Durante tres días, las tierras raras paraguayas fueron tema de conversación en la mesa diplomática. En la visita del subsecretario Christopher Landau a Asunción, entre el 19 y 21 de octubre, la empresa Uranium Energy Corp (UEC) anunció una inversión de USD 12 millones para desarrollar sus concesiones en el país.
En la misma agenda, Paraguay y Estados Unidos comunicaron el inicio de negociaciones para un Acuerdo 123, el marco legal que Washington exige para exportar tecnología y material nuclear con fines exclusivamente civiles.
Se trata del paso más importante del país en cuanto a la posibilidad de desarrollo de energía nuclear en Paraguay, un área estratégica de cara a un futuro déficit energético.
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Nuevos vientos
Si bien la inversión no proviene del gobierno estadounidense sino de UEC, el Departamento de Estado la incluyó en su hoja informativa oficial sobre la visita, junto a acuerdos de seguridad, asistencia contra el crimen organizado y una alianza empresarial entre ambas naciones para instalar infraestructura de inteligencia artificial alimentada por Itaipú.
El propio documento divulgado desde Washington apunta que la inversión estadounidense ofrece a Paraguay “una alternativa confiable y transparente al financiamiento predatorio de competidores estratégicos”, una referencia que apunta a países orientales.
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Bajo el suelo yuteño
Según indica Víctor Fernández Crosa, geólogo y gerente general de Uranium Energy Corp en Paraguay, actualmente el proyecto se encuentra en fase de explotación, aunque en una etapa incipiente aún, dedicada al estudio y análisis de terreno, previa al desarrollo.
Según el sitio web oficial de UEC, el área a explotar abarca unas 117.000 hectáreas y se ubica aproximadamente a 200 kilómetros al este y sudeste de Asunción, capital de Paraguay.
“Uranium Energy Corp, la empresa que financia y produce el proyecto, se especializa en un sistema de extracción llamado recuperación in situ (ISR, por sus siglas en inglés). Es un método muy amigable con el medio ambiente: no se generan galerías ni explosiones”, afirma.
El especialista explicó que el método de recuperación in situ (ISR) utiliza la recirculación de agua para extraer el uranio mediante filtrado y devolver el subsuelo a sus condiciones iniciales, garantizando un proceso controlado y un impacto ambiental mínimo en el paisaje.
Sin embargo, estudios divulgados por la Asociación Nuclear Mundial (conocida en inglés como World Nuclear Association o WNA), la organización internacional que representa a la industria nuclear global, advierte que, de encontrarse cerca de una fuente de agua dulce, podría resultar contaminante, por lo que es necesario un proceso de restauración de cada acuífero afectado.
Según el representante de la UEC, el número exacto de producción permanece indefinido y se tendrán más datos a partir de futuros estudios. Se analiza un estimado de producción de 400 toneladas de uranio al año, que, en sus palabras, se traducirían en unos 1.200 puestos de trabajo, entre directos e indirectos. “Entre regalías e impuestos, el Estado recaudaría en el orden de 10 a 17 millones de dólares al año, solamente con este proyecto”, sostuvo Fernández Crosa.
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