Señaló que es normal que sus colegas desconozcan algunas cuestiones administrativas y por eso muchos expresaron su sorpresa por los gastos en que se incurre en la sede parlamentaria.
Indicó, sin embargo, que está seguro que cuando los diputados trataron el Presupuesto de Gastos de la Nación y aprobaron el presupuesto de la Cámara “habrán tenido conocimiento de todo lo que es el presupuesto”. “Acá no hay otra cosa que la aplicación normal de un presupuesto, que está dentro de las potestades que tiene el administrador”, acotó.
Señaló que tal vez no sea indispensable el servicio gastronómico de la Cámara Baja, pero que es un gasto necesario por el trabajo que se tiene. “No es indispensable, así como otros gastos pueden ser o no indispensables o pueden o no ser necesarios. Ahora, es la potestad del administrador utilizar lo que la ley le permite”, argumentó.
El legislador sostuvo que no tomó las atribuciones sin tener el respaldo de una ley que habilita a la Cámara de Diputados a hacer ese tipo de llamado a concurso. “No utilicé otros tipos de servicios, sino aquellos que la ley justifique”, añadió.
La Cámara Baja llamó a licitación y adjudicó por G. 2.450 millones en servicios gastronómicos y tras publicaciones periodistas referentes al despilfarro que eso implica, Ramírez decidió recortar el presupuesto de las comidas en un 50%.