Petrobras anunció el abandono completo de dos grandes refinerías premium en fase inicial de obras, con las que aumentaría un 50% su actual capacidad de procesamiento de crudo, y comunicó aplazamientos en las otras dos plantas que construye en Río de Janeiro y Pernambuco.
La presidenta de Petrobras, Graça Foster, afirmó que, debido a sus acuciantes problemas para captar financiación, la compañía será “selectiva” y concentrará sus fuerzas en la exploración y producción de crudo dejando de lado otras áreas de negocio, como el desarrollo de su capacidad de refino.
Otro factor que influyó en la decisión de cancelar las nuevas plantas fue la bajada del precio del petróleo, que hace más barato importar gasolina que invertir en refinerías, cuyo costo se había disparado. Brasil no construía refinerías desde 1980 y fue Lula quien apostó por hacer nuevas plantas, con el propósito de crear miles de puestos de trabajo e impulsar la industrialización de la región noreste, la más pobre del país y donde se fijó la ubicación de la mayoría de las plantas por decisión política.
Las refinerías premium iban a permitir que Brasil se convirtiera en un exportador de gasolina y diesel a partir de 2020 y de gas licuado (GLP) a partir de 2025, aunque a un “costo elevado”, según explicó el experto Alexandre Szklo, profesor de la Coordinación de Programas de Posgrado en Ingeniería (Coppe) de Río. efe