Carlos Linares, director de Terramétrica, detalló en entrevista con Última Hora las formas de identificar y mitigar riesgos de anegamiento en campos agrícolas ante la llegada del fenómeno El Niño.
Con el anuncio del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) sobre la probable instalación del fenómeno El Niño entre junio y agosto de este año, que podría extenderse hasta abril de 2027, los productores buscan formas de reducir pérdidas por exceso de lluvias.
Según el MAG, se esperan precipitaciones superiores a lo normal, temperaturas elevadas y mayores riesgos para la producción agrícola y ganadera. El Niño se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial, lo que altera los patrones climáticos en la región.
Ante este escenario, Carlos Linares, director de Terramétrica, recomendó una preparación anticipada basada en observación y herramientas técnicas.
“Lo primero es observar el comportamiento natural del agua dentro del campo. Hay señales simples y claras: Sectores donde queda barro más tiempo, lugares donde se acumula vegetación distinta o donde después de una lluvia el agua tarda más en irse”, señaló Linares.
Esta observación tradicional puede complementarse con relevamientos técnicos. “Con un relevamiento topográfico, imágenes de dron y un modelo digital de elevación es posible identificar las partes más bajas del terreno, las microcuencas internas y los caminos naturales por donde escurre el agua”, explicó.
Los drones permiten generar ortomosaicos y modelos digitales de elevación (MDE) que revelan pequeñas diferencias de altura en el terreno. “En zonas agrícolas, a veces una diferencia de apenas 20, 30 o 50 centímetros puede definir si el agua corre o queda estancada”, indicó el director.
Estos modelos ayudan a visualizar hacia dónde se mueve el agua, dónde se concentra y cuáles son los sectores de mayor riesgo.
Análisis previo. Linares destacó la importancia de analizar las curvas de nivel y las escorrentías antes de que lleguen las lluvias intensas. “Cuando se espera un período de lluvias más fuertes, no alcanza con reaccionar después de que el campo ya está inundado. Hay que anticiparse”, afirmó.
El análisis permite detectar zonas críticas, planificar drenajes y definir salidas de agua para evitar que el líquido se acumule dentro de las parcelas productivas.
“Si no se analiza eso antes, muchas veces se hacen canales o drenajes sin criterio técnico, y eso puede empeorar el problema: Llevar agua hacia donde no corresponde o erosionar el suelo”, advirtió.
drenaje para productores. Las recomendaciones varían, según el tipo de campo, pendiente y suelo, pero existen medidas accesibles: Limpiar y mantener las salidas naturales de agua, alcantarillas, cunetas, pasos de camino y canales existentes. “A veces por simple falta de limpieza se tienen graves problemas de estancamiento”, señaló Linares.
El director sugirió realizar drenajes superficiales, pequeños canales o microvalos que conecten las zonas bajas con salidas seguras. Además, aconsejó evitar cortar los caminos naturales del agua con caminos internos o camellones mal ubicados.
Linares propuso ejecutar cualquier canalización siguiendo la pendiente real del terreno, no “a ojo”, para no trasladar el problema de un sector a otro.
Pasos de preparación recomendados
Linares sugirió tres acciones principales: Identificar los puntos críticos del campo: zonas bajas, caminos que se cortan, parcelas que quedan aisladas y lugares donde el agua se acumula; revisar la infraestructura: canales, cunetas, alcantarillas, entradas y salidas de agua, y caminos internos. Todo debe estar limpio y funcional antes de los eventos fuertes; y realizar, si es posible, un relevamiento técnico del terreno con modelo de elevación y análisis de escorrentía para priorizar intervenciones.
Según el especialista, la principal ventaja es tomar decisiones con información precisa. “El productor que se prepara no espera a ver dónde se inunda el campo, sino que ya sabe cuáles son sus zonas críticas y qué medidas puede tomar”, explicó.
Esto puede traducirse en menor pérdida de cultivos, menos días de suelo saturado, mejor acceso a las parcelas, menor daño en caminos y una recuperación más rápida.
En cambio, quien actúa tarde tiene opciones más limitadas una vez que el agua ya está instalada. “Con drones, modelos de elevación y análisis de escorrentía se puede anticipar el problema y hacer intervenciones más precisas y económicas”, concluyó.