05 abr. 2026

Pesca milagrosa

Hoy meditamos el Evangelio según San Juan 21, 1-14.

“La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces”. Después de una noche de fatiga aparentemente inútil, basta un instante a Jesús para regalar a los discípulos mucho más de lo que podían esperar. Dios es el autor de toda nuestra eficacia.

Pedro y los discípulos parece que se han agotado inútilmente. Después de una noche de trabajo no han conseguido pescar nada. Ya amanece y es tiempo de abandonar la faena, recoger los bártulos y esperar otras jornadas mejores.

Nada nos dice el relato evangélico sobre la posible frustración y el enfado que se pudo apoderar de estos discípulos, pero es fácil imaginar que así fue… nadie que trabaja durante una noche entera permanece impertérrito ante un fracaso tan sonoro.

Sin embargo, nada fue en vano. Posiblemente, fueron los minutos mejor invertidos en el oficio de la pesca por parte de Pedro, Tomás, Natanael y todos los demás. La barca regresa totalmente vacía por expresa voluntad divina. Porque la barca, cuanto más vacía se encuentre, más predispuesta se halla para recibir el milagro generoso de Jesucristo resucitado. A los primeros discípulos les debe de quedar claro que es Dios quien provee.

Que ellos no pueden hacer nada por sí solos… Jesús ya se lo había dicho: “Sin mí, no podéis hacer nada”, pero ahora se lo recuerda de un modo plástico, real.

Toda una noche de fatiga para conseguir… nada y, basta simplemente cumplir una sencilla indicación del Maestro: “Echad la red a la derecha”, para que las redes se llenen de 153 peces grandes.

Nosotros debemos presentarnos con nuestra barca también vacía. Vacía de nuestro orgullo. Así, nuestro buen Dios derramará abundantemente su gracia. Es cierto que conseguir una barca vacía supone generalmente fatigas y humillaciones. Pero vale la pena.

(Frases extractadas de https://opusdei.org/es/gospel/2024-04-05/)

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