de la Amistad, con un bebé recién nacido, pero los vecinos al enterarse de que iban a ser alojados en el albergue procedieron a levantar una alambrada en torno al sitio. Incluso, según el embajador González, en otra manifestación los vecinos habían incendiado cubiertas para expresar su rechazo al alojamiento de los compatriotas.

Estas actitudes demuestran que tan perniciosos como el del Covid-19 son los virus de la ignorancia y el miedo, al igual que los de la intolerancia y la falta de solidaridad, generando una lamentable realidad que debe ser combatida igual como se combate la amenaza de la pandemia, proveyendo más y mejor información.

Tal como lo establece la Constitución, todo paraguayo tiene derecho a retornar e ingresar a su patria. Los que retornan en esta emergencia, en su mayor parte, no son turistas que viajaron por lujo o placer, sino personas humildes que emigraron en busca de mejores oportunidades de trabajo o de estudios, pero que ante la crisis global se han quedado prácticamente en la calle. No se les puede negar que puedan regresar junto a los suyos, siempre y cuando acepten someterse a las condiciones de control y cuarentena que exigen los protocolos sanitarios.

Este es otro punto a tener en cuenta. El Covid-19 no se puede contagiar si no existe un contacto físico cercano. Aunque muchos de los que retornan puedan tener una alta carga viral, especialmente quienes provienen del Brasil, mientras sean debidamente recibidos y llevados a albergues especialmente preparados, se establece una garantía de seguridad para el resto de la población, porque se puede mantener la situación bajo control. Rechazarlos o negarles el ingreso podría significar no darles más opción a que ingresen en forma clandestina por los muchos puntos vulnerables de la frontera, lo cual volvería a la situación mucho más peligrosa.

Desde el Gobierno y desde la misma sociedad debemos insistir en compartir más y mejor información, destinando recursos y presupuesto suficiente para establecer más albergues en buenas condiciones, en donde los compatriotas que retornan puedan someterse a todos los controles adecuados y puedan superar la crisis para volver a insertarse de manera segura en sus respectivas comunidades y junto a sus familias.

Seguir rechazando a nuestros propios compatriotas por miedo, por ignorancia o por prejuicios irracionales no ayuda a construir el mejor país que necesitamos para superar la actual crisis. El Gobierno debe ser firme e implacable en la defensa de los derechos de los paraguayos.

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