En un lapsus linguae, Mario Abdo de presidente nos calificó de “pillos y peajeros” porque supuestamente como país nos aprovechábamos del Brasil en el Tratado de Itaipú. Aquello casi le costó su mandato y de paso, acabó con su presidencia. Los hechos confirmaron que estaba montando un esquema para favorecer a nuestro socio del Este en un acuerdo que como siempre con ellos, nos perjudicaba. A pesar de que luego se comprobara incluso que Jair Bolsonaro como presidente mandaba espiar a los nuestros para enterarse nuestras cartas de negociación, pero a escasos días de las elecciones en el Brasil, Abdo le deseó junto con Weins las mejores suertes para su derrotado hijo Flávio Bolsonaro. Los nuestros no terminan nunca de aprender con inteligencia cuándo ni cómo apretar las teclas para favorecer los intereses nacionales.
Los peajes carreteros que se cobran, en realidad, son los más conocidos como el de la ruta PY02 con el consorcio privado administrador que casi siempre tiene una connotación de perjuicio colectivo ya cada vez que se establece el monto es para provecho de quien lo diseñó. Cada vez que paso por las casetas del peaje de Ypacaraí me recuerdo con dolor que ellas costaron 4 millones de dólares construirlas. En el Chaco, llegan a cobrar 150 mil guaraníes por transitar por rutas mantenidas por los menonitas en una clara muestra de claudicación de soberanía patria. Dirán algunos que lo hacen porque el Estado no tiene ni interés ni capacidad de hacerlo y porque alguien tiene que hacerlo.
Esa misma lógica peajera aplica la senadora tránsfuga Zenaida Delgado con sus 17 asesores y funcionarios. No tienen donde trabajar y en el Estado donde la idoneidad se proclama, pero no se ejerce, ella decidió aplicar un peaje de cada uno de los salarios de sus empleados. Se retobaron un par de ellas y la denunciaron estallando el escándalo. La nombrada por Payo Cubas para el cargo y luego transfugada al cartismo intentó contener el daño afirmando que todo era un problema de índole sexual y sentimental. El recurso a veces da resultados, pero no siempre. La bronca ciudadana se instaló contra la peajera que se vio en el mismo sendero de Chaqueñito y Yamy Nal: El abismo y la llanura. Le concedieron 7 días para preparar su defensa aunque el resultado ya está cantado. Nadie en su sano juicio podría defenderla si no pretende quedar pegado a ella y sus tropelías.
Amenazó con contar historias iguales de varios de sus colegas aunque lo más probable es que acabe renunciando antes del linchamiento público de esta semana. No me extrañaría saber que otros legisladores hagan lo mismo como tampoco me es extraño conocer que hay muchos que le aplican el mismo “peaje” a los maestros nombrados en los rubros asignados. En un ambiente de alta corrupción nada nos puede ser raro. Si los presos en una cárcel de máxima seguridad son capaces de alquilar por 70 mil dólares un espacio donde comparten en amplia camaradería las bondades de un sistema penitenciario perforado por la corrupción donde incluso con cámaras nunca se “dieron cuenta” de lo que pasaba adentro. Mínimo, el ministro de prisiones o de Justicia Nicora tiene que estar afuera. Pero eso no pasa en el país de los pillos y peajeros.
Con un Gobierno de salida y confrontado a su mentor, lo que veremos es cada día un hecho más de estas características. Se nos vienen casi dos años de una serie repetida de estos sucesos donde la competencia será sobre el tamaño y el rubro, pero claramente el ritmo del Ejecutivo de Peña será el cha-cha-chá de la corrupción. La política bailará a ese ritmo y aunque tengamos un enfoque mas municipalista a partir del martes, los directores de orquesta, los pillos y peajeros seguirán marcando el compás de una melodía decadente y degradante. Los que no puedan bailar, seguiremos pagando las consecuencias .