El Ministerio de Salud informó que se debe tener en cuenta que el consumo excesivo de los chocolates, huevos de Pascua y otros dulces promocionados, especialmente el Domingo de Pascua, puede generar problemas gastrointestinales, como dolores, vómitos y diarrea.
La cartera sanitaria insta a que ante la presencia estos u otros síntomas, se debe acudir al servicio de salud más cercano y evitar automedicarse.
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Menciona además que en caso de no poder evitar ingerir los productos de confitería y chocolates industriales, tener en cuenta la relevancia de no abusar con las porciones.
Recomendó elegir opciones saludables de postres o meriendas, como ensaladas de frutas sin azúcar agregada, brochetas de frutas, manzana asada y compotas de frutas con poca azúcar o edulcorante, tartas de frutas, postres elaborados con leche descremada y sin azúcar, entre otros.
Aclara que no es privarse de alimentos, sino respetar las porciones, optar por lo más nutritivo, evitando aquellos que no aportan nutrientes al organismo o que puedan alterar los niveles de colesterol, glucosa en sangre y la presión arterial.
La costumbre de comer huevos de Pascua
Según se sabe ya los antiguos egipcios acostumbraban a regalarse huevos decorados por ellos mismos con pinturas extraídas de las plantas, para celebrar ocasiones especiales.
Hubo un tiempo en el que se prohibió comer huevos durante Cuaresma. Así sucedió en la Edad Media, cuando el papa Julio III en 1552 dispuso que los cristianos lo pudieran comer recién en un día como hoy, Domingo de Pascua.
Ese día, se producía un intercambio de presentes pascuales para celebrar la Resurrección de Jesús, como forma de festejo. Esto se popularizó con mayor acentuación entre los niños, que corrían por los campos en la búsqueda de algún huevo de Pascua.
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Claro que recién en el siglo XIX aparecen los huevos de Pascua hechos de chocolate, como ahora los conocemos. Los primeros muñecos de chocolate y azúcar se originaron en Alemania, en ese tiempo, y con ellos también un mito que habla de un conejo oculto en el sepulcro de Jesús.
La leyenda dice que el conejo vio cuando Jesús resucitó y salió del sepulcro. De tan alegre pensó que la mejor forma de demostrar su felicidad era repartir huevos de colores en todas las casas para recordar al mundo que Jesús resucitó.
Esta fantasía se nutre cada Domingo de Pascua. En algunos países es ya un ritual esconder huevos de chocolate en algún lugar de la casa y, ni bien se despiertan, los niños van a descubrir los escondites.