Economía

"Proponemos una economía climáticamente inteligente”

Mientras el bosque se quema, es hora de pararse a analizar esta situación que afecta a todo el país y ver cuáles prácticas toca cambiar para no seguir colaborando con la degradación de nuestro ambiente.

El incendio de los bosques nos afecta a todos en diferentes niveles. Óscar Rodas, director de Cambio Climático y Políticas de WWF en Paraguay, reflexiona sobre los efectos del cambio climático en la economía, y cómo nuestras formas de producción y consumo contribuyen al calentamiento global. Afirma que Paraguay puede mantener sus bosques y seguir siendo un país productivo.

–El cambio climático ¿tiene efecto en la economía?

–Absolutamente, hay un estudio hecho por la Cepal en el año 2015 y ya llegaban a una conclusión, de que le iba a afectar anualmente a un 3% del PIB, y se está cumpliendo.Nosotros vemos las noticias del estado de la economía y decimos: tuvimos un año agrícola malo, en el 2019 comenzamos con inundaciones, después sequía y ahora los incendios; bueno esas son las oleadas del clima nuevo que nos toca vivir, donde los extremos van a ser cotidianos. La economía se ve afectada por el cambio climático en el Paraguay, por la frecuencia, intensidad y daño de los eventos extremos. Pero también impacta en la economía de una manera menos evidente, que es la salud pública. Si nosotros vamos a cuantificar cuántas consultas adicionales tuvieron que hacer los grupos sensibles de la población en relación con afecciones broncorrespiratorias, en estas últimas semanas que tuvimos incendios, y cómo eso afectó a la previsión de un año normal del sistema de salud pública; esos millones de dólares no siempre son evidentes en un estudio económico.También trabajamos con comunidades campesinas y ellos sienten el impacto, dicen; el año pasado tuvimos tres semanas de sequía aquí en Alto Paraná, este año estamos teniendo cuatro semanas de seguido ya, eso hace que retrasemos más el inicio de nuestro año agrícola. Cada año un lugar como Alto Paraná, que debería ser húmedo y lluvioso, se está volviendo un sitio donde ocurren estas sequías durante el invierno. Los pueblos indígenas y las comunidades campesinas son muy conscientes de que el clima ha cambiado porque afecta su ciclo natural de trabajo.

–Como país agroganadero, ¿ayudamos a acelerar esos cambios?

–Más del 90% de las emisiones de gases de efecto invernadero tienen que ver con la pérdida de los bosques. Hay que sumarle al metano del sector agrícola, porque, por un lado tumbaste el bosque y pusiste vacas; y el metano es 300 veces más potente en el efecto del calentamiento global. El dióxido de carbono permanece por siglos en la atmósfera; el metano permanece por décadas, pero es más potente. En el Paraguay somos 7 millones de habitantes y 14 millones de cabezas de ganado, por cada persona hay dos cabezas de ganado, aunque también se produce metano en los rellenos sanitarios, donde tiramos la basura orgánica con los plásticos, por ejemplo. Es un circulo vicioso, de alguna manera nuestra economía esta atrapada: “No me va bien en mi cosecha de soja porque no llueve y no llueve porque yo eché el bosque y el planeta está más caliente y no puedo salir de eso”. La pregunta para la economía paraguaya sería: “¿Cómo salimos de ese círculo donde el problema que afecta tu economía está relacionado con los efectos de tu propia actividad?”.La solución que proponemos para la economía del cambio climático es lo que le llamamos la economía climáticamente inteligente: tenemos energía hidroeléctrica, abundante luz solar, vientos; hay que empezar a cambiar la matriz energética, generar empleos distintos a los del sector primario, etcétera.

–¿Existe otra alternativa para la actual forma de producción de soja?

–Como WWF en el 2015 fuimos parte de la formación de la llamada mesa redonda de la soja responsable, que se fundó en Foz de Yguazú, junto con el sector privado, la sociedad civil y con los productores, y hubo un consenso generalizado sobre que las externalidades negativas, los impactos negativos en la economía, en la salud, en el territorio de la soja, eran tan evidentes que se tenía que repensar el modelo de producción, en el sentido de asumir la responsabilidad del impacto que el sector privado está generando. En esa acta se definieron los impactos más importantes: la presión para la migración de las poblaciones rurales, la degradación de la calidad de los recursos hídricos y del suelo, y también el impacto en la distribución de la mano de obra. Nos involucramos porque nos dimos cuenta de que la forma en que se encaraba el tema de los granos no tenía un futuro, que fuera sostenible, pero lastimosamente en Paraguay no estamos logrando la adhesión de una gran cantidad de empresas productoras de soja a ese estándar.Al final, la mesa creó un estándar de producción de soja, es decir, como un chek list para reducir esa externalidad negativa y actualmente tenemos cinco empresas adheridas. Paraguay no tiene un estándar de producción sostenible; Senave no tiene un estándar.

–¿No hay regulación?

–Hace poco una alta funcionaria del BM la señora Ruth Sotomayor comentó que hizo un recorrido por las zonas rurales del Paraguay y encontró que la distancia mínima del cultivo de soja ante las escuelas, poblados y caminos vecinales no se observaba en ningún momento que se cumpla. Hay que tener en cuenta que nuestra legislación dice que tiene que haber una barrera vegetal, que en realidad debería ser una barrera forestal porque vegetal puede ser un pasto al lado del camino. Tenemos muchas leyes ambientales, agrícolas, tenemos un marco legal profuso, pero la aplicación de las leyes es el principal problema.

–Lo que nos lleva a la falta de políticas públicas.

–Yo soy director de cambio climático y políticas públicas, a mí me toca acompañar el desempeño del Gobierno, y en cambio climático tenemos una política de cambio climático y una ley, pero no hay financiamiento para que los programas se lleven a cabo. A nivel gubernamental, tenemos políticas públicas muy débiles que no tienen financiamiento ni continuidad, lo que lleva a que el desarrollo de nuestro país se da de una manera muy desordenada y eso afecta a la economía, nos expone ante el cambio climático.

–Ayudaríamos cambiando nuestra forma de consumo.

–En WWF pregonamos junto con Naciones Unidas el consumo y la producción responsables, que está englobado en uno de los objetivos de desarrollo sostenible. Cuando cultivamos tomate o locote, con los campesinos aprovechamos la tierra y el agua, y luego no hay un mercado que pueda absorber y eso se tira, con la leche pasa lo mismo. Si no hay políticas públicas para que el campesino plante y tenga asegurado un mercado, eso se pierde; y al final un tercio de todos los alimentos que producimos o se pierden o se desperdician. Nosotros insistimos mucho en que debe haber una cierta racionalidad para evitar el paradigma de que faltan alimentos, echemos bosques, mientras que un tercio de lo que producimos o se pierde o se desperdicia. Entonces, ergo no hace falta tumbar más bosques porque lo que tenemos que hacer es repensar nuestros hábitos de producción y consumo, hábitos y forma de producir y consumir, y desde WWF damos el mensaje de que el consumidor tiene una responsabilidad clave en sus hábitos. Nuestra posición es el consumo responsable, ya sea lo que consumas, tenés que entender cuál es el impacto que ese tipo de alimento está produciendo. Paraguay es el cuarto productor mundial de soja, pero tenemos la mayor desnutrición infantil en el continente, entonces, qué quiere decir producir alimentos para exportar commodities y tenemos desnutrición infantil; ahí es lo que yo creo que la seguridad alimentaria, la soberanía alimentaria los hábitos de consumo la producción responsable son elementos que nosotros tenemos que apoyar.

Cómo salimos de ese círculo donde el problema que afecta tu economía está relacionado con los efectos de tu propia actividad.

Paraguay es el cuarto productor mundial de soja, pero tenemos la mayor desnutrición infantil en el continente.

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