Me llamo Ramón Raimundo Silva Fernández tengo 71 años y tengo la licenciatura, maestría y doctorado en Lengua y Cultura Guaraní por el ISL de UNA y el ISE del Ateneo de Lengua Guaraní. También tengo el posgrado en Metodología de la Investigación, Tutoría, Sistematización, Traducción en el CIMEE en Paraguay y otros cursos cortos en el extranjero. Además, estudié Derecho en la UNA hace 40 años, Ingeniería Civil en la UNA hasta el segundo año. Me recibí en la Escuela Municipal de Locución Radial y Televisiva como locutor de radio y televisión y lo ejercí en Ysapy, Cardinal, Primero de Marzo, Nacional, Cáritas, Cordillera, Horizonte, Universo y luego estudié en el SNPP Marketing y otros oficios.
Nací en el barrio Tacumbú a cuadras del cerrokue, peteî jakuápe y estuve en el Comando de Ingeniería, Transmisiones y RI 14, donde serví a mi patria con gallardía y honor en el cuartel como cimeforista. Mis camaradas me llamaban gua’i por ser zurdo.
Crecí siendo un mitã’i akãhatã alrededor y dentro del Cementerio del Sur, y a media cuadra de la cancha de mi querido club Independiente de Barrio Obrero. Nací el 7 de enero del 1954, hace 71 años y realicé toda mi primaria en la escuela “Chavito”, Presidente Federico Chávez en la ladera del cerro y que hoy es el lago artificial Tacumbú canterakue. Allí nací y viví con mi abuela y sus hijos, mis tíos queridos y sufridos.
Infancia de lucha
Mi infancia fue muy triste, pero le buscaba el lado para jugar balita, trompo joka, pandorga kururu ñemboveve ha sokoreka soko soki, tuka’êkañy, tambo, kurtu. Para darles de comer a mi abuela, tíos, mamá y mis hermanos juntaba tomate tujukue, huesos, frutas podridas para darles de comer a ellos. Vendía diarios, caramelos, frescales, chicle, pororó en cono, empanadas que yo mismo hacía, en los estadios del Sajonia, Atlántida, Sol de América y Cerro Porteño y así salimos adelante. Trabajé como burro huyendo con terror y pavor de la pobreza, la miseria y el hambre, la ignorancia y la falta de trabajo para mí y de toda la gente de mi barrio, Bañado Sur.
Mi amor al idioma guaraní le debo a APA, donde estudié música, teoría y solfeo. El guaraní en la grafía tradicional aprendí con el profesor Brítez Fariña, Félix Fernández, Gumersindo Ayala y otros. Luego en pos de la grafía científica pasé al Instituto Superior en Ciencias Lingüísticas Enseñanza de Guaraní y Castellano (Idelguap), donde plantaron la segunda semilla de mi amor al guaraní los discípulos de Reinaldo Decoud, el profesor Pedro Molinier y Almidio Aquino.
Kay’uhápe
El programa Kay’uhápe surgió en la noche de golpe en Radio Cáritas. De ahí pasé a Primero de Marzo y conocí a mi jefe y maestro, Getulio Arrúa Vinader, Vicente Marzal, Mario Bogado, Benjamín Fernández, Bianchi y otros como el General Rodríguez y su la familia Gustavo Saba y Mirta. Hace como 35 años que estoy en el SNT, que fue el primer canal bilingüe, y nunca me fui a otro medio por lealtad, integridad y agradecimiento.
Creo que el momento más destacado de mi carrera fue cuando el diario Popular publicó mi primer Diccionario Neológico Escolar en fascículo durante un año. Desde entonces no paro de investigar en el área lexicográfico en el guaraní como modelo oficializado de lengua del aula actual, desde la formalidad como miembro de la Academia de la Lengua Guaraní, con la creación de palabras neológicas.
Además, investigué el habla actual desde la oralidad como lengua viva, legítima, pero no oficializada ni formalizada. Un momento alto para mí fue cuando, hace 25 años, se oficializa la creación de la cátedra de Guaraní Jurídico en Nomenclatura en la Facultad de Derecho, UNA.
Seguidamente se me contrató en el Poder Judicial como profesor de guaraní para los juicios orales y públicos antes de implementarse el tema. Luego pasé a ser el primer traductor de los juicios orales, comenzando mi carrera matriculado por la Corte como traductor, intérprete, perito lingüístico y el primer contraperito.
Hoy soy traductor oficial de las plenarias de la Corte Suprema de Justicia. Lo máximo para mí en mi carrera es haber concluido los 50 tomos del diccionario en sus perfiles guaraní-castellano y castellano- guaraní y cada uno con 70 mil entradas para uso oficial por dos acordadas de los juicios orales.
Con respecto a mi salud crítica se me encimaron todos los riesgos, como arritmias en el corazón, hueso necrosado de la mandíbula como consecuencia de la radiación de la radioterapia convencional que me realizaron junto con quimio hace cinco años y ya con metástasis y una infección grave.
Ahora saltó otro tumor maligno en la mandíbula como un ju’ái interno que me iba acogotando sin poder ya tragar ni respirar bien. Los mejores médicos paraguayos y extranjeros decidieron correr el riesgo y empezar ya la primera quimio en el Instituto de Previsión Social (IPS) y de vuelta, gracias a Dios y la Virgen María, me sentí rodeado de hechos milagrosos y aguanté todo el goteo lento de las tres drogas.
El legado que quiero dejar a toda la comunidad paraguaya, extranjera y estudiantil, que me apoyan en esta situación crítica de mi salud, es devolverles 35 años de mi trabajo de investigación de la lengua viva con sus frases y palabras en todos mis diccionarios. Llegar hasta el último rincón pobre del país, lo que es de ellos, de su cotidianeidad creativa y rica y no cobrarles ni un guaraní. Eso solo es posible si el Congreso lo declara patrimonio vivo de la nacionalidad paraguaya.
Yo quisiera superar esta situación de riesgo de mi salud que duraría aproximadamente más de cuatro meses y regresar con vida para coordinar, por un lado, el cumplimiento de mi sueño y servirles como herramienta de difusión de la palabra de Dios en guaraní para todos los continentes con mis amigos influencers y la juventud actual con sus redes sociales.
Eñeha’ã toroipytyvõ he’i Ñandejára y yo hice por mi patria y por la realidad sociolinguística del ámbito del Poder Judicial y por los televidentes. Gracias a todos, esto que les dejaré a ustedes es una muestra hasta donde alcanza la dimensión de mi amor por todos los paraguayos. Como ser humano propongo, pero Dios es el que dispondrá. A eso me aferro y a eso me entrego.
El legado que quiero dejar a toda la comunidad paraguaya, que me apoya en esta situación crítica de mi salud, es devolverles 35 años de mi trabajo con sus frases y palabras en todos mis diccionarios.