09 oct 2026

Ribereño

Los que han nacido y vivido al menos unos años de su vida a orillas de un río, pertenecen a un micromundo diferente a los de otros lugares. Uno de los ingredientes básicos de esa cultura es la pesca. En torno a esa costumbre, se moldean una forma de mirar la vida, el lenguaje y las vivencias.

Julián Abad Ruiz Díaz nació en San Antonio - departamento Central- , el 19 de febrero de 1953. Esa comunidad, ubicada sobre el río Paraguay, le enseñó las generalidades y los secretos del arte del pescador. Ese aprendizaje incluía la incorporación de valores y actitudes para toda persona vinculada a las aguas cercanas: paciencia, tenacidad, conocimientos de la naturaleza, sabor a victoria y también la virtud de la espera.

Hijo de un obrero del frigorífico San Antonio, fue primero changador temporal, luego empleado efectivo. Paralelamente, siempre que podía, en una canoa, salía de pesca.

A medida que aprendía en qué vientos los peces son voraces y en qué hacen ayuno, cuáles eran las carnadas predilectas para cada tipo de habitante del cauce de agua y, en fin, el lenguaje propio de aquel quehacer destinado preferentemente a hombres, fue forjándose como avezado pescador.

Dedicado a la docencia en su pueblo y también al fútbol como arquero - su físico espigado le hacía ideal para ese difícil puesto- , emigró a lo que hoy es Ciudad del Este, en 1983. Para entonces, su ingenio había producido ya el rasguido doble Qué lindo que es San Antonio. Ya en la capital del Alto Paraná, dictado por la nostalgia invariable de todo paraguayo que muda de hábitat, produjo Te extraño San Antonio. Sin ser músico y mucho menos compositor, trabajó desde su intuición las melodías de sus obras.

A orillas del Paraná, no olvidó su condición de ribereño del río Paraguay.

“Me percaté de que al río Paraná muchos le cantaron, paraguayos y argentinos. Y, sin embargo, del río Paraguay nadie se acuerda. Me pareció injusto que no lo tomáramos también en cuenta, ya que corre desde Bahía Negra hasta Humaitá por nuestro territorio”, explica Julián.

Esa reflexión le inspiró para crear el rasguido doble Ribereño. “Como estaba cerca la fiesta patronal de San Antonio, el 13 de junio, hace un mes - a comienzos de mayo, 2010- , pensé que tenía que traer a esa celebración algo nuevo de mi autoría. Fue así como hice la letra y le puse la música a Ribereño. Hablo del pescador, de la vida a orillas del río, la belleza que hay en ese entorno. El 12 de agosto, en un festival, se estrenó en San Antonio”, precisa.

“Para escribir, recurrí - sigue narrando- a mi memoria, lo que viví y conocí de niño y de grande, e incluso ahora, cuando regreso a San Antonio de vez en cuando, desde Ciudad del Este, donde vivo. Me acuerdo de los espineles, de los diversos tipos de carnada (ñandypa, yvahái) y los peces diversos (pati, boga, mandove, suruvi, dorado y otros), las comidas y todo lo que el río tan generosamente da a los ribereños.”

La canción fue grabada por Marlene Chávez y Gustavo Castillo. “Aunque las referencias me dio San Antonio, omití toda alusión a mi tierra para que la canción sea de todos los que han vivido o viven en las orillas del río Paraguay. La experiencia es común”, concluye Julián Abad.

Como un acto de justicia al río Paraguay, Julián Abad musicalizó sus versos referidos al mundo de los pescadores.

Ribereño

Yo nací en la ribera

de mi río Paraguay,

agua dulce, agua mansa

de riqueza sin igual.

Me despierta en la mañana

el olor del arasa

aromando la alborada

en mi canasta de carnada,

yvahái y ñandypa.

Recostado en mi canoa

veo el cielo reflejar

las estrellas que se bañan

y la luna navegar.

En la sombra del algún sauce,

mataojo o jukeri,

cuando el sol picante quema,

pescaré para la cena

tare’ýi o un suruvi.

Qué hermoso río, el Paraguay;

a cuánta gente vida le da,

y aquel que pesca

siempre tendrá

pan en su mesa,

agua bien fresca

con dignidad.

Tempranito en la mañana,

revisando el espinel,

un pati, pirãi o boga

ajuhúne katuete.

Qué sabroso está el armado

con arroz, hykue’imi,

el sin par paku asado,

a la parrilla algún dorado

o un caldo de mandi’i.

Cuando el río está creciente,

de lejos se pueden ver

camalotes florecientes

adornados de yrupê.

Tantas cosas te da el río,

trabajo, pan y placer,

y el que pescador ha sido,

por más lejos que haya ido,

pescador habrá de ser.

Qué hermoso cielo tu atardecer,

el sol que empieza a enrojecer,

la luna arrastra su anochecer

y las estrellas, siempre tan bellas,

se empiezan a ver.

Soy ribereño, soy pescador,

del río me siento amo y señor;

en mi canoa siempre llevé

algún dorado, paku o armado

o un mandove.

Letra y música: Julián Abad Ruiz Díaz.

Memoria viva

Mario Rubén Álvarez

Poeta y periodista

alva@uhora.com.py