China es el principal origen de las importaciones paraguayas. Alrededor de un tercio de los productos que ingresan al Paraguay provienen del gigante asiático.
Sin embargo, cuando la discusión gira hacia la posibilidad de profundizar el vínculo comercial, Paraguay enfrenta una realidad más compleja en la que economía, diplomacia y geopolítica se cruzan de manera inevitable.
Para el economista Jorge Garicoche, el punto de partida es entender la posición del propio Paraguay.
“Somos un país donde las exportaciones e importaciones pesan mucho en nuestro PIB. Necesitamos conectarnos con el mundo porque nuestro mercado no tiene la escala suficiente para sostener un proceso industrial”, explica el experto.
Pero esa apertura no encuentra la misma reciprocidad en China. Según explica, el principal obstáculo es conocido: Beijing condiciona un relacionamiento comercial pleno al rompimiento de las relaciones diplomáticas con Taiwán. Sin embargo, Garicoche considera que reducir el debate a esa decisión política puede ser un error. “Podríamos cambiar nuestra postura política de la noche a la mañana y decir rompemos relaciones con Taiwán y nos jugamos con todo por China. Pero no pasaría mucho”, señala.
La explicación, dice, es sencilla, Paraguay todavía no dispone de una oferta exportable capaz de abastecer un mercado de semejante dimensión. “La pregunta central es qué hecho económico está por detrás de las decisiones que vayamos a tomar. ¿Qué tenemos nosotros para ofrecer al mundo? ¿Queremos entrar a China y con qué vamos a entrar?”, plantea.
Incluso cuestiona la idea de que China sea necesariamente el mejor destino para la carne paraguaya. “Hoy el mercado chino, si bien tiene compras masivas está pagando mucho menos”, afirma. En contraste, destaca el crecimiento del mercado estadounidense, que elevó significativamente el precio pagado por la carne paraguaya.
Para Garicoche, el camino del país pasa por consolidarse como proveedor de productos premium y no competir en volumen. “Nos estamos volviendo, en ciertos productos, un tipo de exportación boutique y no necesariamente algo masivo”, resume.
Desde el sector industrial, el presidente de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), Enrique Duarte, coincide en que la relación comercial debe evaluarse más allá del tamaño del mercado chino. Recuerda que Taiwán mantiene abiertas las compras de carne bovina, porcina y próximamente aviar, además de azúcar orgánica, mientras impulsa proyectos de formación tecnológica, cooperación universitaria y parques industriales.
“¿Por qué vamos a optar por uno y no por otro cuando realmente estamos viendo el esfuerzo y la predisposición que tienen con el mercado paraguayo?”, plantea.
Duarte también advierte que la evidencia internacional obliga a analizar con prudencia las propuestas de financiamiento provenientes de Beijing. “La evidencia a nivel global demuestra que China está interesada en la energía y en las materias primas, y donde han ingresado se manifiestan altos niveles de corrupción”, afirma, recordando casos donde países terminaron cediendo infraestructura estratégica tras dificultades para pagar créditos otorgados por entidades chinas.
Para Garicoche, justamente por esa razón Paraguay debe negociar desde una posición de fortaleza. “Hoy Paraguay no necesita una desesperación de financiamiento. Paraguay puede obtener financiamiento. Yo instaría a que la llegada de capitales sea mucho más abierta y competitiva, y no necesariamente aceptar condiciones totalmente impuestas por el otro lado”, sostiene.
Paraguay en la geopolítica. El debate también incorpora elementos geopolíticos. La senadora colombiana Paola Holguín advierte que las relaciones con cualquier potencia deben desarrollarse con reglas claras. “Las relaciones diplomáticas con China y con cualquier país deben basarse en la legalidad y la transparencia, sin entregar temas importantes como la soberanía, la independencia, la protección de datos o la arquitectura tecnológica”, señala. A su juicio, mantener autonomía frente a Beijing puede convertirse en una ventaja para atraer inversiones tecnológicas que buscan operar en países con sistemas considerados más seguros.
En la misma línea, el analista colombiano Carlos Augusto Chacón sostiene que el desafío no consiste únicamente en comerciar con China, sino en comprender cómo funciona su modelo económico. “Muchas de las empresas chinas no solamente son controladas por el Partido Comunista, sino reciben financiamiento de los bancos estatales chinos, lo que hace que puedan mantener precios muy bajos por mucho tiempo, quebrando a nuestras empresas para quedarse con cuotas de mercado”, explica.
Según Chacón, esa combinación de respaldo estatal y expansión comercial puede traducirse posteriormente en herramientas de presión política. Como ejemplo menciona el caso de Panamá, donde, tras decisiones relacionadas con la administración de puertos, Beijing impuso obstáculos a embarcaciones de bandera panameña. “La dependencia con el comercio con China crea desventajas para los países porque China termina interfiriendo en decisiones soberanas”, sostiene.
En tanto el economista Garicoche sostiene que Paraguay también debería observar las experiencias de otros países antes de tomar decisiones. Menciona especialmente el caso de Uruguay, que abrió su mercado a China a comienzos de los años 2000. “Es un caso de estudio. Hay que mirar cómo se relacionaron, cuáles fueron las ganancias y cuáles han sido las pérdidas, porque no todo fueron beneficios”, afirma.
El economista agrega que en los acuerdos entre gobiernos, conocidos como government to government (G2G), suelen aparecer condiciones muy exigentes.
“No me sorprende lo que varios países denuncian respecto a los contratos con China. Cuando ofrecen financiamiento, muchas veces plantean que sean sus propias empresas e incluso su propia mano de obra las que ejecuten las obras. Paraguay hoy tiene normas abiertas para recibir inversiones internacionales, por lo que no necesita negociar desde una posición de desesperación”, sostiene.
El debate paraguayo, concluyen los entrevistados desde distintas perspectivas, ya no pasa únicamente por decidir entre China y Taiwán. La discusión de fondo consiste en definir cómo un país pequeño negocia con una potencia económica sin perder capacidad de decisión. La respuesta, coinciden, dependerá menos del tamaño del mercado chino y más de la fortaleza institucional, la competitividad de la producción nacional y la estrategia con la que Paraguay decida insertarse en el escenario internacional, con qué leyes de protección y también con qué actores en representación del Gobierno.