Por Fátima Schulz / Fotos: Fernando Franceschelli
Por el pelo de hoy, ¿cuánto gastaste?”, cantaba Luca Prodán con la mítica banda argentina Sumo en la década del 80. Y es que el peinado es una parte fundamental de nuestra imagen y a veces no importa el precio que paguemos por un look. Al igual que la ropa o la música, la manera en que se lleva el pelo va siguiendo tendencias.
Hoy en día, cuando el mundo está tan globalizado y las modas están a la orden del día, el pelo, al igual que la música, el arte callejero o el cine, se convirtió en una forma de expresión.
La cresta, el mohicano, los rulos, el rapado, las rastas y los colores más extrafalarios que se pueda imaginar se instalaron en la sociedad gracias a una generación que busca romper esquemas y marcar la diferencia. ¿Los motivos? Libertad, moda, independencia, originalidad. La única certeza es que todo vale a la hora de transmitir un mensaje.
“En general, la dueña de los colores es la Generación Y. Supongo que tiene que ver con el contexto que posee y ese sentido de mayor libertad. La franja de edad de entre 18 y 28 años creció más integrada a internet y al mundo virtual, eso les hace ver todo de forma distinta al resto”, explica Tote Pascual, estilista y director de la peluquería Raio Bemba. Según él, la primera característica en común que tienen quienes van a hacerse un peinado raro es que no trabajan en bancos. La razón es más que evidente, los looks extrafalarios y las oficinas simplemente no van de la mano.
Para Ismael Frutos, estilista y asesor, se trata además de una cuestión de actitud y de tener una personalidad fuerte y definida. “Es difícil que una chica tímida o cohibida decida llevar un look llamativo, ya que hay que ser consciente de que atraerá muchas miradas llevando un estilo diferente”, añade.
La creciente tendencia de teñirse el cabello y hacerse peinados locos viene de los años 70. “Esa época vio nacer una estética psicodélica, en que los colores eran parte de ese lenguaje. Pero la cresta, por ejemplo, no nació con los punkies, sino que ya fue parte de una estética tribal centenariamente más antigua”, agrega Tote.
Así como los tatuajes o la vestimenta, la idea de transmitir un mensaje subliminal a través del cabello está en auge. Ante esto, ambos profesionales coinciden en algo: “Todos queremos ser libres y el pelo es una forma de transmitirlo”, afirma Pascual. Por su parte, Ismael considera que muchos recurren a los peinados y colores fuera de lo común para deshacerse de tabúes y estigmas. “Antes se creía que llevar el pelo largo y virgen era una cualidad. Pero el largor del cabello no tiene por qué ser sinónimo de belleza. Esta tendencia de hoy es una especie de liberación y hasta un tipo de declaración de independencia e individualismo en mujeres y hombres actuales”, afirma tajante.
Rojo, platinado, agua marina. Rastas, hipercortos y mohicanos. Sobre gustos no hay nada escrito. Suena a cliché, pero todo es válido a la hora de destacarse. ¿Algún requisito a tener en cuenta a la hora de elegir un look? Si se habla de peinados, para Tote no existen reglas: “En particular, esta generación se inhibe poco y se pinta mucho. Y eso está bueno, porque cuando se trata del pelo, todo es reversible”, asegura.
Hay de todo en la viña del Señor. Así que no se sorprenda ni se asuste de quienes se atreven a ir más allá de los límites y experimentar con estilos fuera de los cánones normales. Usted, ¿se animaría a probar?
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Sin rastas no hay paraíso
Un ser libre
Pelo largo, corto o rapado, Martita no le tiene miedo a los cambios que le generen sus looks. Ella, que desde hace seis años se pasa recorriendo Sudamérica cantando y estudiando música, recuerda especialmente una anécdota vivida en Buenos Aires. “Tenía el cabello largo y con los colores del arcoíris, y la gente se acercaba a pedirme una foto por lo llamativo de mi look”, refiere. Y quizás sus constantes viajes acompañen a sus cambios de peinado buscando transmitir libertad.
Diferente y feliz
Siempre le gustó cambiar su look, pero hace más de un año, cuando salió de trabajar en un banco para entrar en una agencia de publicidad a ejercer su profesión, fue cuando empezó a variar su peinado. Verde, agua marina, gris, azul, rosa y lila son solo algunos de los colores que ha probado. Las miradas de sorpresa entre amigos dejaron de aparecer. Saben que es parte de su personalidad y que un color no le va a durar más de una semana. Nunca pasa desapercibido.
Cambiar, siempre cambiar
Pelo largo y rulos perfectos. Así era el cabello de Verona antes de decidir cortárselo y dejarse el mohicano al medio. Mucho antes lo tenía cortito y en color rojo. Después se lo dejó crecer y se rapó a ambos lados, dejando caer su extensa melena enrulada por encima. La solían llamar Skrillex, en referencia al DJ y productor norteamericano que tiene un look similar. Ahora decidió ir al extremo y se dejó solo un poco de cabello en el centro. Hace poco, un compañero halagó su personalidad para animarse a cambios rotundos. “Lo bueno es que el cabello siempre crece”, es su premisa. Lo suyo es pura actitud.
Reflejo de lo interior
Simbolismo atemporal
Desde tiempos arcaicos, el cabello es considerado una expresión de la fuerza y energía del cuerpo como símbolo del poder espiritual. Por lo general, se cree que llevarlo suelto denota libertad, incluso cierto desenfreno, aunque en el cristianismo representa la penitencia o la inmaculada santidad. Además, la Biblia señala al pelo como el pase a la santidad y tiene connotaciones machistas al mencionar que el cabello corto de un hombre es símbolo de su autoridad y que el pelo largo y virgen de una mujer representa la sumisión a la autoridad.
Tal ha sido siempre su importancia, que ya en el Antiguo Testamento se aborda el tema a través de la historia de Sansón, cuyas hazañas de fuerza radicaban en su larga cabellera. La ambiciosa Dalila descubre su poder y lo traiciona cortándosela mientras duerme, convirtiéndolo en un hombre débil y vulnerable.
Para los rastafaris, la cabellera larga y desgreñada es símbolo de su propia comunidad, que considera que llevarlo así representa la oposición a las normas de la moda común. Es decir, la intención de ir a contracorriente.
Sin embargo, contrastando estas creencias, en muchas sectas budistas, monjes y monjas se rasuran la cabeza como signo de humildad, con la intención de imitar a Buda, quien cortó su larga cabellera después de tomar la decisión de llevar una vida de asceta, que implica renunciar a bienes materiales y dedicarse a la propia espiritualidad.
Como verá, historias y leyendas que tienen al cabello como protagonista sobran.