02 mar. 2024

Rumores de guerras

  • Víctor Raúl Benítez G.
  • Doctor en Ciencias Políticas y profesor en la Fundación Getulio Vargas
  • P@victoraulb

Tengo una idea. El mundo está en guerra y con crisis superpuestas. Las cuestiones son comerciales, divisas hegemónicas, inflación descontrolada, deuda acumulada, tasas elevadas y crisis bancarias, entre otras. Además, guerras sangrientas, híbridas y proxy. Por un lado, está China. Por el otro, están los Estados Unidos. Sin embargo, que alguien te mande a la China no es despreciable. Según el FMI parecería que ya es la primera potencia económica mundial en PIB medido por la paridad de poder de compra. Y algo más. La teoría del Heartland está cada vez más vigente. Rusia, en plena guerra contra Ucrania, controla regiones enteras manejadas en alianza con la China. La alta dirigencia asiática actúa en consonancia con el zar que era agente de la KGB. Y como dijo Mackinder (John) a comienzos del siglo XX: “Quien controla la región cardial, controla el mundo”. Es la isla mundial. El corazón continental del Asia Central y la Europa Oriental.

Es la geopolítica, estúpido. Hay una transformación tectónica en la geopolítica mundial. Y los paraguayos deben saber leer el nuevo escenario. Las discusiones electorales se concentraron en Dios, Patria & Familia y Patria versus Mafia. No podemos seguir en estériles guerras santas, izquierda versus derecha, buenos versus malos, Cerro vs. Olimpia, mercado versus Estado y oferta contra demanda. Estas son verdaderas minucias. La historia se ha acelerado desde la pandemia. De nada sirve anticipar una visita a Brasilia sin entender en qué anda Lula. Se trata de las grandes ligas. Peor aún, sin poder impedir que el presidente brasileño del BID Ilan Goldfajn desvincule al único vicepresidente paraguayo del ente multilateral. Flojo desempeño de la diplomacia paraguaya.

La guerra de Rusia contra la OTAN, más que contra Ucrania, está llevando al mundo a un modelo multipolar. Y Brasil está pidiendo el balón. Como país futbolero, el presidente quiere jugar el partido de la pacificación global. Dentro del mes pasado, solo en abril, Lula ya viajó a la China, puso a Dilma en la presidencia del Nuevo Banco Mundial de Desarrollo de los BRICS y recibió al canciller ruso Lavrov en Brasilia. Escuchó más y habló poco. Nada mal. Jugada maestra de Itamaraty. Justo en momentos en que la guerra civilizacional en todas las vertientes –comercial, cultural, política y social– está comenzando a tomar cuerpo en el mundo todo.

Algo relevante para el Paraguay, que se nos pasó desapercibido, podría ser la visita de Lavrov al Brasil hace muy poco tiempo y lo que se habría dicho en la reunión sigilosa. No hubo comentarios posteriores. Nada se sabe. Qué le habrá dicho el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia cara a cara a Lula. El Brasil es nuestro principal aliado del Mercosur. Y nosotros queremos vender de nuevo por lo menos carne a la Rusia. Necesitamos negociar en forma Itaipú y aprovechar la energía en un nearshoring agrandado para Brasil.

Supongo que el ruso le dio a Lula una visión integral de la nueva geopolítica, según el punto de vista de Putin. El punto central es Rusia y Ucrania. Parecería una especie de guerra proxy de China con los Estados Unidos. También, es mi hipótesis, le debe haber explicado la rusofobia de los norteamericanos a la luz de la instrumentalización de Ucrania. Todo esto delante de la diplomacia paciente de China, entrenada para ganar al mundo desde hace más de 3.000 años. Además, da para considerar la capacidad militar de Rusia y la diplomacia brasileña, siempre audaz, que pretende protagonizar las grandes articulaciones del mundo. Sin olvidar que eso incluye la hegemonía consensual en el Mercosur en beneficio de los más poderosos, Argentina y Brasil. Paraguay, como país tapón. Esperemos que no seamos desechables a cada mes.

Primero lo primero. Para Lula, siempre está la “patria amada Brasil”. Vale un ejemplo: el exitoso programa Fome Cero. De nuevo, ahora Lula quiere ser el líder más prestigioso de todo el hemisferio Sur dispuesto a mediar para acabar con la guerra en Ucrania y conseguir fondos globales para su fondo amazónico. Ya les sacó plata a los ingleses y a los chinos en guerra contra los primeros por medio de Ucrania. De paso, Lula se encargó de pasarles la factura a los Estados Unidos antes de que le haga soplo por segunda vez. La primera fue con el tema Lavajato y la expulsión de Dilma del poder, dicen los del PT.

¿Qué está en juego? Un nuevo juego ya está en marcha. Es el segundo gran juego mundial que se inicia en el siglo XXI. Y a los paraguayos se nos perdió la pelota. Estábamos procurando evitar el VAR y que no se abra el sobre cuatro en medio de moquetes en plena calle. El primer gran juego ya se dio, también, a comienzos del siglo XX, finales del XIX. Una era de conflictos entre el imperio ruso y el imperio británico. Abarcó, claro, hasta el final de la Primera Guerra Mundial. Ahí fue cuando Mackinder dijo: “Quien controla Eurasia controla el mundo”. Una región que posee enorme cantidad de gas natural, tierras agrícolas, petróleo y minerales. Dicen que.

Estados Unidos. La predominancia norteamericana duró menos de un siglo. Poco, si consideramos que se consolida luego de la Segunda Guerra Mundial. Si ahora comienza a declinar, ojo, es casi nada en la historia universal. Rusia y China se apropiaron del corazón del mundo a partir del nuevo siglo XXI. Y están en contubernio para sacarle la hegemonía al imperio norteamericano. Una especie de debilitamiento del imperio romano del siglo XX. En esto nada tiene que ver el enojo del bajo clero nacional sancionado por el imperio y la victoria del ahijado en las elecciones 2023, aun con declaraciones significativas y congelamiento de activos. Eso es algo insignificante, peor, intrascendente, para la geopolítica del alto clero internacional.

Tipos de Guerras. Jeffrey Sachs dice que hay algunas teorías descriptivas, normativas y predictivas del mundo en estos momentos. Para comenzar, afirma, la geopolítica cambiante tiene que considerar tres categorías de guerras o conflictos. La primera guerra es la de los saqueos imperiales, que se dieron desde la colonización por parte de las coronas europeas, de África, América e incluso parte de Asia. La segunda es la guerra entre grandes potencias hegemónicas. La tercera es la guerra étnica o intercultural.

Las guerras de saqueos incluyen la conquista de la India por el imperio británico, la conquista europea de África, la destrucción de la cultura indígena por los ibéricos al Sur de las Américas e incluso la aniquilación de las naciones nativas norteamericanas por parte de los Estados Unidos. Verdaderos genocidios que la historia no cuenta en toda su dimensión. Las guerras de competencia entre las grandes potencias serían Atenas contra Esparta o la Guerra del Peloponeso, la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, la guerra en Vietnam y la guerra actual en Ucrania. Las dos últimas entran en la subcategoría de guerras proxy. Las guerras étnicas, por ejemplo, Israel y Palestina, entre etnias dentro de Etiopía, India versus Pakistán, etc.

Las guerras de saqueos son guerras de fuertes contra débiles. Las guerras de grandes potencias hegemónicas son guerras de fuertes contra fuertes en carreras de competencia. Y las guerras étnicas son guerras de débiles contra débiles, de miedos contra miedos, una especie de guerras santas. Son choques de cosmovisiones, de culturas, de sociedades religiosas.

Como economista se pueden ver los varios tipos de guerras y qué tienen que ver con las tecnologías y el cambio institucional en cada una de ellas. Cómo la geografía y las guerras interactúan para producir cambios globales a largo plazo a lo largo de muchas eras diferentes. Lo importante es entender que cada épica es inspirada por el cambio tecnológico que impulsó a su vez el conflicto bélico. La actual en Ucrania es la primera guerra de satélites. La Segunda Guerra Mundial fue de aviones y la Primera Guerra Mundial fue de nuevas armas sofisticadas de uso terrestre. Los cambios tecnológicos conducen a cambios de poder relativos entre naciones. Y estos poderes relativos de unos contra otros conducen a las guerras.

Tecnología. Las divergencias tecnológicas lideran las guerras de saqueos. Había exagerada diferencia entre la pólvora y las flechas. Este tipo de conflicto son las guerras de naciones desarrolladas contra naciones subdesarrolladas, primitivas. Las convergencias tecnológicas nos llevan a las guerras entre potencias que compiten entre sí. Un ejemplo fue la máquina de vapor. Hoy son los algoritmos y la inteligencia artificial. El Paraguay no está ni ahí en este tipo de temas. Imagínense que nos vanagloriamos de las locomotoras a vapor en el siglo antepasado que las exhibimos como fierros viejos. Todavía no hicimos la primera revolución agrícola que es la reforma agraria, realizada por Alexander Hamilton en los Estados Unidos, en el siglo XIX. Y no tenemos fábricas de tejido ni de softwares, para decir que podemos hablar de industrialización y economía del conocimiento. Estos son las dos etapas posteriores que deberíamos recorrer.

Las vulnerabilidades compartidas llevan a las guerras de miedos. Son guerras entre empobrecidos, tanto en las áreas de la economía y del desarrollo humano. A mayores niveles medios de ingresos las luchas étnicas o entre familias, incluso dentro de una misma nación, tienden a disminuir. Y viceversa. A menor nivel de ingresos, los conflictos tienden a aumentar. Las batallas entre facciones de colorados o entre colorados y liberales en el Paraguay, por pedazos de poder y por negocios derivados, no es una cuestión de ideología, ni siquiera de identidad. Son guerras de miedos, de pérdidas eventuales de privilegios, o de no poder ganarlos, entre miembros de una misma familia. La gente vota para no cambiar el acceso a las migajas de un Estado caótico que no genera desarrollo humano. Es bajísimo el nivel civilizatorio del Paraguay actual. Existe una guerra civil de baja intensidad donde empobrecidos roban a empobrecidos en las esquinas de los barrios, en el ómnibus y en las veredas.

Conclusión. Mientras tanto, repitiendo, China ya superó a los Estados Unidos en términos de PPP. Tiene una población que es cuatro veces la de la nación norteamericana. China es en el presente muy productiva, innovadora y trabajadora. La geopolítica de un mundo cambiante ve a la China como una amenaza al mundo occidental. Entiendo yo, no porque sea una nación naturalmente belicosa sino porque cada vez más se robustece en términos de intercambios globales. Para eso utilizan el kit de herramientas de una economía de mercado, aunque permanezcan políticamente en una dictadura comunista. Hay que considerar también que los países que se denominan BRICS son hoy en día un grupo más grande que el de los países del G7. Hay una convergencia geopolítica que achicó la brecha divergente de la era industrial donde solo el mundo occidental era desarrollado, fuerte y poderoso. Estamos en una escalada de guerra comercial y guerra proxy entre China y Estados Unidos que esperemos que nunca termine de la peor manera. Porque el fin de la escalada por riquezas y guerras por encargo puede ser una guerra nuclear. Y ese es el fin de la humanidad. No estaremos aquí para contar el cuento. Mientras tanto en el Paraguay, en especial luego de las discusiones y programas electorales, han reducido la política nacional y la geopolítica internacional a una insignificante guerra de narrativas de corte primitivista. Las prioridades para el pueblo paraguayo son evitar ser no binario o que tengamos de nuevo una corresponsalía bancaria específica. Nos estamos perdiendo de ver toda la película. Saludos cordiales.

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