06 abr. 2026

Reconocidas y olvidadas

Por Gustavo A. Olmedo B.

Me decía un extranjero residente en nuestro país que una de las cosas que más le llamaban la atención era la especial veneración que aquí se tiene a las madres. Un aspecto cultural que, sin embargo, no se refleja en determinados ámbitos de la sociedad, en normativas legales o prácticas individuales. Es como si este reconocimiento estuviera más determinado por componentes sentimentales o “sentimentalistas”, incapaces de materializarse en medidas concretas que beneficien a las mujeres que han engendrado hijos.

En estos días, las redes sociales y los medios de comunicación, los discursos, las opiniones en general, están colmados de mensajes de alabanza a estas personas que hicieron posible que hoy formemos parte de la vida. El grueso de las autoridades gubernamentales, políticos y legisladores también coinciden con este reconocimiento, pero no actúan en consecuencia, promoviendo mejores condiciones para las mujeres embarazadas o madres con hijos, invirtiendo en servicios de salud materno-infantil de calidad y que sean garantizados en el cotidiano, sin largas esperas en pasillos –a veces sin siquiera ventilador– o con la obligación de formar fila a la madrugada para conseguir un turno o medicamento, además de soportar maltratos de parte del personal médico sin la capacitación necesaria. Es decir, palabras vacías.

Pero también valoran a las madres, en el discurso, los empresarios. Pero son pocos los que respetan la ley al respecto en sus empresas, y muchos menos aún son los que proponen beneficios o ayuda extra a sus empleadas madres. Innumerables son las denuncias sobre el incumplimiento del permiso que por derecho les corresponde para amamantar a sus bebés, por ejemplo. Por ello, es loable la propuesta anunciada por el diputado Juan Nito Bogado, en torno a un proyecto de ley por el cual se pretende que el permiso por maternidad pase de tres a seis meses pagos, y del padre, de tres a diez días pagos, recordando que la lactancia materna exclusiva reduce la mortalidad por enfermedades frecuentes en la infancia. Una medida necesaria en un país con alto porcentaje de puestos laborales precarios.

Pero también, vale decir, que se respeta a la madre –a la nuestra–, aceptando la dignidad de las mujeres en general –futuras madres, quizás–, evitando tratarlas como objetos, asumiendo esa imagen superflua y vacía que de ella ofrece la publicidad actual. La decisión de una mujer que dice sí a la vida de su hijo merece respeto y ayuda concreta. Por ello, para celebrar con justicia este día urge apoyar en las distintas dimensiones de su vida –personal, familiar, laboral o de estudios (ayudarlas a culminar el colegio o la universidad)– a estas mujeres que han dejado sueños y se entregan con amor y sin medida por la vida de otro ser; un gesto llamativo en una sociedad en donde el individualismo es la constante y el amor con sacrificio, un valor olvidado.