Recomponer la comunidad educativa es la clave para pasar de la simple enseñanza a una verdadera formación integral. La comunidad educativa activa mecanismos de participación real, fortalece la democracia al devolver el protagonismo central a los actores primarios de la educación, y ayuda a superar la fragmentación educativa para alcanzar el bien común.
La educación del país está en el discurso de todos los sectores sociales y políticos hoy en día, lo cual es auspicioso, pero insuficiente.
Hemos constatado, tal como otras naciones, mediante el informe PISA, que el rendimiento académico no es el deseado, y son varios los factores que influyen en ello. Quedarnos en el señalamiento de los fracasos tampoco es la solución.
Una pregunta genuina que surge es por dónde empezar la mejora sistemática de nuestra educación.
El recientemente fallecido pedagogo padre Jesús Montero Tirado (SJ) recordaba que “en Paraguay enseñamos, pero no educamos” por falta de una comunidad real.
Así que fortalecer la comunidad educativa es una de las claves para dar el salto de calidad que todos deseamos.
De hecho, la Ley General de Educación de Paraguay, en consonancia con la Constitución Nacional que habla de la educación integral, establece en el artículo 11 b. que el sistema educativo nacional debe ser desarrollado por la comunidad educativa y regulado por el Estado, y en el artículo 11 i. define que los integrantes de la comunidad son los actores primarios conformados por los estudiantes, los educadores, los padres de familia o tutores, los egresados, los directivos y los administradores escolares que, según sus competencias, deben participar en el diseño, ejecución y evaluación del proyecto educativo institucional.
Este importante rol de la comunidad educativa concreta el derecho de todo habitante del país a una educación permanente, arraigada en su propia cultura, según el artículo 1 de dicha ley.
Además, permite sustituir el verticalismo y el centralismo rígido por un modelo democrático, colaborativo, ético y humano.
La comunidad educativa ayuda a integrar y desarrollar todas las dimensiones personales de los educandos (biológica, psicológica, social y espiritual), superando así la fragmentación que tanto daño hace. Si queremos formar ciudadanos sanos, éticos, participativos, pensantes, autorregulados y profesionalmente capacitados, tenemos que impulsar un estilo formativo comunitario que guíe y armonice el trabajo conjunto de quienes intervienen en su educación.
La comunidad educativa también impulsa el diálogo como método de trabajo indispensable para alcanzar la verdadera excelencia humana integral a la que apuntan los fines de la educación paraguaya.
Hoy en día ya no podemos centrarnos solo en la enseñanza, que es una herramienta instrumental para transferir información y entrenar destrezas específicas, debemos apuntar al desarrollo humano integral, progresivo y permanente de cada estudiante, lo cual no se logra, si la comunidad educativa está distraída, fragmentada o en permanente conflicto.
La escuela sola no puede activar todas las dimensiones personales del estudiante.
Sin una comunidad educativa unida –donde estudiantes, docentes, padres de familia y directivos cooperen de manera orgánica–, el aula se reduce a un depósito mecánico de conocimientos.
Recomponer la comunidad educativa es la clave para pasar de la enseñanza a una formación integral; para eso la comunidad educativa cumple un importante rol: activa mecanismos de participación real, fortalece la democracia al devolver el protagonismo central a los actores primarios de la educación y ayuda a superar la fragmentación educativa. A los efectos del proceso educativo se deben integrar los esfuerzos de la familia, la comunidad, el Estado, los docentes y los alumnos.
La comunidad educativa activa y coordinada contribuye a mantener el ámbito ético y cultural en el que se desarrolla el proceso educativo, proveyendo los elementos característicos que fundamentan la flexibilidad de los currículos para cada región.
La colaboración entre sociedad y Estado tiene en la comunidad educativa un ámbito concreto de realización. Por tanto, la recuperación de la comunidad educativa como espacio de encuentro que apunta al bien común, es una forma realista, legítima y urgente de comenzar la mejora de la calidad educativa del Paraguay.