Opinión

Sintomáticos

Benjamín Fernández Bogado

La corrupción debe ser fácilmente la palabra más comúnmente relacionada al concepto de Paraguay. No hay un solo día que no aparezca asociada a políticos, empleados públicos, fiscales, jueces, policías y ahora: Compradores y vendedores de insumos médicos. Nada parece escapársele a sus efectos. Los vemos en productos de mala calidad, rutas mal construidas, puentes maltrechos, bienes y servicios que superan grandemente sus valores reales. Sus costos son enormes. El país compra por valor de 4 mil millones de dólares anuales de los cuales por lo bajo mil millones representan: Corrupción. Este es el sistema que sostiene este Estado que genera dificultades para vender facilidades. Los síntomas son claros y evidentes. Se presentan ante nuestros ojos todos los días al punto que hemos aprendido a sobrevivir a eso cotidianamente... hasta ahora.

Un país confinado y acostumbrado a los sacrificios cumplió su tarea. Se empobreció de manera drástica y la bajada de las aguas nos permitió ver la mugre que habitaba el lecho del río de la vida. Se mezclaron rabia ciudadana con frustración para expresarse de manera clara con signos de hartazgo cuando vieron venir un avión a medio cargar desde China trayendo lo de siempre: Insumos de mala calidad que tuvieron que ser rechazados única y exclusivamente porque habían millones de ojos observándolos.

Los contratistas del sector los mismos de siempre. Con escaso arraigo ético y con una inmensa red de contactos con políticos que hicieron del Estado un botín que saquear. Los administradores son los mismos que hace tiempo conocen como se manejan las compras del Estado. Expertos en preparar licitaciones a la carta, adendas de ocasión y previsibles en los porcentajes que pagar y recibir. Ese mecanismo bien aceitado tiene muchos años en la práctica solo que ahora la pobreza de este pueblo lo expuso de manera dramática y dolorosa.

La cuarentena se extendió preparando hospitales y comprando insumos. Todo eso quedó en la frustración por no hacer las compras debidas, el mismo equipo que trabajó para el gobierno anterior con su carga de estafadores y mentirosos a bordo.

Responsabilidad de esta administración que no hace ni hizo la tarea de por lo menos “googlear” los nombres de los contratados y que hoy renunciaron. El ministro Mazzoleni no ha querido asumir su responsabilidad, aunque luego las evidencias lo forzaron a admitir las renuncias “agradeciéndoles” los servicios a la institución. Estos nombres virósicos volverán con otros, mientras el sistema no se desmantele por completo. Son los virus que mutan y se hacen más fuertes cuando la vacuna y los antibióticos de la Justicia no hacen su tarea.

La Fiscalía se burla abiertamente de la sociedad. No persigue los delitos, no investiga o acusa tan sospechosamente que todo lo que haga huele a corrupción. Cuando debe aclarar algo lo obscurece o como cuando coloca a la misma fiscala que debe ser investigada a cargo de la investigación de marras o cuando nombra a fiscales a la carta en sonados casos, cuyas conductas dolosas son ampliamente conocidas.

No hay nada más que hacer la tarea. Hay que dragar la suciedad y mugre del lecho de la institución llamada Estado y que los partidos –sin distinción alguna– solo quieren administrarlo para seguir con el mismo mecanismo de robar entre ellos.

En esta condición y con absoluto desprecio a la situación de los mandantes hay que matarlos de inanición. No más impuestos los forzará solo a dos cosas: 1. Aumentar el endeudamiento con alto rechazo y 2. Iniciar una auténtica reforma del Estado. Esto que tenemos no sirve para más, los síntomas son más que elocuentes y la corrupción claramente: Mata.

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