Opinión

Peaky Blinders, Black Sabbath y el brexit

Blas Brítez   

La quinta temporada de la serie inglesa Peaky Blinders (estrenada en las islas británicas en agosto del año pasado; en octubre, en el resto del mundo) tributó a sus seguidores novedades que no guardan aparente relación entre sí, pero que de alguna manera son contiguas y esperables en sus apariciones: la música de Black Sabbath, en la banda sonora; el advenimiento del fascismo, en la historia. Esta —luego de mostrar en las anteriores temporadas el nacimiento y auge de un imperio del hampa, de origen étnico minoritario, casi lumpen en este caso: los gitanos— va entrando en los años treinta, mientras pesada suena War pigs (1970): una ominosa canción sobre la industria de la guerra que odia a la humanidad tanto como sus defensores políticos: los cerdos guerreristas.

Tony Iommi, Ozzy Osbourne, Geezer Butler y Bill Ward nacieron en Birmingham (la misma ciudad en la que se desarrolla la serie de la BBC), en la inmediata posguerra mundial. El fascismo había sido vencido un par de años antes, pero su recuerdo todavía era vívido. Los cuatro músicos coexistían en una ciudad obrera, en la que Iommi perdió la punta de los dedos de una mano mientras trabajaba en una fábrica; la misma en la que Ozzy tuvo su primera intoxicación etílica, mientras trabajaba en otra de sus factorías. Una ciudad que fue bombardeada ocho veces, en ocho meses, por los aviones de la Luftwaffe alemana.

Butler, bajista y letrista de la banda, compuso War pigs en el contexto de otra guerra, la de Vietnam. “No más cerdos guerreristas del poder”, escribió. Se trata, finalmente, de los mismos “cerdos” que hicieron su fulgurante aparición en esta última temporada de Peaky Blinders, irónicamente la primera que alberga canciones de Black Sabbath, cuando Birmingham suena como los riffs fabriles de Iommi y el aire de la ciudad trae la voz oscura de Ozzy.

Oswald Mosley (1896-1980) es el personaje que impulsa el fascismo totalitario en la serie (y en la historia británica). Él y sus camisas negras llegaron a tener unos cincuenta mil adherentes en los años 30. Mosley encarna la arrogancia y el racismo típicos de la ultraderecha. También la violencia. El actor que encarna a Winston Churchill le dice a Shelby (a la sazón ya decididamente politizado): “... cuando oigo hablar a ese Mosley, veo los brotes verdes de otra guerra crecer alrededor de sus pies...”.

Lo paradójico es que el político inglés murió convencido de que el rumbo que debía tomar Gran Bretaña era el de la unión política y económica con Europa. Todo lo contrario a lo que pensaba Enoch Powell (1912-1998), un culto y racista escritor y político que, como los músicos de Black Sabbath y los afilados pandilleros de Shelby, también nació en Birmingham. En un hotel de esta ciudad, en 1968 Powell pronunció su recordado discurso sobre los “ríos de sangre”, en el que citando a Virgilio deploró cómo Gran Bretaña “se inmola en su propia pira funeraria”, condenado en el futuro a ser un lugar en “donde no vale la pena vivir” a causa de los inmigrantes procedentes de los vestigios del colonialismo británico. Es sabido que Margaret Thatcher y Theresa May fueron influenciadas por el powellismo. Sin dudas, Boris Johnson también. Sobre todo en esta cresta de la ola de nacionalismo británico y de escepticismo sobre Europa.

El viejo sueño nacionalista de Powell, el de una Gran Bretaña solo para los británicos, ha comenzado a cumplirse el pasado 31 de enero, cuando se decretó la salida del Reino Unido de la estructura de la Unión Europea. Pero los nacionalismos triunfales inspiran otros nacionalismos, dentro mismo del Reino. En Irlanda y Escocia el “no al brexit” se había impuesto, pero deben acatar el voto de la mayoría, sobre todo inglesa. Lo que ha resultado en el resurgimiento radical del independentismo en aquellos países, no siempre despojado de expresiones de la misma ultraderecha fascista que propugnaron Mosley y Powell, contra la que el hampón con conciencia de clase, Tommy Shelby, se ha propuesto luchar en Peaky Blinders. Con música de Black Sabbath.

Dejá tu comentario