Rosa Laconich es una bioquímica de profesión con 46 años de trayectoria que encontró en la fotografía una forma de cultivar su aprecio por Asunción. Hoy en día cuenta con un archivo de más de 10.000 imágenes que por sí mismas cuentan una historia sobre el paso del tiempo en las distintas construcciones de la ciudad.
“Trabajaba y sigo trabajando en el Ministerio de Salud, y tenía mi laboratorio privado, que estaba frente al Hospital de Clínicas. 25 años estuve en mi laboratorio. Y se mudó el hospital y los pacientes fueron mermando. Y me sobró tiempo, mis hijos de repente crecieron, y salí a mirar la ciudad”, recuerda Rosa en una entrevista con Última Hora.
Considera que, al principio, las imágenes que lograba capturar eran “medio feítas”, pero la práctica continua le permitió alcanzar fotografías que resaltan los estilos y la presencia de casonas y edificios que marcaron la historia de la capital.
Además de salir a mirar con ojos curiosos, Rosa también estaba tras el pasado que ella atesora en su memoria. Recuerda que vivió durante mucho tiempo en la zona de Oliva, Colón y Hernandarias. “Yo me iba a las plazas a jugar, y también a las fiestas en el Sajonia, era una época de felicidad total”, dice sin dudar.
Con su hermana menor, Rosa viajaba en tranvía hasta el colegio en España y Brasil, y también usaba el tren para visitar a su abuela en la zona de la Caballería.
Como su padre era publicista, tuvo la posibilidad de participar en publicidades ambientadas, por ejemplo, en la antigua librería Campo Vía, que se ubicaba en Palma y Alberdi.
Rosa también rememora haber participado en desfiles como chirolera, en eventos dentro del Parque Caballero y en cócteles vespertirnos al ritmo de canciones de Creedence Clearwater.
CAZANDO IMAGENES. Hoy en día relata con orgullo haber “peinado” Asunción, en parte gracias a salidas matutinas y domingueras en las que solo ella y su vehículo buscaron capturar las fachadas. Con su archivo de miles de imágenes, es capaz de mantener actualizadas (como una de las administradoras) las páginas Desarrollo Arquitectónico y Urbanístico, con más de 30.000 miembros, y Fotos antiguas e historias del Paraguay, con otros 300.000 miembros y en ascenso.
Para Rosa, la arquitectura de antaño no se simplifica solo en la construcción. “Es arte. Esos balcones, adornos, las molduras que hacían eran maravillosas, parecían escudos. La cornisa, las rejas, las puertas, las ventanas. Aunque la casa de adentro fuera sencilla, la fachada era arte”, observa.
Por el mismo motivo, lamenta que hoy en día muchas casonas hayan sido abandonadas, o se hayan convertido en estacionamientos o, peor aún, en terrenos baldíos, como el que capturó en una fotografía de 2025 en Azara y Constitución.
Aplaude, sin embargo, que hoy en día se estén llevando adelante restauraciones en el área de La Recova y el Puerto, viendo en estos trabajos un cumplimiento a lo que la ciudadanía reclamaba desde hace años. “No había esperanza. ¿Cómo no voy a hallarme si eso estábamos clamando?”.
Una afición que se amplió con el tiempo y se proyecta como legado
La afición de Rosa Laconich por la fotografía no siempre tuvo como uno de sus objetivos centrales las fachadas. “Antes fotografiaba todas las puertas antiguas de Asunción, y también los portones que persisten con el paso del tiempo y van desapareciendo. Después me fui por la fachada, el zaguán” y otros elementos, recuerda y reconoce que de esta manera se fue ampliando su mirada sobre la ciudad.
Su curiosidad es naturalmente acompañada por la necesidad de saber más sobre la historia paraguaya. Ella misma se define de esta manera: “Soy bioquímica, aficionada a la fotografía, interesada en la historia”, y el deseo de conocer la lleva a investigar en libros y también en internet, donde reconoce que los registros son algo pobres.
Esta carencia es cubierta, en parte, con la ayuda de una tía suya de 80 años, “una enciclopedia viviente” que alimenta la afición de Rosa por la historia paraguaya.
“Yo le amo a Asunción por sobre todas las cosas del mundo y quiero verla bien”, dice al referirse al estado actual de las plazas a las que querría ver sobre todo más limpias, con menos basura.
UN LUGAR PARA HABITAR. Rosa tiene incluso identificada la propiedad que habitaría si el destino se la regalara: Una casona ubicada en Ayolas casi Oliva, a la que, pese a su estado de deterioro, destaca por la ventana “ojo de buey” en forma de pétalos con la que se presenta. El lugar además está ubicado en un espacio en el que vivió y fue feliz.
Asunción vive en su memoria como un espacio de caminatas seguras, de ricas cenas en el Lido Bar y también maratones de películas en los cines que funcionaron con éxito a finales de los setenta y en la década de los ochenta.
“Era una fiesta, una época en la que jamás íbamos a pensar que nos iban a asaltar o algo por el estilo”, evoca al hablar de las tardes que vivió junto a su familia en esta parte de la ciudad.
Con tanta memoria retratada a lo largo de los años en distintos parajes de Asunción, Rosa desea en algún momento publicar un álbum.
“Lo que yo quiero es que se impriman mis fotos como álbum gráfico. Y que se quede eso como un recuerdo de cómo estuvo Asunción antes y ahora”, asegura.
Un material que cuente además con la ayuda de un periodista o historiador que acompañe a las fotografías con las historias de las casonas, como un legado para quienes busquen conocer las historias tras las paredes.
“Yo le amo a Asunción por sobre todas las cosas del mundo y quiero verla bien”. Rosa Laconich, bioquímica y fotógrafa aficionada.