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CIUDAD DEL VATICANO
Elegido Papa hace un año, León XIV ha visto cómo su estilo, caracterizado por la moderación, queda opacado por el choque frontal con el gobierno de su compatriota Donald Trump, que ha puesto sus llamamientos pacifistas en el punto de mira.
Desde su elección el 8 de mayo de 2025 al frente de la Iglesia católica, el mundo esperaba ver con especial interés la relación de Robert Francis Prevost con su país natal. Lo que se perfiló fue un duelo entre el primer pontífice estadounidense de la historia y las ambiciones belicistas de Trump.
Pero durante meses, este políglota de la orden de San Agustín y ex misionero en Perú, donde incluso se nacionalizó, ha cultivado una sobria prudencia teñida de discreción, que contrasta con la espontaneidad de su predecesor argentino Francisco (2013-2025).
León XIV impone su escucha metódica y sus prioridades sociales: Lucha contra la pobreza, peligros de la inteligencia artificial (IA), justicia ambiental y defensa de la paz.
Partidario de una gobernanza más transversal que asocie estrechamente a los cardenales, también delega en los asuntos más delicados.
Hasta el punto de permitir que la jerarquía católica estadounidense denuncie ciertas decisiones de la administración Trump, en particular sobre la política migratoria y la violencia policial.
En noviembre de 2025, los obispos estadounidenses publicaron así una carta sin precedentes en la que denunciaban la “difamación” de los extranjeros y los atentados contra la dignidad de los inmigrantes.
Se trata de una estrategia asumida en Roma, destinada a mantener un diálogo con Washington sin renunciar a una respuesta moral.
“PASTOR”. Pero la “diplomacia de la fuerza” denunciada por León XIV acabó reduciendo su margen de maniobra, y empujándolo a salir de su reserva.
Primero en enero, cuando criticó una guerra que “ha vuelto a estar de moda” y luego con el inicio a finales de febrero, de los bombardeos de Estados Unidos e Israel que desataron una guerra con Irán, cuando calificó de “inaceptables” las amenazas de Trump de “aniquilar la civilización iraní”.
Para Christopher White, de la Universidad de Georgetown en Washington, esta “fuerte reacción” del Papa está provocada, en particular, por los esfuerzos de la administración Trump de “recurrir constantemente” al lenguaje religioso para “justificar la guerra”.
Una homilía pacifista pronunciada por León en plena Semana Santa en el Vaticano provocó la ira de Trump, quien lo califica de “débil” frente a la criminalidad y de “incompetente” en política exterior, lo que desata una ola de indignación.
Aunque asegura no tener “miedo” a la administración estadounidense, el pontífice se niega a entrar en una escalada verbal y prefiere mantener el debate en el terreno moral.
El jefe de la Iglesia católica “no desea presentarse en la escena internacional como estadounidense, como representante de una superpotencia, sino como un pastor que representa a una Iglesia universal”, añadió White, autor del libro “Papa León XIV: Dentro del cónclave y el amanecer de un nuevo papado”.
“Por eso no quiere que cada una de sus palabras se perciba como una respuesta directa a Donald Trump”, consideró.
TIRANTEZ CON TRUMP. La visita del secretario de Estado estadounidense, el católico practicante Marco Rubio, prevista para hoy en el Vaticano, confirma la importancia que tiene para Washington la Santa Sede como un factor que no debe descuidarse en la escena diplomática.
Según los medios italianos, esta audiencia privada tiene como objetivo intentar descongelar las relaciones bilaterales, aún tensas el lunes por una nueva acusación de Trump, quien, en una entrevista televisiva señaló al papa de “poner en peligro a muchos católicos” al acusarlo de aceptar que Irán posea armas nucleares.
En medio de la reciente gira papal por África, el duelo a distancia con Trump amplificó el eco del estilo más firme adoptado por León XIV, quien denunció frontalmente la corrupción, las desigualdades sociales y la violación de los derechos humanos ante líderes que llevan décadas en el poder.
La prensa internacional lo ha visto como un punto de inflexión, por primera vez, el pontífice no dudó en recurrir a un vocabulario contundente para resaltar la urgencia de la paz. ¿Es este cambio solo fruto de la coyuntura o será duradero? ¿Surgirá un León XIV más aguerrido bajo el oro del Vaticano?
Los analistas coinciden en un punto el Papa, oriundo de Chicago, no tiene prisa. A sus 70 años, en buena forma física, es consciente de que tiene ante sí un horizonte relativamente largo.
Curiosidades y aficiones deportivas del Papa
Al margen de la solemnidad de su cargo, León XIV tiene gustos sencillos que lo hacen más cercano es aficionado al tenis y a la natación, y lleva un reloj inteligente bajo la sotana.
Aunque ya no va al gimnasio, sigue disfrutando del deporte, una de sus pasiones, durante su día libre (los martes) en Castel Gandolfo. Orgulloso de ser de Chicago, León XIV es un fiel seguidor del equipo de béisbol de los White Sox, y repite con alegría el eslogan del equipo cuando alguien lo grita en plena calle, a su paso en coche.
Diplomado en Matemáticas, nunca se salta su partida diaria de Wordle, un juego en línea en el que los jugadores deben adivinar una palabra en seis intentos, compitiendo con su hermano John.
León XIV tiene un estilo discreto que contrasta con el de su predecesor argentino, Francisco, conocido por su espontaneidad y su temperamento a veces acalorado.
El estadounidense, que habla con soltura en italiano, español e inglés –su lengua nativa–, pocas veces hace comentarios improvisados. Escucha, pregunta y prefiere pensarse las cosas un tiempo y no tomar decisiones precipitadas.
El pontífice, de 70 años, recuperó algunas tradiciones que Francisco había dejado de lado, como llevar la ‘mozzetta’ roja, una capa corta, para actividades formales. AFP