Por Mario Rubén Álvarez - alva@uhora.com.py
Después de urdir y ejecutar mil y ochenta trampas a su prójimo -pobres como él-, reyes, príncipes y curas, en un día que se creía era de dicha para la humanidad, murió Perurimá.
Su destino directo fue el Cielo. No era porque al menos en los últimos instantes de su ajetreada vida se hubiera arrepentido a tal punto de lograr el perdón divino sino porque había elegido ese itinerario para sí mismo.
Al llegar a las puertas del Reino, golpeó la puerta.
-¿Quién es?-, le roncó el amo de llaves celestial ya al tanto de la identidad y la pretensión de la no grata visita.
-Soy Pedro Urdemales y vengo a gozar de la gloria que el Todopoderoso prometió...-, replicó Perú con la intención de que San Pedro sufriera de amnesia y recordara solo su nombre paraguayo, no el que había traído de España y con el que cruzó con náuseas el borrascoso océano.
-¡Para vos no hay lugar!-, le rugió el barbiblanco.
Perurimá conservó la compostura y como toda tarea se tomó la molestia de recostarse por la pared del Cielo.
Al rato llegó una señora cuyo marido había fallecido hacía ya un buen tiempo.
-Soy viuda honrada y vengo a gozar del premio...-
-¡No hay viuda honrada!-, vociferó el que había muerto en la cruz cabeza abajo por creerse indigno de tener igual muerte que su Maestro.
La mujer estaba a punto de rumbear al infierno cuando le llamó Perú.
-Espere... Vamos a entrar...-, le prometió.
Al rato, con su caballo, su cota de malla, su espada y su escudo arribó un militar.
-Soy soldado de caballería, morí por mi patria y vengo a...-, no terminó la frase y ya San Pedro le estaba abriendo la puerta.
Perú esperó unos minutos. Y arremetió.
-Capitán de caballería murió por...-, más rápido aún fue habilitado a entrar. Detrás de él, voló la mujer.
Lo primero que hizo Perú fue sentarse en la silla de San Pedro. Cuando este intentó levantarlo le dijo que el Maestro le había autorizado.
Cuando Jesús vino a ver lo que pasaba, le confirmó a San Pedro lo que Perú invocó.
-Perú, vos todavía no sos para este lugar. Volverás a la Tierra y te pondrás a contar los granos de arena de la orilla del mar. Cuando termines tu tarea, te salvarás... La sanción que te doy es que cuando alguien recuerde en algún lugar tu caso, olvidarás lo contado y volverás a empezar de cero-, le despachó Cristo.
Es el mito de Sísifo trasladado a la cultura mestiza: algo que comienza, avanza y vuelve al principio. El eterno retorno.
Es también la historia de la democracia en el Paraguay: una historia que está en marcha, pero siempre retrocede.
La mayor parte de la culpa es de los políticos incapaces y corruptos.