Opinión

Réquiem por un padrino

Andrés Colmán Gutiérrez Por Andrés Colmán Gutiérrez

En lo personal, no le deseo la muerte a nadie. Aprendí que toda vida tiene valor y siempre debe ser defendida, pero en el contexto de injusticia e impunidad que persiste en Paraguay, puedo entender a quienes celebraron la muerte del caudillo colorado condenado Óscar González Daher (OGD). A veces, la muerte parece reparar lo que a un Estado imperfecto le cuesta mucho.

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Al igual que otros clanes políticos y mafiosos en el país, Óscar y su hermano Ramón González Daher empezaron a construir su feudo desde Luque, en los años 80, bajo el padrinazgo de la dictadura. Con participación de hijos, sobrinos y otros parientes, establecieron un sistema de apropiación de inmuebles a través de la usura, prestando dinero a personas necesitadas, con intereses que llegaban hasta el 100%, en un nivel absolutamente ilegal. Cuando el plazo de devolver se cumplía, los deudores acudían a pagar, pero los González Daher no se hacían encontrar. Luego se apropiaban de los inmuebles, por los que ni siquiera pagaban impuestos inmobiliarios, o lo hacían declarando valores muy bajos. En agosto del 2010, Última Hora y Telefuturo publicaron una serie de reportajes investigativos demostrando que OGD —entonces presidente del Congreso— evadía el impuesto inmobiliario de numerosas propiedades, con la complicidad del intendente colorado Raúl Karjallo, del mismo clan. Ya se evidenciaban los nexos de su empresa Príncipe di Savoia en un presunto esquema de evasión y lavado de dinero.

Eran más poderosos que el propio presidente de la República. En el 2002, el fiscal anticorrupción Alejandro Nissen inició una investigación contra altos personajes del mundo político que tenían en su poder lujosos automóviles mau, presuntamente robados. En la lista estaban el presidente Lucho González Macchi, su esposa Susana Galli, y el diputado colorado Óscar González Daher. No tuvo inconvenientes en incautar el auto BMW del jefe de Estado y el Mercedes-Benz de la primera dama, pero cuando intentó hacer lo mismo con el Mercedes-Benz SLK de OGD, este se negó a entregarlo y desde la presidencia del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados (JEM) mandó destituir al fiscal Nissen.

La aparición en el 2017 de unos audios de conversaciones telefónicas que pusieron en evidencia sus operaciones ilegales de tráfico de influencia, marcó el inicio de la caída de quienes hasta entonces eran considerados intocables. OGD perdió su investidura de senador en dos ocasiones, y fue imputado en setiembre del 2018, junto con su hijo Óscar González Chaves. Por tráfico de influencia, fue condenado a 2 años de cárcel, con suspensión de la ejecución de la condena. Por enriquecimiento ilícito, fue condenado a 7 años, pero las argucias legales permitieron que no pisara todavía la cárcel, mientras seguía activando tranquilamente desde el cartismo colorado, logrando que su hijo Óscar sea reelecto concejal y que su ahijado político, Carlos Echeverría, vuelva a la intendencia luqueña.

Este jueves, un ataque cardiaco puso fin a las especulaciones de si acaso iba a conseguir zafar una vez más de la prisión, cerrando un capítulo oscuro de la política criminal paraguaya, aunque sus efectos persisten, según los emotivos y vergonzosos homenajes que le rinden sus aliados. Es que, como en las célebres películas de Francis Ford Coppola sobre los Corleone, siempre hay un padrino buscando reemplazar al que muere o cae en desgracia.

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