20 may. 2026

Paraguay y su talón de Aquiles

Venezuela, Irán, países del África. Estamos viviendo guerras del petróleo, directa o indirectamente entre los Estados Unidos y países del Asia. ¿Como Paraguay consume combustibles derivados del petróleo, y qué eso implica?

Nuestro país, con 6,7 millones de habitantes, consume entre 3,0 y 3,3 mil millones de litros de combustibles al año. La demanda está fuertemente concentrada en diésel, lo que refleja cómo funciona la economía: Transporte por carretera, logística intensiva incluida la hidrovía y un sector agropecuario con fuerte peso.

En comparación regional, Paraguay muestra un consumo relativamente alto para el tamaño de su economía. Uruguay, con 3,4 millones de habitantes, presenta niveles de consumo algo menor, en torno a 2,5 - 2,8 mil millones de litros anuales, mientras que Bolivia, con 12,5 millones de habitantes, se ubica por encima, con cifras que rondan entre 4,5 y 5,0 mil millones de litros, vale aclarar que es un país con producción local y esquemas de subsidios.

En ese contexto, el nivel de consumo en Paraguay responde a factores estructurales claros: Ausencia de un sistema ferroviario, fuerte dependencia del transporte terrestre y un sector agroexportador, maíz, soja y ganadería, que exige movimiento constante. A esto se suma su rol como un corredor logístico regional.

Paraguay no produce petróleo ni destila combustible. Las importaciones principalmente vienen desde Argentina, en menor medida desde Brasil y en menor medida Estados Unidos y Oriente Medio.

El precio y la disponibilidad se definen en el mercado internacional y en dólares, mientras que la venta está regulada y en guaraníes.

Y es ahí donde este contexto empieza a conectarse con lo que ocurre afuera.

En las últimas semanas de crecientes tensiones geopolíticas, empezó a tomar fuerza un escenario preocupante que el mundo podría estar entrando en una crisis de abastecimiento de petróleo y gas del grado de severidad de las de 1973, 1979 y 2022.

No es una mera opinión nuestra. El director de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, en entrevistas recientes, señaló que podría tratarse de “la mayor disrupción energética de la historia”.

Ahora bien, esto no es una crisis ya materializada, sino un escenario de riesgo. Es una advertencia, todo depende de cómo se desarrollen los conflictos, posibles interrupciones en rutas estratégicas –como el Estrecho de Ormuz– y restricciones en la producción de destilados, que es diferente de la oferta de petróleo y gas.

¿Por qué esto importa para Paraguay? Porque mientras todo esto ocurre afuera, la economía local sigue aumentando su consumo. Según datos publicados por el Ministerio de Industria y Comercio, en el primer bimestre de 2026, la comercialización de combustibles creció un 5,6% interanual. Esto se traduce en más movimiento, más transporte, más actividad. Todo esto es positivo mirándolo desde el lado económico.

Ante un shock internacional, que impacto veremos en lo cotidiano: El precio del combustible, el costo del flete, alimentos, etc. El impacto no es inmediato, pero es inevitable. La población urbana de Paraguay fue de 65% del total (2024), según el Banco Mundial eso equivale a aproximadamente 4,40 millones de personas viviendo en áreas urbanas. La vida urbana Paraguay se basa en dos parámetros: Transporte económico para desplazarse el ciudadano a trabajar, ya sea en industria o servicios, y acceso a alimentos, desde el supermercado a la bodega del barrio, que se ‘mueven’ gracias al gasoil.

En definitiva, no estamos frente a una crisis confirmada, sino ante un escenario de riesgo elevado. Y para economías como la de Paraguay, el punto no es solo qué tan grande puede ser el shock, sino qué tan rápido puede sentirse y cómo podríamos prevenir la crisis. Todavía estamos a tiempo. ¿Estamos?

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