Revista Vida

Sueños de Primera

Las escuelas de fútbol son el primer escalón de los chicos que sueñan con ser futbolistas profesionales. Y aunque se trata de una actividad en aumento, además de las instituciones reconocidas legalmente operan otras que se desenvuelven en medio de precariedades y lejos de la supervisión del Estado.

Carlos Darío TorresPor Carlos Darío Torres

La pareja se encuentra pegada al alambrado. Se desgañitan gritando. Son voces de aliento a sus hijos, pero también insultos a los árbitros y a jugadores rivales. Hay de todo. Bienvenidos al mundo de las escuelas de fútbol, donde ilusiones y talentos se mezclan con frustraciones.

En cualquier barrio de cualquier localidad del territorio paraguayo, hay canchas en las que equipos de niños, preadolescentes y adolescentes juegan su deporte favorito con la ilusión de alcanzar algún día un lugar en un club de Primera División, para después dar el salto a las ligas mayores del fútbol mundial.

Es un anhelo y una esperanza compartida tanto por los chicos como por sus progenitores –especialmente los papás–, que ven en el fútbol profesional el camino más corto para tener éxito en la vida, entiéndase elevados emolumentos y un nivel de vida al que seguramente no accederían a través del estudio y el trabajo.

Pero no todas las historias tienen un final feliz; el porcentaje de quienes llegan a la cima es muy reducido con respecto a quienes se quedan por el camino. La senda que deben transitar los postulantes a estrellas del balón se encuentra llena de obstáculos, que deben empezar a sortear, algunos, desde muy pequeños.

Punto inicial

¿Cuál es el momento ideal para acudir a una escuela de fútbol? “A partir de los cinco años ya pueden hacerlo. Pero tienen que competir con los de su misma edad”, advierte Myrian de Etienne, delegada de la escuela de fútbol del club Vencedor de Lambaré, cuyo coordinador es su esposo, Rubén.

Otros profesionales del sector opinan, en cambio, que es más recomendable asistir a una escuela de fútbol a partir de los siete u ocho años, sobre todo si lo que se busca es que los chicos comiencen con las primeras lecciones de ese proceso de aprendizaje.

“Antes no, es imposible. Veo gente que recibe a partir de los cinco años. ¿Qué pretenden, cuidar a los chicos? No tiene que ver con el aprendizaje del fútbol. Que hagan algo de deportes, tal vez, que se muevan, que gasten un poco de energía. No le veo el sentido a enseñarle fútbol a un chico de cinco años”, afirma el exfutbolista Kenneth Nju, propietario del centro de entrenamiento Soccer City.

Muchas veces son los padres quienes están más entusiasmados con la posibilidad de ver a su hijo convertido en futbolista profesional, con la fama y el aumento del nivel socioeconómico que conlleva el ser un deportista exitoso. Sin embargo, no todos van a llegar a serlo. Convencer al chico –y a su progenitor– de que es mejor que el pequeño se dedique a otra cosa, puede llegar a ser tan difícil para el formador como desilusionante para el chico.

Nju no cree que se pueda descartar como posible futbolista exitoso a un niño que está aprendiendo a jugar en una escuela de fútbol, solo porque no muestre la suficiente habilidad para augurarle un futuro promisorio. Asegura que cualquier chico puede llegar a ser un atleta de élite, y que esta convicción se sustenta en los ocho años que lleva trabajando como instructor.

“Yo no soy quién para decir que tal niño no puede ser futbolista. He aprendido bastante de todos los chicos; y muchos de ellos llegaron sin saber lo que es el fútbol. Les pasabas la pelota y quedaban en blanco, sin saber qué hacer con ella. Pero después de un tiempo fueron creciendo y ahí me di cuenta de que en realidad se puede, si el niño acude al profesional indicado”, afirma.

A su vez, Myrian aclara que “el profesor es el que evalúa si el chico tiene o no condiciones. Hay padres que se van para ver el partido de sus hijos y ven que están el banco, sin jugar o juegan uno o dos minutos, y se molestan. Le reclaman al coordinador. Entonces les decimos que hablen con el entrenador”.

Nju sostiene que hay muchos chicos que tienen condiciones para ser jugadores de fútbol, pero que hay cosas que no acompañan para que logren su sueño. “Es la metodología, la filosofía, el tipo de trabajo lo que forma a los chicos”, asegura y agrega que todos los aspirantes a futbolistas pueden llegar a Primera División y a jugar en la Selección.

“Es una decisión personal el querer ser jugador de fútbol, ahí es donde entra mi rol. Yo les pregunto a los padres qué quieren de sus hijos. Me responden que quieren que sean jugadores de fútbol. Y ahí les digo que tenemos que acompañarles. Es la práctica de todos los días, insistir en algunas cosas, en las falencias. Hay que hablarle mucho al chico”, resalta.

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En la cancha, como en la vida

Las escuelas de fútbol, como tales, deben cumplir una función docente que no se limite solo a la enseñanza y al fortalecimiento de habilidades futbolísticas, sino que además deben brindar a los chicos una formación integral, plena de valores. ¿Cumplen estas instituciones con sus objetivos?

“Enseñamos, en primer lugar, educación, disciplina, orden y respeto. Luego viene el dominio del balón. Si salen campeones, bien; si no, ellos igual quedan conformes. No les decimos que tenemos que salir campeones sí o sí. No les inculcamos que deben ganar como sea”, cuenta Myrian de Etienne.

En Vencedor, la enseñanza la imparte el profesor Alberto Cáceres. “Él les enseña no solo cómo se juega al fútbol, sino también a compartir, a no ser violentos, que son todos hermanos, que la escuela de fútbol es como una familia grande, donde tiene que haber disciplina y respeto en primer lugar; les dice qué vocabulario deben usar, les habla sobre lo peligrosas que son las drogas y cómo comportarse donde hay esos vicios. Igual con el alcohol, que no deben frecuentar eso y cómo se debe manejar un deportista, antes de una competencia”.

Como exfutbolista, Kenneth Nju conoce de primera mano cuáles son las necesidades con las que llega un chico a Soccer City, su centro, ubicado en Fernando de la Mora. “No se trata de formar solamente a un jugador de fútbol, sino a buenos seres humanos. A veces hago una hora hablando y solo media hora de fútbol”, explica.

Nju agrega que la mejor enseñanza es la que se recibe de chico. “Le inculcamos valores, le damos una visión de lo que le espera. Y nada de alcohol, nada de vicios; descansar bien, alimentarse bien, cuidarse, respetar a la gente, ser humilde. Es un combo de cosas”, añade.

Está escrito

A pesar de la declaración de buenas intenciones, no siempre se cumplen los nobles fines que se espera que inculquen las escuelas de fútbol. “Hay profesores que les enseñan a sus jugadores que deben maltratar al rival. Me consta que algunos les instan a golpear. En uno de esos casos, le pedí a mi federación que se expulse a esa escuela de fútbol. Pedían que insulten: ‘A aquel, rompele la boca, pateale el tobillo”. Los niños me preguntaban: ‘Tía, ¿por qué son tan malos esos chicos?’”, se lamenta Myrian.

La entidad que regula las actividades de estas instituciones es la Confederación de Escuelas de Fútbol del Paraguay (Cofefup). Posee un vínculo con la Secretaría Nacional del Deporte (SND), por medio de un convenio de cooperación interinstitucional firmado entre ambas partes, en 2015.

Su titular, Douglas Martínez, asegura que los comportamientos desmedidos de parte de los alumnos, padres, dirigentes y profesores son perseguidos y sancionados de acuerdo a la severidad del caso y en el marco de las reglamentaciones de la confederación.

Pero hay más exigencias. Martínez explica que la Cofefup “sustenta sus fines esenciales en el ideal educativo extraescolar, procurando que el aprendizaje del deporte propicie entre los niños los valores de la unidad, la igualdad, la responsabilidad y la convivencia armónica, no admitiendo en su seno cualquiera manifestación de carácter político, social, sindical, racial o religioso, y despreciando y combatiendo la discriminación, el maltrato y la agresión al alumno”.

Todas las jornadas correspondientes a los campeonatos de las federaciones afiliadas deben contar con un paramédico. Esta exigencia es prioritaria y la ausencia del mismo es causal de suspensión de la jornada. Las competencias organizadas por las federaciones afiliadas y las de la Cofefup no se realizan sin un paramédico presente.

Asimismo, está prohibida la participación de alumnos que no tengan una autorización para realizar prácticas deportivas, la cual debe ser expedida por un médico. “Los jugadores que no cuentan con su respectiva certificación médica no son habilitados para competir en los campeonatos oficiales”, asegura Martínez.

En las estaciones de calor, en primavera y en verano –sobre todo– está prohibida la práctica en los horarios comprendidos entre las 11.00 y las 17.00. Además, los tiempos de juego están reglamentados acorde a la edad de los alumnos y está prohibida la participación de los chicos en más de dos partidos por día.

“Cuando vamos a contratar a algún profesor, pedimos su currículum, tiene que ser un profesional diplomado. Debe conocer cómo manejar a los chicos, tener conocimientos de psicología”, señala Myrian.

Vencedor también exige inspección médica antes de iniciar el torneo. “Este año trajimos a una doctora y una enfermera para inspeccionar a los niños y hacerles un electrocardiograma. Es muy importante que las escuelas de fútbol tengan eso. Y los que se hicieron en el colegio, trajeron la fotocopia. Sin eso, no les aceptábamos. Además, tenemos botiquines de primeros auxilios”, destaca.

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En peligro

En las escuelas de fútbol, como en las de otros deportes y en cualquier institución de niños y adolescentes, la presencia de estos puede convertirse en el campo propicio para el acercamiento de pedófilos, un aspecto al que los responsables deben prestar mayor atención que, incluso, a la propia instrucción.

“Sin lugar a dudas, es un tema sumamente sensible y muy difícil de manejar, ya que este tipo de personas por lo general pasa inadvertida. En su momento tuvimos la desdicha de encontrarnos con un caso. La persona fue expulsada e hicimos público lo sucedido, tanto en los medios de comunicación como entre los asociados, de manera que el hecho llegue a conocimiento de profesores, dirigentes y padres, para que en cada escuela se apliquen medidas de seguridad”, refiere Douglas Martínez.

La permanente presencia de los padres en el entorno, tanto de las prácticas como de la competencia, es un factor importante que ayuda a detectar y prevenir este tipo de comportamientos, coinciden los entrevistados.

El ojo avizor

Con las exigencias que deben llenar las escuelas de fútbol, ¿quién se encarga de controlar su cumplimiento? Martínez dice que la Secretaría Nacional de Deportes (SND) es la institución que supervisa las actividades deportivas y que, en el caso de las escuelas de fútbol, esa tarea se realiza a través de entidades dependientes de ella, como la Cofefup.

El problema es que no todas las que se presentan como escuelas de fútbol dependen orgánicamente de alguna entidad madre, por lo que no existe ningún control sobre aquellas. “Les hacemos un seguimiento a las confederaciones y federaciones, pero sobre las que no están afiliadas no tenemos control, porque la ley no nos habilita, no tenemos la facultad de actuar como policías del deporte”, dice Gloria Torres, secretaria general de la SND.

Myrian es consciente de que en una actividad en la que se trabaja con niños, el control por parte de alguna institución oficial debe ser estricto. “Sería bueno que algún ministerio supervise. Nosotros tenemos totalmente amurallado el predio, así que el chico no sale a la calle. Pero hay muchas escuelas de fútbol que se crearon en plazas; ahí los niños no están seguros”, sintetiza.

“Estamos trabajando para ampliar los alcances de nuestra ley, en conjunto con la Secretaría de la Niñez y la Adolescencia. Hemos integrado varias mesas de trabajo para formar una comisión y ampliar la ley del deporte y reglamentarla, para tener un mayor alcance y control de las escuelitas, y un registro de los profesionales que están en el deporte”, manifiesta Torres.

En la actualidad, solo si existen denuncias contra las escuelas informales, interviene la SND, para colaborar con el Ministerio Público, la instancia que tiene la facultad de tomar cartas en el asunto. Urge un mayor involucramiento del Estado en un área que todavía no recibe la atención que exige. Al fin y al cabo, se trata de la ilusión y el futuro de chicos. Y con eso no se juega.

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Números

La Confederación de Escuelas de Fútbol del Paraguay, a través de la Comisión del Fútbol Infantil, de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF), es la encargada de organizar las escuelas de fútbol del país. Actualmente se encuentran afiliadas cinco federaciones, que a su vez tienen entre 30 y 40 escuelas de fútbol asociadas, un total de aproximadamente 115 instituciones y más de 10.000 chicos.

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Federaciones afiliadas a la Cofefup

• Apefi (Asociación Paraguaya de Escuelas de Fútbol Infantil).

• Fepefu (Federación Paraguaya de Escuelas de Fútbol).

• Fefudce (Federación de Escuelas de Fútbol del Departamento Central).

• Apef (Academia Paraguaya de Escuelas de Fútbol).

• Asopefu (Asociación Paraguaya de Escuelas de Fútbol).

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Exigencias

Requisitos mínimos que deben cumplir las escuelas de fútbol para solicitar su afiliación a la Cofefup:

• Poseer una comisión directiva constituida.

• Contar con una cancha para oficiar de local.

• Poseer un mínimo de 60 alumnos.

• Tener instructores titulados.

• Para que los alumnos intervengan en un partido, deben poseer sus respectivas fichas habilitadas, inspección médica y permiso de los padres o encargados.

Fotos: Javier Valdez y Fernando Franceschelli

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