19 may. 2026

Pobres, pero “delicados”

Por Miguel H. López | En TW: @miguelhache

¿El pobre por ser pobre debe aceptar lo que sea, sin reclamar ni poner condiciones?

En estos días, en internet, se desató una polémica a partir del titular de un portal digital de noticias, sobre el rechazo de grupo de inundados a ocupar unas viviendas ofrecidas por el Gobierno en la ciudad de Itauguá, a unos 30 kilómetros de Asunción.

La negativa de los anegados se basaba en que no existen la infraestructura ni las condiciones necesarias para poder subsistir, ya que tienen sus fuentes de ingreso en el microcentro o en su defecto en el río. De igual modo indicaban que, evaluando la situación, si bien las casas y el lugar son lindos, no reúnen las condiciones para que puedan subsistir en el sitio.

Este rechazo desató la vena discriminatoria, prejuiciosa y hasta antipobre del paraguayo medio para arriba (con muchos de abajo también), salvando las excepciones. Dijeron de todo de los inundados, menos que tenían razón. La naturalización de que el pobre, por serlo, debe aceptar todo sin objetar es tan extendido y perjudicial, como aquella práctica de la dictadura aún arraigada de esconder al hijo con retardo o alguna discapacidad; o pedir al pariente gay que se calle para que el resto no hable mal de la familia, etc., etc.

Más allá de que en los bañados o entre los inundados existen personas de diferentes estratos económicos, que son víctimas de las crecidas, el asunto de fondo no es que los “pobres” sean el problema. La discusión sincera, sensata y madura debe ir por lo que en realidad el Estado debe hacer –como manda la Constitución– para el bienestar de la población. Los bañados podrían ser confortables lugares donde estas mismas personas puedan vivir sin perder pertenencias ni soportar el desarraigo cíclico. La construcción de una franja de defensa costera bien hecha, sin sobrefacturaciones ni chambonadas, puede permitir eso. En vez de las casitas ofrecidas sin comodidades, con fondos de Itaipú, podrían haber hecho la valla de contención. Con esto también se anula aquella historia de que los “pobres” ocuparon el lecho del río y que se banquen. Holanda “robó” territorio al mar y lo ocupó, pero ese país tiene un gobierno serio y un Estado responsable. Aquí acaba la discusión al respecto.

La mayoría de las personas ejercita el juicio fácil e irresponsable cuando del menos pudiente se trata. La gente tiene derechos, lo dicen la Carta Magna y todos los convenios internacionales ratificados por Paraguay. Pero se prefiere atacar a quienes quieren vivir con dignidad cubriendo gran parte de sus necesidades básicas, aunque modestamente. Pero no nos animamos a señalar al Gobierno por sus incumplimientos hasta criminales.

Yo quisiera, solo por escarmiento, que a esos que levantan juicios tan fáciles les toque vivir un solo día en la piel de un inundado. Solo un día, para luego preguntarles qué se siente. Me gustaría...